2 dic 2023

La observancia del sábado


El Salvador guardaba el sábado, y enseñó a sus discípulos que lo guardaran. Sabía de qué manera debía ser observado, pues él mismo lo había santificado. 

La Sagrada Escritura dice: “Acordarte has del día del sábado, para santificarlo.” “El séptimo día será Sábado a Jehová tu Dios.” “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó: por tanto Jehová bendijo el día del Sábado, y lo santificó.” Éxodo 20:8, 10, 11; 31:16, 17, Versión Valera de la S. B

Cristo obró con su Padre en la creación de la tierra, y fué él quien hizo el sábado, pues las Santas Escrituras dicen que “todas las cosas por medio de él fueron hechas.” Juan 1:3. 

Cuando miramos el sol y las estrellas, los árboles y las hermosas flores, debemos recordar que fué Cristo quien hizo todo esto. El hizo el sábado para ayudarnos a rememorar su amor y su poder. 

Los doctores de los judíos habían establecido muchas reglas respecto a la manera de observar el sábado, y querían que todos obedecieran sus mandamientos. Así que acechaban al Salvador para ver lo que él haría. 

Un sábado, mientras regresaba de la sinagoga, Cristo y sus discípulos pasaban por un campo de trigo. Como era tarde y los discípulos tenían hambre, arrancaron algunas espigas, las restregaron entre sus manos y se pusieron a comer los granos. 

En cualquier otro día, a toda persona que pasaba por un sembrado o huerto le era permitido tomar lo que quería comer. Pero no era así en día sábado. Los enemigos de Cristo vieron lo que los discípulos estaban haciendo, y dijeron al Salvador: 

“¡Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el sábado!” Mateo 12:2. 

Pero Jesús los defendió. Recordó a sus acusadores el caso de David, quien, teniendo necesidad, comió del pan sagrado del tabernáculo y diólo también a sus compañeros hambrientos. 

Si David pudo hacer tal cosa sin culpabilidad, ¿no podían los discípulos arrancar en las horas sagradas del sábado el grano que necesitaban para satisfacer su hambre?

El sábado no fué hecho para gravamen del hombre. Su objeto fué darle paz y descanso. Por eso nuestro Señor dijo: “El sábado fué hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado.” Marcos 2:27.

“Aconteció también en otro sábado, que entró en la sinagoga y enseñaba: y había allí un hombre que tenía seca la mano derecha. 

“Y los escribas y los fariseos le estaban acechando, por ver si le sanaría en el sábado, a fin de hallar cómo podían acusarle. 

“Mas él conocía sus pensamientos, y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, poniéndose en pie, se estuvo esperando. 

“Jesús entonces les dijo: Yo os pregunto. ¿Es lícito en el sábado hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o destruirla?

“Y mirándolos a todos en derredor, le dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así: y su mano le fué restaurada. 

“Mas ellos se llenaron de rabia, y conferenciaban entre sí de lo que pudieran hacer a Jesús.” Lucas 6:6-9, 11.

Jesús les demostró cuán poco razonables eran mediante esta pregunta: “¿Qué hombre habría de vosotros, que tenga una sola oveja, el cual, si ella cayere en un hoyo en día de sábado, no le echará mano y la sacará?” 

No pudieron ellos responder. Y en seguida él les dijo: “Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? así que es lícito hacer bien en día de sábado.” Mateo 12:11

“Es lícito.” Es decir: está en conformidad con la ley. Jesús no reprendió a los judíos porque reverenciaban la ley de Dios, o porque guardaban el sábado. Por el contrario, siempre apoyó la ley en todas sus partes. 

Isaías profetizó acerca de Cristo: “Engrandece la ley, y la hace honorable.” Isaías 42:21. Engrandecer quiere decir magnificar, ensanchar, elevar a una posición superior. 

Cristo magnificó la ley mostrando el significado admirable que tenía cada parte de ella. Enseñó que debe ser obedecida no sólo con las acciones que los hombres ven, sino también con los pensamientos que sólo Dios conoce. CNS 60.8

A quienes declaraban que Jesús había venido a abolir la ley, él dijo: “No penséis que vine a invalidar la Ley, o los Profetas: no vine a invalidar, sino a cumplir.” Mateo 5:17. 

Cumplir quiere decir guardar, observar, respetar. Véase Santiago 2:8. Por esto cuando Cristo vino para ser bautizado por Juan, le dijo: “Porque así nos conviene cumplir toda justicia.” Mateo 3:15. Cumplir la ley es obedecerla perfectamente. 

La ley de Dios no puede cambiar jamás, pues Cristo dijo: “Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni un tilde pasará de la ley, hasta que el todo sea cumplido.” Mateo 5:18. 

Cuando Cristo preguntó: “¿Es lícito en el sábado hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida o destruírla?” demostró que podía leer en los corazones de los malvados fariseos que le acusaban. 

Mientras él trataba de salvar vidas curando a los enfermos, ellos trataban de destruír la suya condenándole a muerte. ¿Qué era mejor, matar en sábado, como ellos intentaban hacerlo, o sanar a los enfermos como él había hecho? 

¿Era acaso mejor abrigar intenciones homicidas en el día santo de Dios, que tener el corazón lleno de amor para con todos los hombres, de un amor que se expresaba en obras de bondad y misericordia? 

Muchas veces acusaron los judíos a Jesús de que quebrantaba el sábado. Muchas veces procuraron matarle porque no guardaba el sábado conforme a las tradiciones de ellos. Pero a él nada le importaba, y guardaba el sábado tal como Dios quería que se lo guardase.

En Jerusalén, había un estanque llamado de Betesda. En ciertos momentos el agua se enturbiaba; la gente creía que un ángel del Señor descendía allí para revolver el agua; y que el primero que entraba en ella después que fuera agitada “quedaba sano de cualquiera enfermedad que tuviese.” 

Muchos iban al estanque con la esperanza de sanar, pero la mayoría de ellos eran defraudados en sus esperanzas. Cuando las aguas eran revueltas, los enfermos eran tantos que muchos no podían llegar siquiera a la orilla del estanque.

Un sábado Jesús llegó a Betesda. Su corazón se llenó de compasión al ver allí a los pobres enfermos. 

Un hombre parecía estar en peor condición que los demás. Hacía treinta y ocho años que estaba imposibilitado. Ningún médico había podido curarlo. Muchas veces le habían llevado a Betesda, pero siempre alguien entraba en el agua antes que él cuando ésta era movida. 

Aquel sábado el pobre hombre había tratado una vez más de llegar al estanque, pero en vano. Jesús le vió mientras volvía arrastrándose hacia la estera que constituía su lecho. Sus fuerzas se habían agotado y a no ser que le llegara pronto auxilio iba a morir. 

Mientras yacía allí mirando de vez en cuando al estanque, un rostro que reflejaba amor se inclinó sobre él, y oyó una voz que le decía: “¿Quieres ser sano?” 

El enfermo respondió tristemente: “Señor, no tengo quien me meta en el estanque, cuando el agua fuere revuelta; y así mientras yo voy, otro baja antes que yo.” 

No sabía aquel desdichado que delante de él estaba Uno que tenía poder para sanar no sólo a un enfermo sino a todos los que acudieran a él. Jesús le dijo: “Levántate, alza tu lecho, y anda.” 

En el acto trató el hombre de obedecer al mandato, y la fuerza le volvió. De un salto se puso en pie, y comprobó que podía andar. ¡Cuánto gozo sintió! 

Alzó su lecho y se fué apresuradamente, alabando a Dios a cada paso. 

Pronto encontró a algunos fariseos, a quienes les contó su maravillosa curación. No parecían ellos celebrar el hecho, sino que por el contrario le reprendieron porque cargaba su lecho en sábado. Pero el hombre les contestó: “Aquel que me sanó, él mismo me dijo: Alza tu lecho, y anda.” Juan 5:1-11. 

Disculparon entonces al que había sido sanado, pero censuraron al que se había atrevido a mandarle que llevara su lecho en sábado. 

En Jerusalén, donde Jesús estaba a la sazón, vivían muchos rabinos instruídos. Allí era donde enseñaban al pueblo sus falsas ideas respecto al sábado. Muchísimos venían al templo para adorar, y así las enseñanzas de los rabinos se extendían por doquiera. Cristo deseaba corregir esos errores, y con tal fin sanó al hombre en sábado y le mandó que llevara su camilla. Sabía que esto llamaría la atención de los rabinos, y le daría oportunidad para instruírlos. Y así fué. Los fariseos llevaron a Cristo ante el Sanedrín, que era el principal tribunal de los judíos, para que respondiera al cargo de que profanaba el sábado. CNS 63.5

El Salvador les declaró que su acción estaba en armonía con la ley del sábado. Concordaba con la voluntad y la obra de Dios. “Mi Padre hasta ahora obra,” dijo, “y yo obro.” Juan 5:17. 

Dios obra de continuo sosteniendo a todos los seres vivientes. ¿Acaso podía su obra cesar el sábado? ¿Debe el Señor prohibir al sol que caliente la tierra y nutra la vegetación?

¿Deberían los arroyos dejar de regar los campos, y las ondas de la mar suspender sus movimientos? ¿Deben acaso el trigo y el maíz, los árboles y las flores dejar de crecer, brotar y florecer en día sábado? 

Si así aconteciera, el hombre echaría de menos los frutos de la tierra y los bienes que sostienen la vida. La naturaleza debe proseguir su obra, o de lo contrario el hombre moriría. El hombre también tiene su obra que hacer en ese día. Tiene que atender a las exigencias de la vida, cuidar a los enfermos y satisfacer las necesidades de los indigentes. Dios no quiere que ninguna de sus criaturas sufra por una hora siquiera un dolor que pueda ser aliviado en sábado o en cualquier otro día. 

La obra del cielo no se detiene nunca y nosotros no debemos cesar de hacer bien. La ley del sábado nos prohibe que hagamos nuestro propio trabajo en el día de reposo de Jehová. La labor de ganarse la vida debe suspenderse; ningún quehacer que tenga por objeto la consecución de placeres o provechos mundanos resulta lícito. Mas el sábado no debe pasarse en inútil ociosidad. Como Dios suspendió su obra de la creación y reposó el sábado, así también debemos nosotros descansar. El nos manda que dejemos a un lado nuestras ocupaciones diarias y que dediquemos esas horas sagradas al reposo saludable, al culto y a obras de santidad. CNS 64.4

  

29 nov 2023

Fuerza para el tiempo de angustia


En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Daniel 12:1. 

Al acercarse los miembros del cuerpo de Cristo al período de su último conflicto, al “tiempo de angustia de Jacob”, crecerán en Cristo y participarán en gran medida de su Espíritu. Al crecer el tercer mensaje hasta ser un fuerte pregón, cuando acompañe a la obra final un gran poder y gloria, los hijos de Dios participarán de aquella gloria. La lluvia tardía será lo que los fortalecerá y reavivará para atravesar el tiempo de angustia. Sus rostros resplandecerán con la gloria de aquella luz que acompaña al tercer ángel. 

Vi que Dios preservará de manera maravillosa a su pueblo durante el tiempo de angustia. Así como Jesús oró con toda la agonía de su alma en el huerto, ellos clamarán con fervor y agonía día y noche para obtener libramiento. Se proclamará el decreto de que deben despreciar el sábado del cuarto mandamiento, y honrar el primer día, o perder la vida. Pero ellos no cederán, ni pisotearán el sábado del Señor para honrar una institución del papado. Los rodearán las huestes de Satanás, y los hombres perversos, para alegrarse de su suerte, porque no parecerá haber para ellos medio de escapar. Pero en medio de las orgías y el triunfo de aquéllos, se oirá el estruendo ensordecedor del trueno más formidable. Los cielos se habrán ennegrecido, y estarán iluminados únicamente por la deslumbrante y terrible gloria del cielo, cuando Dios deje oír su voz desde su santa morada. 

Los cimientos de la tierra temblarán; los edificios vacilarán y caerán con espantoso fragor. El mar hervirá como una olla, y toda la tierra será terriblemente conmovida. El cautiverio de los justos se cambiará, y con suave y solemne susurro se dirán unos a otros: “Somos librados; es la voz de Dios”. Con solemne asombro escucharán las palabras de la voz.—Joyas de los Testimonios 1:131, 132,

  

11 nov 2023

Perfección por los méritos de Cristo


Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Mateo 5:48. 


Cristo presenta delante de nosotros la más alta perfección del carácter cristiano, que deberíamos procurar alcanzar durante toda la vida. Pablo escribe acerca de esta perfección: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo...Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús...”. Filipenses 3:12-15. Como podemos alcanzar la perfección especificada por nuestro Señor y Salvador Jesucristo: nuestro gran Maestro?

 ¿Podemos hacer frente a sus requisitos y alcanzar una norma tan elevada? Podemos, pues de lo contrario Cristo no nos lo hubiera ordenado. Él es nuestra justicia. En su humanidad, ha ido delante de nosotros y ha efectuado para nosotros la perfección del carácter. 

Hemos de tener la fe en él que obra por el amor y purifica el alma. La perfección del carácter se basa en lo que Cristo es para nosotros. 

Si dependemos constantemente de los méritos de nuestro Salvador, y seguimos en sus pisadas, seremos como él, puros e incontaminados. Nuestro Salvador no requiere lo imposible de ninguna alma.No espera nada de sus discípulos que no esté dispuesto a darles gracia y fortaleza para realiza. No les pediría que fueran perfectos, si junto con su orden no les concediera toda perfección de gracia a aquellos sobre los que confiere un privilegio tan elevado y santo.os ha asegurado que está más dispuesto a dar el Espíritu Santo a los que lo piden, que los padres a dar buenas dádivas a sus hijos. 

Nuestra obra es esforzarnos para alcanzar, en nuestra esfera de acción, la perfección que Cristo en su vida terrenal alcanzó en cada esfera del carácter. Él es nuestro ejemplo.

En todas las cosas, hemos de esforzarnos para honrar a Dios en carácter. Al no alcanzar, día tras día, los requerimientos divinos, estamos poniendo en peligro la salvación de nuestra propia alma. 


 White G Elena, A Fin de Conocerle.


21 oct 2023

Seguridad eterna


Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre. Zacarías 14:9. 



El gran plan de la redención dará por resultado el completo restablecimiento del favor de Dios para el mundo. Será restaurado todo lo que se perdió a causa del pecado. No sólo el hombre, sino también la tierra será redimida, para que sea la morada eterna de los obedientes. Durante seis mil años, Satanás luchó por mantener la posesión de la tierra. Pero se cumplirá el propósito original de Dios al crearla. “Tomarán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre”. Daniel 7:18. 

“Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová”. Salmos 113:3... Los sagrados estatutos que Satanás ha odiado y ha tratado de destruir, serán honrados en todo el universo inmaculado.

Por medio de la obra redentora de Cristo, el gobierno de Dios queda justificado. El Omnipotente es dado a conocer como el Dios de amor. Las acusaciones de Satanás quedan refutadas y su carácter desenmascarado. La rebelión no podrá nunca volverse a levantar. El pecado no podrá nunca volver a entrar en el universo. A través de las edades eternas, todos estarán seguros contra la apostasía. Por el sacrificio abnegado del amor, los habitantes de la tierra y del cielo quedarán ligados a su Creador con vínculos de unión indisoluble.

Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia de Dios. La tierra misma, el campo que Satanás reclama como suyo, ha de quedar no sólo redimida, sino exaltada. Nuestro pequeño mundo, que es bajo la maldición del pecado la única mancha oscura de su gloriosa creación, será honrado por encima de todos los demás mundos en el universo de Dios. Aquí, donde el Hijo de Dios habitó en forma humana; donde el Rey de gloria vivió, sufrió y murió; aquí, cuando renueve todas las cosas, estará el tabernáculo de Dios con los hombres, “morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”. Apocalipsis 21:3. Y a través de las edades sin fin, mientras los redimidos anden en la luz del Señor, lo alabarán por su Don inefable: Emmanuel: “Dios con nosotros”.84 MSV76 370.5

 

23 sept 2023

Los Estados Unidos en la profecía


“Fue abierto el templo de Dios en el cielo, y fué vista en su templo el arca de su pacto.” Apocalipsis 11:19



 El arca del pacto de Dios está en el lugar santísimo, en el segundo departamento del santuario. En el servicio del tabernáculo terrenal, que servía “de mera representación y sombra de las cosas celestiales,” este departamento sólo se abría en el gran día de las expiaciones para la purificación del santuario. Por consiguiente, la proclamación de que el templo de Dios fué abierto en el cielo y fué vista el arca de su pacto, indica que el lugar santísimo del santuario celestial fué abierto en 1844, cuando Cristo entró en él para consumar la obra final de la expiación. Los que por fe siguieron a su gran Sumo Sacerdote cuando dió principio a su ministerio en el lugar santísimo, contemplaron el arca de su pacto. Habiendo estudiado el asunto del santuario, llegaron a entender el cambio que se había realizado en el ministerio del Salvador, y vieron que éste estaba entonces oficiando como intercesor ante el arca de Dios, y ofrecía su sangre en favor de los pecadores. 

El arca que estaba en el tabernáculo terrenal contenía las dos tablas de piedra, en que estaban inscritos los preceptos de la ley de Dios. El arca era un mero receptáculo de las tablas de la ley, y era esta ley divina la que le daba su valor y su carácter sagrado a aquélla. Cuando fué abierto el templo de Dios en el cielo, se vió el arca de su pacto. En el lugar santísimo, en el santuario celestial, es donde se encuentra inviolablemente encerrada la ley divina—la ley promulgada por el mismo Dios entre los truenos del Sinaí y escrita con su propio dedo en las tablas de piedra.

La ley de Dios que se encuentra en el santuario celestial es el gran original del que los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco eran copia exacta. Los que llegaron a comprender este punto importante fueron inducidos a reconocer el carácter sagrado e invariable de la ley divina. Comprendieron mejor que nunca la fuerza de las palabras del Salvador: “Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni un tilde pasará de la ley.” Mateo 5:18 (VM). Como la ley de Dios es una revelación de su voluntad, un trasunto de su carácter, debe permanecer para siempre “como testigo fiel en el cielo.” Ni un mandamiento ha sido anulado; ni un punto ni un tilde han sido cambiados. Dice el salmista: “¡Hasta la eternidad, oh Jehová, tu palabra permanece en el cielo!” “Seguros son todos sus preceptos; establecidos para siempre jamás.” Salmos 119:89; 111:7, 8 (VM). 

En el corazón mismo del Decálogo se encuentra el cuarto mandamiento, tal cual fué proclamado originalmente: “Acordarte has del día del Sábado, para santificarlo. Seis días trabajarás, harás toda tu obra; mas el séptimo día será Sábado a Jehová tu Dios: no hagas obra ninguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija; ni tu siervo, ni tu criada; ni tu bestia, ni tu extranjero, que está dentro de tus puertas: porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó: por tanto Jehová bendijo el día del Sábado, y lo santificó.” Éxodo 20:8-11 (V. Valera). 

El Espíritu de Dios obró en los corazones de esos cristianos que estudiaban su Palabra, y quedaron convencidos de que, sin saberlo, habían transgredido este precepto al despreciar el día de descanso del Creador. Empezaron a examinar las razones por las cuales se guardaba el primer día de la semana en lugar del día que Dios había santificado. No pudieron encontrar en las Sagradas Escrituras prueba alguna de que el cuarto mandamiento hubiese sido abolido o de que el día de reposo hubiese cambiado; la bendición que desde un principio santificaba el séptimo día no había sido nunca revocada. Habían procurado honradamente conocer y hacer la voluntad de Dios; al reconocerse entonces transgresores de la ley divina, sus corazones se llenaron de pena, y manifestaron su lealtad hacia Dios guardando su santo sábado. 

Se hizo cuanto se pudo por conmover su fe. Nadie podía dejar de ver que si el santuario terrenal era una figura o modelo del celestial, la ley depositada en el arca en la tierra era exacto trasunto de la ley encerrada en el arca del cielo; y que aceptar la verdad relativa al santuario celestial envolvía el reconocimiento de las exigencias de la ley de Dios y la obligación de guardar el sábado del cuarto mandamiento. En esto estribaba el secreto de la oposición violenta y resuelta que se le hizo a la exposición armoniosa de las Escrituras que revelaban el servicio desempeñado por Cristo en el santuario celestial. Los hombres trataron de cerrar la puerta que Dios había abierto y de abrir la que él había cerrado. Pero “el que abre, y ninguno cierra; y cierra, y ninguno abre,” había declarado: “He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie podrá cerrar.” Apocalipsis 3:7, 8 (VM). Cristo había abierto la puerta, o ministerio, del lugar santísimo, la luz brillaba desde la puerta abierta del santuario celestial, y se vió que el cuarto mandamiento estaba incluido en la ley allí encerrada; lo que Dios había establecido, nadie podía derribarlo. 

Los que habían aceptado la luz referente a la mediación de Cristo y a la perpetuidad de la ley de Dios, encontraron que éstas eran las verdades presentadas en el capítulo 14 del Apocalipsis. Los mensajes de este capítulo constituyen una triple amonestación (véase el Apéndice, nota 8), que debe servir para preparar a los habitantes de la tierra para la segunda venida del Señor. La declaración: “Ha llegado la hora de su juicio,” indica la obra final de la actuación de Cristo para la salvación de los hombres. Proclama una verdad que debe seguir siendo proclamada hasta el fin de la intercesión del Salvador y su regreso a la tierra para llevar a su pueblo consigo. La obra delíuicio que empezó en 1844 debe proseguirse hasta que sean falladas las causas de todos los hombres, tanto de los vivos como de los muertos; de aquí que deba extenderse hasta el fin del tiempo de gracia concedido a la humanidad. Y para que los hombres estén debidamente preparados para subsistir en el juicio, el mensaje les manda: “¡Temed a Dios y dadle gloria,” “y adorad al que hizo el cielo y la tierra, y el mar y las fuentes de agua!” El resultado de la aceptación de estos mensajes está indicado en las palabras: “En esto está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús.” Para subsistir ante el juicio tiene el hombre que guardar la ley de Dios. Esta ley será la piedra de toque en el juicio. El apóstol Pablo declara: “Cuantos han pecado bajo la ley, por la ley serán juzgados; ... en el día en que juzgará Dios las obras más ocultas de los hombres ... por medio de Jesucristo.” Y dice que “los que cumplen la ley serán justificados.” Romanos 2:12-16 (VM). La fe es esencial para guardar la ley de Dios; pues “sin fe es imposible agradarle.” Y “todo lo que no es de fe, es pecado.” Hebreos 11:6 (VM); Romanos 14:23. 

El primer ángel exhorta a los hombres a que teman al Señor y le den honra y a que le adoren como Creador del cielo y de la tierra. Para poder hacerlo, deben obedecer su ley. El sabio dice: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es la suma del deber humano.” Eclesiastés 12:13 (VM). Sin obediencia a sus mandamientos, ninguna adoración puede agradar a Dios. “Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos.” “El que aparte sus oídos para no escuchar la ley, verá que su oración misma es cosa abominable.” 1 Juan 5:3; Proverbios 28:9 (VM). 

El deber de adorar a Dios estriba en la circunstancia de que él es el Creador, y que a él es a quien todos los demás seres deben su existencia. Y cada vez que la Biblia presenta el derecho de Jehová a nuestra reverencia y adoración con preferencia a los dioses de los paganos, menciona las pruebas de su poder creador. “Todos los dioses de los pueblos son ídolos; mas Jehová hizo los cielos.” Salmos 96:5. “¿ A quién pues me compararéis, para que yo sea como él? dice el Santo. ¡Levantad hacia arriba vuestros ojos, y ved! ¿Quién creó aquellos cuerpos celestes?” “Así dice Jehová, Creador de los cielos (él solo es Dios), el que formó la tierra y la hizo; ... ¡Yo soy Jehová, y no hay otro Dios!” Isaías 40:25, 26; 45:18 (VM). Dice el salmista: “Reconoced que Jehová él es Dios: él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos.” “¡Venid, postrémonos, y encorvémonos; arrodillémonos ante Jehová nuestro Hacedor!” Salmos 100:3; 95:6 (VM). Y los santos que adoran a Dios en el cielo dan como razón del homenaje que le deben: “¡Digno eres tú, Señor nuestro y Dios nuestro, de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas!” Apocalipsis 4:11 (VM). 

En el capítulo 14 del Apocalipsis se exhorta a los hombres a que adoren al Creador, y la profecía expone a la vista una clase de personas que, como resultado del triple mensaje, guardan los mandamientos de Dios. Uno de estos mandamientos señala directamente a Dios como Creador. El cuarto precepto declara: “El séptimo día será Sábado a Jehová tu Dios: ... porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó; por tanto Jehová bendijo el día del Sábado, y lo santificó.” Éxodo 20:10, 11 (V. Valera). Respecto al sábado, el Señor dice además, que será una “señal ... para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios.” (Ezequiel 20:20, Id.) Y la razón aducida es: “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó.” Éxodo 31:17. 

“La importancia del sábado, como institución conmemorativa de la creación, consiste en que recuerda siempre la verdadera razón por la cual se debe adorar a Dios,”—porque él es el Creador, y nosotros somos sus criaturas. “Por consiguiente, el sábado forma parte del fundamento mismo del culto divino, pues enseña esta gran verdad del modo más contundente, como no lo hace ninguna otra institución. El verdadero motivo del culto divino, no tan sólo del que se tributa en el séptimo día, sino de toda adoración, reside en la distinción existente entre el Creador y sus criaturas. Este hecho capital no perderá nunca su importancia ni debe caer nunca en el olvido.”—J. N. Andrews, History of the Sabbath, cap. 27. Por eso, es decir, para que esta verdad no se borrara nunca de la mente de los hombres, instituyó Dios el sábado en el Edén y mientras el ser él nuestro Creador siga siendo motivo para que le adoremos, el sábado seguirá siendo señal conmemorativa de ello. Si el sábado se hubiese observado universalmente, los pensamientos e inclinaciones de los hombres se habrían dirigido hacia el Creador como objeto de reverencia y adoración, y nunca habría habido un idólatra, un ateo, o un incrédulo. La observancia del sábado es señal de lealtad al verdadero Dios, “que hizo el cielo y la tierra, y el mar y las fuentes de agua.” Resulta pues que el mensaje que manda a los hombres adorar a Dios y guardar sus mandamientos, los ha de invitar especialmente a observar el cuarto mandamiento. 

En contraposición con los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús, el tercer ángel señala otra clase de seres humanos contra cuyos errores va dirigido solemne y terrible aviso: “¡Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en su frente, o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios!” Apocalipsis 14:9, 10 (VM). Para comprender este mensaje hay que interpretar correctamente sus símbolos. ¿Qué representan la bestia, la imagen, la marca? 

La ilación profética en la que se encuentran estos símbolos empieza en el capítulo 12 del Apocalipsis, con el dragón que trató de destruir a Cristo cuando nació. En dicho capítulo vemos que el dragón es Satanás (Apocalipsis 12:9); fué él quien indujo a Herodes a procurar la muerte del Salvador. Pero el agente principal de Satanás al guerrear contra Cristo y su pueblo durante los primeros siglos de la era cristiana, fué el Imperio Romano, en el cual prevalecía la religión pagana. Así que si bien el dragón representa primero a Satanás, en sentido derivado es un símbolo de la Roma pagana. 

En el capítulo 13 [(versículos 1-10, VM)] se describe otra bestia, “parecida a un leopardo,” a la cual el dragón dió “su poder y su trono, y grande autoridad.” Este símbolo, como lo han creído la mayoría de los protestantes, representa al papado, el cual heredó el poder y la autoridad del antiguo Imperio Romano. Se dice de la bestia parecida a un leopardo: “Le fué dada una boca que hablaba cosas grandes, y blasfemias... Y abrió su boca para decir blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su tabernáculo, y a los que habitan en el cielo. Y le fué permitido hacer guerra contra los santos, y vencerlos: y le fué dada autoridad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nación.” Esta profecía, que es casi la misma que la descripción del cuerno pequeño en (Daniel 7), se refiere sin duda al papado. 

“Le fué dada autoridad para hacer sus obras cuarenta y dos meses.” Y dice el profeta: “Vi una de sus cabezas como si hubiese sido herida de muerte.” Y además: “Si alguno lleva en cautiverio, al cautiverio irá; si alguno mata con espada, es preciso que él sea muerto a espada.” Los cuarenta y dos meses son lo mismo que “un tiempo, y dos tiempos, y la mitad de un tiempo,” tres años y medio, o 1.260 días de Daniel 7, el tiempo durante el cual el poder papal debía oprimir al pueblo de Dios. Este período, como fué indicado en capítulos anteriores, empezó con la supremacía del papado, en el año 538 de J. C, y terminó en 1798. Entonces, el papa fué hecho prisionero por el ejército francés, el poder papal recibió su golpe mortal y quedó cumplida la predicción: “Si alguno lleva en cautiverio, al cautiverio irá.” 

Y aquí preséntase otro símbolo. El profeta dice: “Vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero.” Apocalipsis 13:11. Tanto el aspecto de esta bestia como el modo en que sube indican que la nación que representa difiere de las representadas en los símbolos anteriores. Los grandes reinos que han gobernado al mundo le fueron presentados al profeta Daniel en forma de fieras, que surgían mientras “los cuatro vientos del cielo combatían en la gran mar.” Daniel 7:2. En Apocalipsis 17, un ángel explicó que las aguas representan “pueblos y naciones y lenguas.” Apocalipsis 17:15. Los vientos simbolizan luchas. Los cuatro vientos del cielo que combatían en la gran mar representan los terribles dramas de conquista y revolución por los cuales los reinos alcanzaron el poder.

Pero la bestia con cuernos semejantes a los de un cordero “subía de la tierra.” En lugar de derribar a otras potencias para establecerse, la nación así representada debe subir en territorio hasta entonces desocupado, y crecer gradual y pacíficamente. No podía, pues, subir entre las naciones populosas y belicosas del viejo mundo, ese mar turbulento de “pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas.” Hay que buscarla en el continente occidental. 

¿Cuál era en 1798 la nación del nuevo mundo cuyo poder estuviera entonces desarrollándose, de modo que se anunciara como nación fuerte y grande, capaz de llamar la atención del mundo? La aplicación del símbolo no admite duda alguna. Una nación, y sólo una, responde a los datos y rasgos característicos de esta profecía; no hay duda de que se trata aquí de los Estados Unidos de Norteamérica. Una y otra vez el pensamiento y los términos del autor sagrado han sido empleados inconscientemente por los oradores e historiadores al describir el nacimiento y crecimiento de esta nación. El profeta vió que la bestia “subía de la tierra;” y, según los traductores, la palabra dada aquí por “subía” significa literalmente “crecía o brotaba como una planta.” Y, como ya lo vimos, la nación debe nacer en territorio hasta entonces desocupado. Un escritor notable, al describir el desarrollo de los Estados Unidos, habla del “misterio de su desarrollo de la nada” y dice: “Como silenciosa semilla crecimos hasta llegar a ser un imperio.”—[G. A. Townsend, The New Compared with the Old, 462.] Un periódico europeo habló en 1850 de los Estados Unidos como de un imperio maravilloso, que surgía y que “ en el silencio de la tierra crecía constantemente en poder y gloria.” —[Dublin Nation]. Eduardo Everett, en un discurso acerca de los peregrinos, fundadores de esta nación, dijo: “¿Buscaron un lugar retirado que por su obscuridad resultara inofensivo y seguro en su aislamiento, donde la pequeña iglesia de Leyden pudiese tener libertad de conciencia? ¡He aquí las inmensas regiones sobre las cuales, en pacífica conquista, ... han plantado los estandartes de la cruz!”—Discurso pronunciado en Plymouth, Massachusetts, el 22 de diciembre de 1824. 

“Y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero.” Los cuernos semejantes a los de un cordero representan juventud, inocencia y mansedumbre, rasgos del carácter de los Estados Unidos cuando el profeta vió que esa nación “subía” en 1798. Entre los primeros expatriados cristianos que huyeron a América en busca de asilo contra la opresión real y la intolerancia sacerdotal, hubo muchos que resolvieron establecer un gobierno sobre el amplio fundamento de la libertad civil y religiosa. Sus convicciones hallaron cabida en la declaración de la independencia que hace resaltar la gran verdad de que “todos los hombres son creados iguales,” y poseen derechos inalienables a la “vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.” Y la Constitución garantiza al pueblo el derecho de gobernarse a sí mismo, y establece que los representantes elegidos por el voto popular promulguen las leyes y las hagan cumplir. Además, fué otorgada la libertad religiosa, y a cada cual se le permitió adorar a Dios según los dictados de su conciencia. El republicanismo y el protestantismo vinieron a ser los principios fundamentales de la nación. Estos principios son el secreto de su poder y de su prosperidad. Los oprimidos y pisoteados de toda la cristiandad se han dirigido a este país con afán y esperanza. Millones han fondeado en sus playas, y los Estados Unidos han llegado a ocupar un puesto entre las naciones más poderosas de la tierra.

Pero la bestia que tenía cuernos como un cordero “hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en su presencia. Y hace que la tierra y los que en ella habitan, adoren a la bestia primera, cuya herida mortal fué sanada ... diciendo a los que habitan sobre la tierra, que hagan una imagen de la bestia que recibió el golpe de espada, y sin embargo vivió.” Apocalipsis 13:11-14 (VM). 

Los cuernos como de cordero y la voz de dragón del símbolo indican una extraña contradicción entre lo que profesa ser y lo que práctica la nación así representada. El “hablar” de la nación son los actos de sus autoridades legislativas y judiciales. Por esos actos la nación desmentirá los principios liberales y pacíficos que expresó como fundamento de su política. La predicción de que hablará “como dragón” y ejercerá “toda la autoridad de la primera bestia,” anuncia claramente el desarrollo del espíritu de intolerancia y persecución de que tantas pruebas dieran las naciones representadas por el dragón y la bestia semejante al leopardo. Y la declaración de que la bestia con dos cuernos “hace que la tierra y los que en ella habitan, adoren a la bestia primera,” indica que la autoridad de esta nación será empleada para imponer alguna observancia en homenaje al papado.

Semejante actitud sería abiertamente contraria a los principios de este gobierno, al genio de sus instituciones libres, a los claros y solemnes reconocimientos contenidos en la declaración de la independencia, y contrarios finalmente a la constitución. Los fundadores de la nación procuraron con acierto que la iglesia no pudiera hacer uso del poder civil, con los consabidos e inevitables resultados: la intolerancia y la persecución. La constitución garantiza que “el congreso no legislará con respecto al establecimiento de una religión ni prohibirá el libre ejercicio de ella,” y que “ninguna manifestación religiosa será jamás requerida como condición de aptitud para ninguna función o cargo público en los Estados Unidos.” Sólo en flagrante violación de estas garantías de la libertad de la nación, es cómo se puede imponer por la autoridad civil la observancia de cualquier deber religioso. Pero la inconsecuencia de tal procedimiento no es mayor que lo representado por el símbolo. Es la bestia con cuernos semejantes a los de un cordero—que profesa ser pura, mansa, inofensiva—y que habla como un dragón. 

“Diciendo a los que habitan sobre la tierra, que hagan una imagen de la bestia.” Aquí tenemos presentada a las claras una forma de gobierno en el cual el poder legislativo descansa en el pueblo, y ello prueba que los Estados Unidos de Norteamérica constituyen la nación señalada por la profecía. 

¿Pero qué es la “imagen de la bestia”? ¿Y cómo se la formará? La imagen es hecha por la bestia de dos cuernos y es una imagen de la primera bestia. Así que para saber a qué se asemeja la imagen y cómo será formada, debemos estudiar los rasgos característicos de la misma bestia: el papado. 

Cuando la iglesia primitiva se corrompió al apartarse de la sencillez del Evangelio y al aceptar costumbres y ritos paganos, perdió el Espíritu y el poder de Dios; y para dominar las conciencias buscó el apoyo del poder civil. El resultado fué el papado, es decir, una iglesia que dominaba el poder del estado y se servía de él para promover sus propios fines y especialmente para extirpar la “herejía.” Para que los Estados Unidos formen una imagen de la bestia, el poder religioso debe dominar de tal manera al gobierno civil que la autoridad del estado sea empleada también por la iglesia para cumplir sus fines. 

Siempre que la iglesia alcanzó el poder civil, lo empleó para castigar a los que no admitían todas sus doctrinas. Las iglesias protestantes que siguieron las huellas de Roma al aliarse con los poderes mundanos, manifestaron el mismo deseo de restringir la libertad de conciencia. Ejemplo de esto lo tenemos en la larga persecución de los disidentes por la iglesia de Inglaterra. Durante los siglos XVI y XVII miles de ministros no conformistas fueron obligados a abandonar sus iglesias, y a muchos pastores y feligreses se les impusieron multas, encarcelamientos, torturas y el martirio. 

Fué la apostasía lo que indujo a la iglesia primitiva a buscar la ayuda del gobierno civil, y esto preparó el camino para el desarrollo del papado, simbolizado por la bestia. San Pablo lo predijo al anunciar que vendría “la apostasía,” y sería “revelado el hombre de pecado.” 2 Tesalonicenses 2:3 (VM). De modo que la apostasía en la iglesia preparará el camino para la imagen de la bestia. 

La Biblia declara que antes de la venida del Señor habrá un estado de decadencia religiosa análoga a la de los primeros siglos. “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, incontinentes, fieros, aborrecedores de los que son buenos, traidores, protervos, hinchados de orgullo, amadores de los placeres, más bien que amadores de Dios; teniendo la forma de la piedad, mas negando el poder de ella.” 2 Timoteo 3:1-5 (VM). “Empero el Espíritu dice expresamente, que en tiempos venideros algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus seductores, y a enseñanzas de demonios.” 1 Timoteo 4:1 (VM). Satanás obrará “con todo poder, y con señales, y con maravillas mentirosas, y con todo el artificio de la injusticia.” Y todos los que “no admitieron el amor de la verdad, para que fuesen salvos,” serán dejados para que acepten “operación de error, a fin de que crean a la mentira.” 2 Tesalonicenses 2:9-11 (VM). Cuando se haya llegado a este estado de impiedad, se verán los mismos resultados que en los primeros siglos. 

Muchos consideran la gran diversidad de creencias en las iglesias protestantes como prueba terminante de que nunca se procurará asegurar una uniformidad forzada. Pero desde hace años se viene notando entre las iglesias protestantes un poderoso y creciente sentimiento en favor de una unión basada en puntos comunes de doctrina. Para asegurar tal unión, debe necesariamente evitarse toda discusión de asuntos en los cuales no todos están de acuerdo, por importantes que sean desde el punto de vista bíblico.

Carlos Beecher, en un sermón predicado en 1846, declaró que el pastorado de “las denominaciones evangélicas protestantes no está formado sólo bajo la terrible presión del mero temor humano, sino que vive, y se mueve y respira en una atmósfera radicalmente corrompida y que apela a cada instante al elemento más bajo de su naturaleza para tapar la verdad y doblar la rodilla ante el poder de la apostasía. ¿No pasó así con la iglesia romana? ¿No estamos reviviendo su vida? ¿Y qué es lo que vemos por delante? ¡Otro concilio general! ¡Una convención mundial! ¡Alianza evangélica y credo universal!”—Sermón, “The Bible a Sufficient Creed,” pronunciado en Fort Wayne, Indiana, el 22 de febrero de 1846. Cuando se haya logrado esto, en el esfuerzo para asegurar completa uniformidad, sólo faltará un paso para apelar a la fuerza. 

Cuando las iglesias principales de los Estados Unidos, uniéndose en puntos comunes de doctrina, influyan sobre el estado para que imponga los decretos y las instituciones de ellas, entonces la América protestante habrá formado una imagen de la jerarquía romana, y la inflicción de penas civiles contra los disidentes vendrá de por sí sola. 

La bestia de dos cuernos “hace [ordena] que todos, pequeños y grandes, así ricos como pobres, así libres como esclavos, tengan una marca sobre su mano derecha, o sobre su frente; y que nadie pueda comprar o vender, sino aquel que tenga la marca, es decir, el nombre de la bestia o el número de su nombre.” Apocalipsis 13:16, 17 (VM). La amonestación del tercer ángel es: “¡Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en su frente, o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios!” “La bestia” mencionada en este mensaje, cuya adoración es impuesta por la bestia de dos cuernos, es la primera bestia, o sea la bestia semejante a un leopardo, de Apocalipsis 13, el papado. La “imagen de la bestia” representa la forma de protestantismo apóstata que se desarrollará cuando las iglesias protestantes busquen la ayuda del poder civil para la imposición de sus dogmas. Queda aún por definir lo que es “la marca de la bestia.”

Después de amonestar contra la adoración de la bestia y de su imagen, la profecía dice: “Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús.” En vista de que los que guardan los mandamientos de Dios están puestos así en contraste con los que adoran la bestia y su imagen y reciben su marca, se deduce que la observancia de la ley de Dios, por una parte, y su violación, por la otra, establecen la distinción entre los que adoran a Dios y los que adoran a la bestia. 

El rasgo más característico de la bestia, y por consiguiente de su imagen, es la violación de los mandamientos de Dios. Daniel dice del cuerno pequeño, o sea del papado: “Pensará en mudar los tiempos y la ley.” Daniel 7:25. Y San Pablo llama al mismo poder el “hombre de pecado,” que había de ensalzarse sobre Dios. Una profecía es complemento de la otra. Sólo adulterando la ley de Dios podía el papado elevarse sobre Dios; y quienquiera que guardase a sabiendas la ley así adulterada daría honor supremo al poder que introdujo el cambio. Tal acto de obediencia a las leyes papales sería señal de sumisión al papa en lugar de sumisión a Dios. 

El papado intentó alterar la ley de Dios. El segundo mandamiento, que prohibe el culto de las imágenes, ha sido borrado de la ley, y el cuarto mandamiento ha sido adulterado de manera que autorice la observancia del primer día en lugar del séptimo como día de reposo. Pero los papistas aducen para justificar la supresión del segundo mandamiento, que éste es inútil puesto que está incluído en el primero, y que ellos dan la ley tal cual Dios tenía propuesto que fuese entendida. Este no puede ser el cambio predicho por el profeta. Se trata de un cambio intencional y deliberado: “Pensará en mudar los tiempos y la ley.” El cambio introducido en el cuarto mandamiento cumple exactamente la profecía. La única autoridad que se invoca para dicho cambio es la de la iglesia. Aquí el poder papal se ensalza abiertamente sobre Dios. 

Mientras los que adoran a Dios se distinguirán especialmente por su respeto al cuarto mandamiento—ya que éste es el signo de su poder creador y el testimonio de su derecho al respeto y homenaje de los hombres,—los adoradores de la bestia se distinguirán por sus esfuerzos para derribar el monumento recordativo del Creador y ensalzar lo instituído por Roma. Las primeras pretensiones arrogantes del papado fueron hechas en favor del domingo (véase el Apéndice, nota 9); y la primera vez que recurrió al poder del estado fué para imponer la observancia del domingo como “día del Señor.” Pero la Biblia señala el séptimo día, y no el primero, como día del Señor. Cristo dijo: “El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.” El cuarto mandamiento declara que: “El día séptimo es día de descanso [margen, sábado], consagrado a Jehová.” Y por boca del profeta Isaías el Señor lo llama: “Mi día santo.” Marcos 2:28; Éxodo 20:10; Isaías 58:13 (VM). .4

El aserto, tantas veces repetido, de que Cristo cambió el día de reposo, está refutado por sus propias palabras. En su sermón sobre el monte, dijo: “No penséis que vine pare invalidar la Ley, o los Protetas: no vine a invalidar, sino a cumplir. Porque en verdad os digo, que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni un tilde pasará de la ley, hasta que el todo sea cumplido. Por tanto cualquiera que quebrantare uno de estos más mínimos mandamientos, y enseñare a los hombres así, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos: mas cualquiera que los hiciere y enseñare será llamado grande en el reino de los cielos.” Mateo 5:17-19 (VM). 

Es un hecho generalmente admitido por los protestantes, que las Sagradas Escrituras no autorizan en ninguna parte el cambio del día de reposo. Esto se confirma en publicaciones de la Sociedad Americana de Tratados y la Unión Americana de Escuelas Dominicales. Una de estas obras reconoce “que el Nuevo Testamento no dice absolutamente nada en cuanto a un mandamiento explícito en favor del día de reposo, o a reglas definidas relativas a su observancia.”—[Jorge Elliott, The Abiding Sabbath, 184.] 

Otra dice: “Hasta la época de la muerte de Cristo, ningún cambio se había hecho en cuanto al día;” y, “por lo que se desprende del relato bíblico, los apóstoles no dieron ... mandamiento explícito alguno que ordenara el abandono del séptimo día, sábado, como día de reposo, ni que se lo observara en el primer día de la semana.”—[A. E. Waffle, The Lord’s Day, 186-188.]

Los católicos romanos reconocen que el cambio del día de descanso fué hecho por su iglesia, y declaran que al observar el domingo los protestantes reconocen la autoridad de ella. En el Catecismo Católico de la Religión Cristiana, al contestar una pregunta relativa al día que se debe guardar en obediencia al cuarto mandamiento, se hace esta declaración: “Bajo la ley antigua, el sábado era el día santificado; pero la iglesia, instruida por Jesucristo y dirigida por el Espíritu de Dios, substituyó el sábado por el domingo; de manera que ahora santificamos el primer día y no el séptimo. Domingo significa día del Señor, y es lo que ha venido a ser.”

Como signo de la autoridad de la iglesia católica, los escritores católicos citan “el acto mismo de cambiar el sábado al domingo, cambio en que los protestantes consienten ... porque al guardar estrictamente el domingo, ellos reconocen el poder de la iglesia para ordenar fiestas y para imponerlas so pena de incurrir en pecado.”—[H. Tuberville, An Abridgement of the Christian Doctrine, pág. 58.] ¿Qué es, pues, el cambio del día de descanso, sino el signo o marca de la autoridad de la iglesia romana, “la marca de la bestia”? 

La iglesia romana no ha renunciado a sus pretensiones a la supremacía; y cuando el mundo y las iglesias protestantes aceptan un día de descanso creado por ella, mientras rechazan el día de descanso de la Biblia, acatan en la práctica las tales pretensiones. Pueden apelar a la autoridad de la tradición y de los padres para apoyar el cambio; pero al hacerlo pasan por alto el principio mismo que los separa de Roma, es a saber, que “la Biblia, y la Biblia sola es la religión de los protestantes.” Los papistas pueden ver que los protestantes se están engañando a sí mismos, al cerrar voluntariamente los ojos ante los hechos del caso. A medida que gana terreno el movimiento en pro de la observancia obligatoria del domingo, ellos se alegran en la seguridad de que ha de concluir por poner a todo el mundo protestante bajo el estandarte de Roma. 

Los romanistas declaran que “la observancia del domingo por los protestantes es un homenaje que rinden, mal de su grado, a la autoridad de la iglesia [católica].”—[Mons. de Segur, Plain Talk About the Protestantism of Today, 213.] La imposición de la observancia del domingo por parte de las iglesias protestantes es una imposición de que se adore al papado, o sea la bestia. Los que, comprendiendo las exigencias del cuarto mandamiento, prefieren observar el falso día de reposo en lugar del verdadero, rinden así homenaje a aquel poder, el único que ordenó su observancia. Pero por el mismo hecho de imponer un deber religioso con ayuda del poder secular, las mismas iglesias estarían elevando una imagen a la bestia; de aquí que la imposición de la observancia del domingo en los Estados Unidos equivaldría a imponer la adoración de la bestia y de su imagen.

Pero los cristianos de las generaciones pasadas observaron el domingo creyendo guardar así el día de descanso bíblico; y ahora hay verdaderos cristianos en todas las iglesias, sin exceptuar la católica romana, que creen honradamente que el domingo es el día de reposo divinamente instituído. Dios acepta su sinceridad de propósito y su integridad. Pero cuando la observancia del domingo sea impuesta por la ley, y que el mundo sea ilustrado respecto a la obligación del verdadero día de descanso, entonces el que transgrediere el mandamiento de Dios para obedecer un precepto que no tiene mayor autoridad que la de Roma, honrará con ello al papado por encima de Dios: rendirá homenaje a Roma y al poder que impone la institución establecida por Roma: adorará la bestia y su imagen. Cuando los hombres rechacen entonces la institución que Dios declaró ser el signo de su autoridad, y honren en su lugar lo que Roma escogió como signo de su supremacía, ellos aceptarán de hecho el signo de la sumisión a Roma, “la marca de la bestia.” Y sólo cuando la cuestión haya sido expuesta así a las claras ante los hombres, y ellos hayan sido llamados a escoger entre los mandamientos de Dios y los mandamientos de los hombres, será cuando los que perseveren en la transgresión recibirán “la marca de la bestia.”

La más terrible amenaza que haya sido jamás dirigida a los mortales se encuentra contenida en el mensaje del tercer ángel. Debe ser un pecado horrendo el que atrae la ira de Dios sin mezcla de misericordia. Los hombres no deben ser dejados en la ignorancia tocante a esta importante cuestión; la amonestación contra este pecado debe ser dada al mundo antes que los juicios de Dios caigan sobre él, para que todos sepan por qué deben consumarse, y para que tengan oportunidad para librarse de ellos. La profecía declara que el primer ángel hará su proclamación “a cada nación, y tribu, y lengua, y pueblo.” El aviso del tercer ángel, que forma parte de ese triple mensaje, no tendrá menos alcance. La profecía dice de él que será proclamado en alta voz por un ángel que vuele por medio del cielo; y llamará la atención del mundo. 

Al final de la lucha, toda la cristiandad quedará dividida en dos grandes categorías: la de los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, y la de los que adoran la bestia y su imagen y reciben su marca. Si bien la iglesia y el estado se unirán para obligar a “todos, pequeños y grandes, así ricos como pobres, así libres como esclavos,” a que tengan “la marca de la bestia” (Apocalipsis 13:16, VM), el pueblo de Dios no la tendrá. El profeta de Patmos vió que “los que habían salido victoriosos de la prueba de la bestia, y de su imagen, y del número de su nombre, estaban sobre aquel mar de vidrio, teniendo arpas de Dios,” y cantaban el cántico de Moisés y del Cordero. Apocalipsis 15:2, 3 (VM). CS54 503.2

  

La base del perdón


Jehová está lejos de los impíos; pero él oye la oración de los justos. Proverbios 15:29. 



Nosotros mismos debemos todo a la abundante gracia de Dios. La gracia en el pacto ordenó nuestra adopción. La gracia en el Salvador efectuó nuestra redención, nuestra regeneración y nuestra exaltación a ser coherederos con Cristo.Sea revelada esta gracia a otros. 

No demos al que yerra ocasión de desanimarse. No permitamos que haya una dureza farisaica que haga daño a nuestro hermano. No se levante en la mente o el corazón un amargo desprecio. No se manifieste en la voz un dejo de escarnio. Si hablas una palabra tuya, si adoptas una actitud de indiferencia, o muestras sospecha o desconfianza, esto puede provocar la ruina de un alma. El que yerra necesita un hermano que posea el corazón del Hermano Mayor, lleno de simpatía para tocar su corazón humano. 

Sienta él el fuerte apretón de una mano de simpatía, y oiga el susurro: oremos. Dios les dará a ambos una rica experiencia. La oración nos une mutuamente y con Dios. La oración trae a Jesús a nuestro lado, y da al alma desfalleciente y perpleja nueva energía para vencer al mundo, a la carne y al demonio. La oración aparta los ataques de Satanás.

Cuando uno se aparta de las imperfecciones humanas para contemplar a Jesús, se realiza en el carácter una transformación divina. El Espíritu de Cristo, al trabajar en el corazón, lo conforma a su imagen. Entonces sea el esfuerzo de ustedes ensalzar a Jesús. Diríjanse los ojos de la mente al “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”Juan 1:29. Y al ocuparse en esta obra, recuerden que “el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”. Santiago 5:20.

“Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”Mateo 6:15. Nada puede justificar un espíritu no perdonador. El que no es misericordioso hacia otros, muestra que él mismo no es participante de la gracia perdonadora de Dios. En el perdón de Dios el corazón del que yerra se acerca al gran Corazón de amor infinito. 

La corriente de compasión divina fluye al alma del pecador, y de él hacia las almas de los demás. La ternura y la misericordia que Cristo ha revelado en su propia vida preciosa se verán en los que llegan a ser participantes de su gracia.

No somos perdonados porque perdonamos, sino comoperdonamos. La base de todo el perdón se encuentra en el amor inmerecido de Dios, pero por nuestra actitud hacia otros mostrarnos si hemos hecho nuestro ese amor.—Palabras de Vida del Gran Maestro, 195-197. RJ 267.6

16 sept 2023

La batalla del armagedón


Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles. Apocalipsis 17:14.



Necesitamos estudiar el derramamiento de la séptima copa. Los poderes del mal no abandonarán el conflicto sin lucha. Pero la Providencia tiene una parte que realizar en la batalla del Armagedón. Cuando la tierra sea iluminada con la gloria del ángel de Apocalipsis 18, los elementos religiosos, buenos y malos, despertarán de su somnolencia y los ejércitos del Dios viviente tomarán el campo.15 

Cuatro ángeles poderosos retienen los poderes de esta tierra en tanto que los siervos de Dios son sellados en sus frentes. Las naciones del mundo están ansiosas de entrar en conflicto; pero están siendo refrenadas por los ángeles. Cuando se quite este poder restrictivo, vendrán tiempos de dificultad y angustia. Se inventarán mortíferos instrumentos de guerra. Barcos, con su carga viviente, serán sepultados en las grandes profundidades. Todos los que no tengan el espíritu de verdad se unirán bajo la dirección de las agencias satánicas. Pero serán retenidas bajo control hasta el momento cuando se produzca la gran batalla del Armagedón.

Toda forma de mal asumirá súbitamente una intensa actividad. Los malos ángeles unen sus fuerzas con los hombres malos, y como han estado en conflicto constante y han adquirido experiencia en relación con las mejores maneras de engañar y batallar, y se han ido fortaleciendo por siglos, no cederán en el gran encuentro final sin una lucha desesperada. Cada cual deberá estar de uno o de otro lado de la contienda. La batalla del Armagedón se librará, y aquel día no debe encontrar a ninguno de nosotros durmiendo. Debemos estar bien despiertos, teniendo, como las vírgenes prudentes, aceite en nuestras vasijas junto con nuestras lámparas.

Debe reposar sobre nosotros el poder del Espíritu Santo, y el Capitán de las huestes del Señor estará a la cabeza de los ángeles del cielo para dirigir la batalla. Solemnes eventos están a punto de ocurrir ante nosotros. Las trompetas suenan una tras la otra, se derrama una copa tras otra sobre los habitantes de la tierra.17 MSV76 255.5

 

19 ago 2023

La única salvaguardia



“¡A la ley y al testimonio! si no hablaren conforme a esta palabra, son aquellos para quienes no ha amanecido.” Isaías 8:20 (VM).  
 
 
Al pueblo de Dios se le indica que busque en las Sagradas Escrituras su salvaguardia contra las influencias de los falsos maestros y el poder seductor de los espíritus tenebrosos. Satanás emplea cuantos medios puede para impedir que los hombres conozcan la Biblia, cuyo claro lenguaje revela sus engaños. En ocasión de cada avivamiento de la obra de Dios, el príncipe del mal actúa con mayor energía; en la actualidad está haciendo esfuerzos desesperados preparándose para la lucha final contra Cristo y sus discípulos. El último gran engaño se desplegará pronto ante nosotros. El Anticristo va a efectuar ante nuestra vista obras maravillosas. El contrahacimiento se asemejará tanto a la realidad, que será imposible distinguirlos sin el auxilio de las Santas Escrituras. Ellas son las que deben atestiguar en favor o en contra de toda declaración, de todo milagro.
 
Se hará oposición y se ridiculizará a los que traten de obedecer a todos los mandamientos de Dios. Ellos no podrán subsistir sino en Dios. Para poder soportar la prueba que les espera deben comprender la voluntad de Dios tal cual está revelada en su Palabra, pues no pueden honrarle sino en la medida del conocimiento que tengan de su carácter, gobierno y propósitos divinos y en la medida en que obren conforme a las luces que les hayan sido concedidas. Sólo los que hayan fortalecido su espíritu con las verdades de la Biblia podrán resistir en el último gran conflicto. Toda alma ha de pasar por la prueba decisiva: ¿Obedeceré a Dios antes que a los hombres? La hora crítica se acerca. ¿Hemos asentado los pies en la roca de la inmutable Palabra de Dios? ¿Estamos preparados para defender firmemente los mandamientos de Dios y la fe de Jesús?
 
Antes de la crucifixión, el Salvador había predicho a sus discípulos que iba a ser muerto y que resucitaría del sepulcro, y hubo ángeles presentes para grabar esas palabras en las mentes y en los corazones. Pero los discípulos esperaban la liberación política del yugo romano y no podían tolerar la idea de que Aquel en quien todas sus esperanzas estaban concentradas, fuese a sufrir una muerte ignominiosa. Desterraron de su mente las palabras que necesitaban recordar, y cuando llegó el momento de prueba, los encontró sin la debida preparación. 
 
 La muerte de Jesús destruyó sus esperanzas igual que si no se la hubiese predicho. Así también las profecías nos anuncian el porvenir con la misma claridad con que Cristo predijo su propia muerte a los discípulos. Los acontecimientos relacionados con el fin del tiempo de gracia y la preparación para el tiempo de angustia han sido presentados con claridad. Pero hay miles de personas que comprenden estas importantes verdades de modo tan incompleto como si nunca hubiesen sido reveladas. Satanás procura arrebatar toda impresión que podría llevar a los hombres por el camino de la salvación, y el tiempo de angustia no los encontrará listos. CS54 652.1

12 ago 2023

Sólo una luz para iluminar la senda

Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. Proverbios 4:18.



El amor de Cristo en el corazón, que revela por medio de la vida su maravilloso poder, es el mayor milagro que puede realizarse ante el mundo caído y contencioso. Tratemos de obrar este milagro, no con nuestro propio poder sino en el nombre del Señor Jesucristo, de quien somos y a quien servimos. Llenémonos de Cristo, y el poder milagroso de su gracia será tan plenamente revelado en la transformación del carácter que el mundo se convencerá de que Dios envió a su Hijo al mundo para que los hombres sean como ángeles en carácter y vida. 

Los que verdaderamente creen en Cristo se sientan junto a El en los lugares celestiales. Aceptemos la insignia del cristianismo. No es un distintivo externo, no es usar una cruz o una corona, sino algo que revela la unión del hombre con Dios. Despojérnonos “del viejo hombre con sus hechos, y... revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”. Colosenses 3:9, 10. La belleza de la santidad se revela a medida que los cristianos se unen, fusionándose en el amor de Cristo. 

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimulamos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. Hebreos 10:19-25.

Existe sólo una verdadera religión, sólo un camino al cielo, sólo una luz para iluminar la senda a medida que los peregrinos avanzan de prisa. En tanto prosigamos en el conocimiento del Señor, reconoceremos a cada paso que Cristo es la “Luz del mundo”, que El es “el Camino, la Verdad , y la Vida”; y veremos que la senda por la que nos pide que transitemos es “como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. Proverbios 4:18.

El Señor es bueno y ha de ser alabado en gran manera... Cuán bendecido, cuán doblemente bendecido es el hogar en el cual el padre, la madre y los hijos están consagrados al servicio de Cristo.—Carta 126, del 7 de agosto de 1902, dirigida a un evangelista en la ciudad de Nueva York.* ATO 231.6

5 ago 2023

El Gran Engaño

El espiritismo en los últimos días 



Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. 1 Juan 4:1. 



Muchos hombres serán entrampados por la creencia de que el espiritismo es tan solo una impostura humana; pero cuando sean puestos en presencia de manifestaciones cuyo carácter sobrenatural no pueda negarse, serán seducidos y obligados a aceptarlas como revelación del poder divino.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 609. 

Conforme vayan siendo aceptadas las enseñanzas del espiritismo en las iglesias, irán desapareciendo las vallas impuestas al corazón carnal, y la religión se convertirá en un manto para cubrir las más bajas iniquidades. La creencia en las manifestaciones espiritistas abre el campo a los espíritus seductores y a las doctrinas de demonios, y de este modo se dejarán sentir en las iglesias las influencias de los ángeles malos.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 661, 662. 

Los predicadores populares no pueden resistir con éxito al espiritismo. No tienen nada con que proteger a sus rebaños de su influencia nefasta. Gran parte de los tristes resultados del espiritismo recaerá sobre los ministros de esta época, porque han pisoteado la verdad, y preferido las fábulas.—Joyas de los Testimonios 1:120. 

Satanás ha estado preparándose desde hace tiempo para su último esfuerzo para engañar al mundo. El cimiento de su obra lo puso en la afirmación que hiciera a Eva en el Edén: “De seguro que no moriréis... En el día que comiereis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”. Génesis 3:4, 5 (VM). Poco a poco Satanás ha preparado el camino para su obra maestra de seducción: El desarrollo del espiritismo. Hasta ahora no ha logrado realizar completamente sus designios; pero lo conseguirá en el poco tiempo que nos separa del fin.

  El profeta dice: “Y vi... tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso”. Apocalipsis 16:13, 14. Todos menos los que estén protegidos por el poder de Dios y la fe en su Palabra, se verán envueltos en ese engaño. Los hombres se están dejando adormecer en una seguridad fatal, y solo despertarán cuando la ira de Dios se derrame sobre la tierra.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 618. MSV 171.6 

Para atraernos a Dios

Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Jeremías 31:3   El Señor de la vida y la gloria vistió su divinidad de...