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Los alimentos limpios e inmundos según Levítico 11

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  ¿Qué alimentos debemos consumir según la doctrina adventista? Texto base: Levítico 11:1-3 «Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciéndoles: Hablad a los hijos de Israel y decidles: Estos son los animales que comeréis de entre todos los animales que hay sobre la tierra. De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, éste comeréis» (Levítico 11:1-3, RVR1960). 1. Dios estableció una distinción entre los animales limpios y los inmundos En Levítico 11, Dios presentó a su pueblo instrucciones específicas sobre los animales que podían consumirse y aquellos que debían evitarse, indicaciones continúan siendo relevantes para la alimentación cristiana. La Biblia presenta esta distinción incluso antes de la formación de Israel como nación. En Génesis 7:2, Dios ordenó a Noé que introdujera en el arca animales limpios e inmundos en cantidades diferentes. Por tanto, la interpretación adventista considera que la distinción entre ambas categorías no se originó exclusi...

El espejo moral de Dios

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  Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1:25.   En Düsseldorf cambiamos de tren [se refiere a un viaje realizado mientras trabajaba en Europa], y fue forzoso esperar dos horas en la estación. Aquí tuvimos oportunidad de estudiar la naturaleza humana. Entraron las damas, se quitaron las ropas exteriores, y luego se miraron desde todos los ángulos para ver que sus vestidos estuvieran impecables.  Luego volvieron a empolvarse la cara. Permanecieron largo tiempo frente al espejo para ordenar su apariencia exterior satisfactoriamente, con el propósito de estar lo mejor posible cuando fueran contempladas por los ojos humanos.  Pensé en la ley de Dios, el gran espejo moral en el que el pecador debe mirarse para descubrir los defectos de su carácter.  Si todos estudiaran la ley de Dios, la norma moral del carácter, con ...

El joven rico y el precio de seguir a Jesús

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  1. El encuentro entre Jesús y el hombre rico En el Evangelio de Mateo 19:16-22 encontramos la historia de un hombre rico que se acercó a Jesús con una pregunta trascendental: «Maestro, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?» (Mateo 19:16). A primera vista, parecía un hombre ejemplar. Tenía riquezas, conocía los mandamientos y deseaba alcanzar la vida eterna. Sin embargo, cuando Jesús le pidió que vendiera sus posesiones, las repartiera entre los pobres y lo siguiera, el hombre se marchó triste, porque tenía muchas posesiones. Este relato nos confronta con una de las grandes preguntas de la vida espiritual: ¿Estamos verdaderamente dispuestos a seguir a Jesús cuando hacerlo implica renunciar a aquello que más valoramos?  El problema de aquel hombre no era simplemente poseer riquezas, sino permitir que estas ocuparan un lugar en su corazón que solamente le correspondía a Dios. 2. La interpretación desde la doctrina adventista Desde la perspectiva de la Iglesia Advent...

Los egipcios sabrán que yo soy el Señor

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  «Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así» (Éxodo 14: 4). Dios se revela al ser humano de manera continua. Su propósito al revelarse es para salvación, y a través de la historia puedes observar cómo el Señor busca intencionalmente a sus hijos para que lo reconozcan como el Dios verdadero. Muchas veces, el corazón del hombre accede al tierno llamado de Dios, mas otras veces lo rechaza. El Faraón y su ejército tenían una batalla en sus mentes, no para reconocer a Dios, sino para derrotarlo.  Era imposible para ellos reconocer a un Dios de esclavos por encima de sus muchos y poderosos dioses. El pueblo de Israel se encontraba en una encrucijada. Frente a ellos estaba el mar Rojo y atrás el poderoso ejército de Egipto, ¿con qué pelear? No tenían espadas o armas y en sus manos había masa leudada para alimentarse en el camino, callados para arriar a s...

Saúl, David y Goliat: cuando tener la corona no significa estar preparado para la batalla

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    Saúl había sido elegido para gobernar a Israel. Tenía la corona, la autoridad y un ejército bajo su mando. Humanamente, parecía reunir las condiciones necesarias para dirigir al pueblo. Sin embargo, cuando apareció Goliat y desafió públicamente a Israel, ocurrió algo revelador: el rey que debía conducir al pueblo tuvo miedo. La historia de Saúl muestra que ser elegido para una responsabilidad no garantiza permanecer preparado para cumplirla. Dios le había dado una oportunidad extraordinaria, pero sus decisiones fueron debilitando aquello que debía sostener su liderazgo: su dependencia de Dios. Antes de Goliat ya habían ocurrido hechos que explican lo que vemos en el campo de batalla. Saúl había comenzado a actuar según su propio criterio. En 1 Samuel 13 se adelantó a Samuel y ofreció el sacrificio sin esperar como se le había indicado. Más tarde, en 1 Samuel 15, desobedeció las instrucciones recibidas respecto de Amalec. Entonces Samuel le anunció: “Jehová ha rasgado hoy d...