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Perfección por los méritos de Cristo

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Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Mateo 5:48.  Cristo presenta delante de nosotros la más alta perfección del carácter cristiano, que deberíamos procurar alcanzar durante toda la vida. Pablo escribe acerca de esta perfección: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo...Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús...”. Filipenses 3:12-15. Como podemos alcanzar la perfección especificada por nuestro Señor y Salvador Jesucristo: nuestro gran Maestro?  ¿Podemos hacer frente a sus requisitos y alcanzar una norma tan elevada? Podemos, pues de lo contrario Cristo no nos lo hubiera ordenado. Él es nuestra justicia. En su humanidad, ha ido delante de nosotros y ha efectuado para nosotros la perfección del carácter.  Hemos de tener la fe en él que obra por el amor y purifica el alma. La perfección del carácter se basa en lo que Cristo es para nosotros.  Si dependemo...

Sólo Dios puede reformar el corazón

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Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:13.  Necesitamos comprender, mucho más de lo que lo hacemos, los asuntos que están en juego con el conflicto en el cual nos hallamos comprometidos. Necesitamos comprender más plenamente el valor de las verdades que Dios ha dado para este tiempo y el peligro de permitir que nuestras mentes sean desviadas de ellas por el gran engañador.  El infinito valor del sacrificio requerido por nuestra redención revela el hecho de que el pecado es un tremendo mal. Por el pecado todo el organismo humano se trastorna, la mente se pervierte, la imaginación se corrompe. El pecado ha degradado las facultades del alma. Las tentaciones exteriores encuentran respuesta dentro del corazón, y los pies se dirigen imperceptiblemente hacia el mal.  Así como el sacrificio en nuestro favor fue completo, así nuestra restauración de la contaminación del pecado ha de ser completa. No hay acto impío...

La fe que Dios acepta

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Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.   Santiago 2:26 .     En el mundo cristiano hay muchos que pretenden que todo lo que se necesita para la salvación es tener fe; para ellos las obras no significan nada, y la fe es lo único esencial.   Pero la Palabra de Dios nos dice que la fe sin obras es muerta...   La fe y las obras van mano a mano...   Las obras no nos salvarán nunca; es el mérito de Cristo lo que tendrá valor para nosotros. Mediante la fe en él, Cristo tornará aceptables para Dios todos nuestros esfuerzos.   La fe que se nos pide que tengamos no es una fe inútil; la fe que salva es la que obra por amor y purifica el alma.   El que levante manos santas hacia Dios, sin ira ni dudas, andará con inteligencia en la senda de los mandamientos de Dios.   Si queremos tener perdón por nuestros pecados, primero debemos comprender qué es el pecado, para arrepentirnos y llevar frutos dignos de ar...