Mentes llenas de las promesas divinas.


Con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Romanos 10:10.

Según este pasaje, hay algo que creer y también algo que confesar. El corazón debe aceptar primero la verdad como es en Jesús. Este es el fundamento de la verdadera religión. La convicción de pecado comienza entonces a hacerse sentir; el alma enferma de pecado, siente su necesidad de un médico y viene a Jesús de Nazaret en busca de perdón.

Alistándose en la guerra contra el enemigo, mira a Jesús en busca de fortaleza para resistir la tentación. Persevera velando en oración y escudriña las Escrituras. Las verdades de la Biblia se ven iluminadas por una luz nueva e intensamente interesante, y el Espíritu de Dios le revela su solemne importancia.

 Estudia la vida de Cristo, y mientras más claramente discierne la pureza inmaculada del carácter del Salvador, menos confianza tiene en su propia justicia; mientras más de cerca y con mayor perseverancia fija su atención en Jesús, menos perfección descubre en sí mismo. Su justicia propia desaparece, y cae, impotente y quebrantado, sobre la roca que es Cristo Jesús.

El tentador podrá acosarlo, y ocasionalmente puede sentir desánimo y ser tentado a pensar que Dios no lo aceptará; pero, aceptando implícitamente la Palabra de Dios, y rogando que se cumplan sus seguras promesas, se abre paso a través de las tinieblas hasta salir a la clara luz del amor de Cristo.

“Con la boca se confiesa para salvación”. Si en verdad el corazón es el depósito de la gracia y el amor de Cristo, estos atributos serán expresados en las palabras y la conducta. El individuo se sentirá constantemente atraído a Cristo. Todos seremos probados; por esto necesitamos la gracia divina, una sólida fe y principios religiosos. Los labios deben ser santificados, para que las palabras pronunciadas sean pocas y bien escogidas.

A menudo, los cristianos profesos hacen recaer sobre sí mismos profunda debilidad espiritual, al concentrar su atención en sus pruebas y quejas. No sólo sus pruebas se magnifican con cada repetición, sino que al permitirse transgredir en este punto particular, se separan inevitablemente de Jesús. Satanás procura atraer su atención hacia ellos mismos, y hacerlos aceptar la idea de que no son apreciados.

Comienzan a autocompadecerse y simpatizar consigo mismos, y a perder su confianza en Jesús. Como resultado, caminan separados de Aquel que los invita a echar sus cargas sobre él.

A los tales deseamos decir: repase lo que Dios ha hecho por usted. Dígale a Satanás que usted no confía en su propia justicia, sino en la de Cristo. Mantenga su mente llena de las preciosas promesas que se hallan en la Biblia, y cuando Satanás venga contra usted con sus numerosos ataques, esgrima contra él el arma que ha provisto la palabra de Dios: “Así esta escrito”. Esto quebrantará su poder y le concederá a usted la victoria.EJ 267.5

                               El jardín de las promesas de Dios.



Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.Hebreos 10:36.

Las promesas de Dios son como flores preciosas esparcidas en un jardín. El Señor quisiera que nos detengamos en ellas mirándolas con atención, apreciando su hermosura y el favor que Dios nos ha concedido al hacer tan ricas provisiones para nuestras necesidades.

Si no fuera por la contemplación de las promesas de Dios, no comprenderíamos su misericordioso amor y compasión hacia nosotros, ni nos daríamos cuenta de la riqueza de los tesoros preparados para aquellos que lo aman. El quisiera que el alma tomara ánimo para descansar con fe en él, la única suficiencia del agente humano.

Debemos enviar nuestras peticiones a través de las nubes más oscuras que Satanás pueda echar sobre nosotros, y debemos hacer que nuestra fe suba hasta el trono de Dios rodeado del arco iris de la promesa, la seguridad de que Dios es fiel, de que en él no hay mudanza ni sombra de variación. Puede parecernos que la respuesta se tarda, pero no es así.

La petición es aceptada y la respuesta se otorga cuando es esencial para el mayor bien de quien la elevó, y cuando su cumplimiento ha de obrar al máximo para nuestro interés eterno. Dios esparce sus bendiciones a lo largo de todo nuestro sendero para iluminar nuestro camino hacia el cielo.

Debemos allegarnos al trono de la gracia con reverencia, recordando las promesas que Dios ha dado, contemplando la bondad de Dios y ofreciendo alabanzas de agradecimiento por su inmutable amor.

No debemos confiar en nuestras oraciones finitas, sino en la palabra de nuestro Padre celestial, en la seguridad de su amor por nosotros.

Nuestra fe puede ser probada por la demora, pero el profeta nos ha instruido en cuanto a lo que debemos hacer diciendo: “¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios”. Isaías 50:10.
                                                 Mira, cree y vive.



Sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. 1 Pedro 1:5.

Los que dependen de su propia justicia en lugar de confiar en la justicia de Cristo, perderán el premio; serán pesados en las balanzas del santuario y serán hallados faltos. Que todos los que se esfuerzan por alcanzar la preciosa bendición de la vida eterna desconfíen de sus propias fuerzas y, con mucha oración, coloquen sus almas impotentes sobre Cristo.

 Se escudriña muy poco la Palabra de Dios para encontrar una dirección definida en el camino de la vida. La mayoría de los que profesan creer en Cristo poseen únicamente ideas artificiales acerca de lo que constituye el carácter cristiano... No se engañen con la idea de que su propia justicia inherente los pondrá en armonía con Dios.

No dejen de verse como pecadores a la vista de Dios. No dejen de mirar a Cristo levantado sobre la cruz; y mientras lo contemplan, crean y vivan; porque mediante la fe en el sacrificio expiatorio pueden ser justificados por la redención que es en Cristo Jesús. Crean que están perdonados, que están justificados, no en transgresión y desobediencia, sino en sumisión a la voluntad de Dios.

Si por fe se apropian de la justicia de Cristo, entonces no sean descuidados acerca de sus pensamientos, sus palabras y sus obras. Estudien mucho, y oren para que así como Cristo les ha mostrado el camino, también los mantenga en el camino por su gracia.

Porque somos “guardados por el poder de Dios mediante la fe”; y ni siquiera esta fe es de nosotros, porque es el regalo de Dios.

Para que puedan crecer en la gracia y en el conocimiento de Cristo, es indispensable que mediten mucho acerca de los grandes temas de la redención. Deberían preguntarse por qué Cristo tomó la humanidad sobre sí mismo, por qué sufrió sobre la cruz, por qué llevó sobre sí los pecados de la humanidad, por qué fue hecho pecado y justicia por nosotros.

 Deberían estudiar para comprender por qué ascendió a los cielos con la naturaleza humana, y en qué consiste el trabajo que realiza actualmente en favor de nosotros.

Si ustedes se acostumbran a pensar en Cristo, y en su obra y carácter, serán inducidos a cavar profundo en la veta de la verdad, y serán hechos aptos para poseer sus preciosas joyas.Mediante la apreciación del carácter de Cristo y la comunión con Dios, el pecado llegará a serles odioso.

A medida que mediten en las cosas celestiales y caminen con Dios, como lo hizo Enoc, se desprenderán de todo peso, y del pecado que los asedia tan fácilmente, y correrán con paciencia la carrera que está delante de ustedes... Nuestro edificio debe estar cimentado sobre la roca de Cristo Jesús o no pasará la prueba de la tempestad.
                           Cristo murió por nosotros.



Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne. 1 Pedro 3:18.

La cruz del Calvario nos atrae con poder, ofreciéndonos una razón por la cual deberíamos amar a nuestro Salvador y hacerlo el primero y el último y el mejor en todo. Deberíamos ocupar el lugar que nos corresponde como penitentes humildes al pie de la cruz.

Allí, al contemplar la agonía de nuestro Salvador, al Hijo de Dios que muere—el Justo por los injustos—, podemos aprender lecciones de mansedumbre y humildad de mente.Contemplemos a Aquel a cuya sola palabra acudirían legiones de ángeles en su ayuda, transformado en un objeto de diversión y burla, de injurias y odio. El mismo se entrega como un sacrificio por el pecado. Al ser vilipendiado, no amenaza; cuando se lo acusa falsamente, no abre su boca. En la cruz, ora por sus asesinos.

Al morir, paga un precio infinito por cada uno de ellos. Soporta sin murmurar el castigo por los pecados del hombre. Y esta víctima que no se queja es el Hijo de Dios. Su trono existe desde la eternidad y su reino no tendrá fin.

Vengan, ustedes que buscan la gratificación del placer en goces prohibidos y en prácticas pecaminosas, ustedes que se apartan de Cristo, miren hacia la cruz del Calvario; observen la víctima real que sufre por causa de ustedes; háganse sabios mientras tienen oportunidad y procuren encontrar la fuente de vida y felicidad verdadera.

Vengan, ustedes que se quejan y murmuran debido a los pequeños inconvenientes y pruebas que deben afrontar en esta vida, miren a Jesús, el autor y consumador de su fe. El se apartó de su trono real, de su elevada posición de mando y, colocando su divinidad de lado, se vistió con la humanidad. Fue rechazado y despreciado por causa nuestra; se hizo pobre para que nosotros fuésemos enriquecidos por su pobreza.

Al observar los sufrimientos de Cristo con los ojos de la fe, ¿pueden ustedes hablar de sus pruebas e infortunios? ¿Pueden alimentar una venganza en su corazón mientras recuerdan la oración procedente de los labios pálidos y temblorosos de Cristo en favor de sus burladores y asesinos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”?

Ante nosotros hay una obra que hacer con el fin de subyugar el orgullo y la vanidad que luchan por ocupar una plaza en nuestros corazones y, mediante el arrepentimiento y la fe, colocarnos en una relación familiar y santa con Cristo.

Necesitamos negar el yo y luchar continuamente contra el orgullo. Necesitamos esconder el yo en Jesús y dejar que él se revele en nuestro carácter y conversación. Al contemplar constantemente a Aquel a quien traspasaron nuestros pecados y oprimieron nuestras tristezas, recibiremos fuerzas para asemejarnos a él.

Nuestras vidas y nuestro comportamiento testificarán acerca de cuánto valoramos a nuestro Redentor y la salvación que obró en nuestro favor a un costo tan infinito.Entonces nuestra paz será como un río al someternos a Jesús en una cautividad voluntaria y feliz.
                            Jesús guardó el sábado haciendo el bien.



Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla? Lucas 6:9.

No es violación del sábado realizar obras de necesidad, como atender a los enfermos o ancianos y aliviar el dolor. Tales obras están en perfecta armonía con la ley del sábado. Nuestro gran Ejemplo siempre estuvo activo en el sábado, cuando las necesidades de los enfermos y dolientes se presentaban ante él.

Por causa de esto, los fariseos lo acusaron de quebrantar el sábado, como lo hacen hoy muchos ministros religiosos que están en oposición a la ley de Dios. Pero nosotros decimos: Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; [es decir,] el que osa hacer esta acusación contra el Salvador ver. Romanos 3:4.

Jesús contestó la acusación de los judíos así: “Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes”. Mateo 12:7. Ya les había declarado que había guardado los mandamientos de su Padre.

Cuando fue acusado de quebrantar el sábado en ocasión del milagro de curar al hombre de la mano seca, se volvió contra sus acusadores con la pregunta: “¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla?”Resumiendo su respuesta al cuestionamiento de los fariseos, dijo: “Es lícito hacer el bien en los días de reposo”. Mateo 12:12.Aquí Cristo justificó su obra como estando en perfecta armonía con la ley del sábado.

Los que sostienen que Cristo abolió la ley, enseñan que violó el sábado y justificó a sus discípulos en lo mismo. Así están asumiendo la misma actitud que los cavilosos judíos. En esto contradicen el testimonio de Cristo mismo, quien declaró: “Yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”. Juan 15:10.

Ni el Salvador ni sus discípulos violaron la ley del sábado.Cristo fue el representante vivo de esa ley.

En su vida no se halló ninguna violación de sus santos preceptos. Frente a una nación de testigos que buscaban ocasión de condenarle, pudo decir sin que se le contradijera: “¿Quién de vosotros me convence de pecado?” Juan 8:46 (VM).

“El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Marcos 2:27), dijo Jesús.Las instituciones que Dios estableció son para el beneficio de la humanidad... La ley de los Diez Mandamientos, del cual el sábado forma parte, la dio Dios a su pueblo como una bendición.

“Y nos mandó Jehová”, dijo Moisés, “que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy” Deuteronomio 6:24.—El Deseado de Todas las Gentes.



                                La esperanza de la segunda venida.



El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. Apocalipsis 22:20.

La venida del Señor ha sido en todo tiempo la esperanza de sus verdaderos discípulos. La promesa que hizo el Salvador al despedirse en el Monte de las Olivas, de que volvería, iluminó el porvenir de sus discípulos al llenar sus corazones de una alegría y una esperanza que las penas no podían apagar ni las pruebas disminuir. Entre los sufrimientos y las persecuciones, “la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” era la “esperanza bienaventurada”.

Cuando los cristianos de Tesalónica, agobiados por el dolor, enterraban a sus amados que habían esperado vivir hasta ser testigos de la venida del Señor, Pablo, su maestro, les recordaba la resurrección, que había de verificarse cuando viniese el Señor.Entonces los que hubiesen muerto en Cristo resucitarían, y juntamente con los vivos serían arrebatados para recibir a Cristo en el aire. “Y así—dijo—estaremos siempre con el Señor.Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”. 1 Tesalonicenses 4:16-18.

Desde la cárcel, la hoguera y el patíbulo, donde los santos y los mártires dieron testimonio de la verdad, llega hasta nosotros a través de los siglos la expresión de su fe y esperanza. Estando “seguros de la resurrección personal de Cristo, y, por consiguiente, de la suya propia, a la venida de Aquel—como dice uno de estos cristianos—, ellos despreciaban la muerte y la superaban” (Daniel T. Taylor, The Reign of Christ on Earth or the Voice of the Church in all Ages, pp. 33).

Estaban dispuestos a bajar a la tumba, a fin de que pudiesen “resucitar libertados”.Esperaban al “Señor que debía venir del cielo entre las nubes con la gloria de su Padre”, “trayendo para los justos el reino eterno”. Los valdenses acariciaban la misma fe. Wiclef aguardaba la aparición del Redentor como la esperanza de la iglesia.

En la isla peñascosa de Patmos, el discípulo amado oyó la promesa: “Ciertamente vengo en breve”. Y su anhelante respuesta expresa la oración que la iglesia exhaló durante toda su peregrinación: ¡“Ven, Señor Jesús”! Apocalipsis 22.
Salvación en toda tormenta.

La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre segun el orden de Melquisedec. Hebreos 6:19, 20.

Delante de nosotros ha sido colocada la esperanza, la esperanza de la vida eterna. Nada menos que eso satisfará a nuestro Redentor, pero depende de nosotros aferrarnos de esa esperanza por fe en Aquel que ha prometido.

 Quizá tengamos que sufrir, pero los que son participantes con él en sus sufrimientos, participarán con él en su gloria. El ha comprado el perdón y la inmortalidad para las almas pecadoras de los hombres que perecen, pero depende de nosotros el recibir esos dones por fe.

 Creyendo en él, tenemos esta esperanza como un ancla del alma, segura y firme. Hemos de comprender que podemos esperar confiadamente el favor de Dios no solo en este mundo, sino en el mundo celestial, puesto que Cristo ha pagado tal precio por nuestra salvación.

La fe en la expiación e intercesión de Cristo nos mantendrá firmes e inconmovibles en medio de las tentaciones que oprimen a la iglesia militante.Contemplemos la gloriosa esperanza que es puesta ante nosotros, y aferrémonos de ella por fe.

No ganamos el cielo por nuestros méritos, sino por los méritos de Cristo... No se centralice vuestra esperanza en vosotros mismos, sino en Aquel que ha entrado dentro del velo.

Es cierto que estamos expuestos a grandes peligros morales; es cierto que estamos en peligro de ser corrompidos. Pero este peligro solo nos amenaza si confiamos en el yo y miramos no más arriba de nuestros propios esfuerzos humanos. Al hacer esto, provocaremos el naufragio de la fe.

En Cristo se centraliza nuestra esperanza de vida eterna...Nuestra esperanza es un ancla para el alma, segura y firme, cuando entra dentro del velo, pues el alma zamarreada por la tempestad se convierte en participante de la naturaleza divina.


La salvaguardia del cristiano.

Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos. Efesios 6:18.

En este tiempo hay un amor febril por el placer, un terrible aumento del libertinaje y un desprecio de la autoridad. No solo los mundanos sino también los cristianos profesos, son gobernados por las inclinaciones antes que por el deber. Las palabras de Cristo repercuten a través de los siglos: “Velad y orad”. Mateo 26:41.

La vigilancia se necesita ahora más que nunca antes en la historia de la humanidad. Hay que apartar los ojos de la vanidad. Hay que desaprobar decididamente la ilegalidad que predomina en esta época. Que nadie piense que no está en peligro.

Mientras viva Satanás, desplegará esfuerzos constantes e incansables para lograr que el mundo sea más malvado que antes del diluvio, y tan licencioso como eran los habitantes de Sodoma y Gomorra. Los que temen a Dios deberían orar diariamente para que él preserve sus corazones de los deseos pecaminosos, y fortalezca sus almas para que resistan la tentación.

Los que confiados en sus propias fuerzas no creen que es necesario velar, están al borde de una humillante caída.Todos los que no sientan la importancia de proteger resueltamente sus afectos, serán cautivados por los que practican el arte de entrampar y descarriar a los desprevenidos.

Los hombres pueden tener un conocimiento de las cosas divinas, y una habilidad para llenar un lugar importante en la obra de Dios, sin embargo, a menos que tengan una fe sencilla en su Redentor, serán entrampados y vencidos por el enemigo.

Hay mucha falta de poder moral debido a que se ha descuidado el deber de velar y orar. Por eso tantos que manifiestan una forma de piedad no producen las obras correspondientes.

Una descuidada indiferencia y una seguridad carnal concerniente a los deberes religiosos y las cosas eternas, prevalecen en un grado alarmante. La Palabra de Dios exhorta a orar siempre y velar con toda perseverancia.


La preparación para encontrarse con Jesús.

Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados. 1 Juan 2:28.

Únicamente por el conocimiento de Dios aquí podemos prepararnos para encontrarnos con él en su venida... En sus lecciones y en sus poderosas obras, Cristo es una perfecta revelación de Dios. Este Cristo declara mediante el inspirado evangelista: “A Dios nadie lo vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Juan 1:18.“Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”. Mateo 11:27.

Estas palabras muestran la importancia del estudio del carácter de Cristo. Únicamente por el conocimiento de Cristo podemos conocer a Dios.

Como nuestro representante, Cristo permanece en el fundamento más elevado posible. Cuando vino al mundo como mensajero de Dios, retuvo la salvación de Dios en su mano. Toda la humanidad fue liberada por él, porque en él estaba la plenitud de la Divinidad... Tan plenamente reveló Cristo al Padre, que los mensajeros enviados por los fariseos a tomarlo quedaron encantados por su presencia...

Cuando contemplaron la suave luz de la gloria de Dios que envolvía su persona, cuando escucharon las bondadosas palabras que brotaban de sus labios, lo amaron. Y cuando ... los fariseos les preguntaron: “¿Por qué no le habéis traído?”, respondieron: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” Juan 7:45, 46.

Al contemplar a Cristo, seremos cambiados a su imagen, y hechos aptos para encontrarnos con él en su venida. Ahora es el momento de prepararse para la venida de nuestro Señor.

 La preparación para encontrarlo no puede lograrse en un momento. La preparación para este acontecimiento solemne debe ser de vigilante espera, combinada con trabajo ferviente.ELC 252.4


                            Luchando contra la corriente.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.Lucas 13:23, 24.

Cuando leemos que muchos procurarán entrar y no podrán, deseamos comprender lo que debemos hacer para tener éxito.Esta es una triste declaración, que haya quienes fracasarán en entrar por la puerta angosta porque buscaron entrar y no seesforzaron.

Estamos en un mundo donde el pecado y la iniquidad prevalecen, y necesitamos saber lo que debemos hacer para heredar la vida. A ninguno de nosotros nos conviene perder el gran premio que es presentado ante el vencedor.

Una solemne y grande responsabilidad descansa sobre nosotros los que profesamos obedecer los mandamientos de Dios: mostrar al mundo que nos rodea que estamos encaminando nuestros pasos hacia el cielo.

Debemos avanzar hacia la meta del premio de nuestra soberana vocación en Cristo Jesús. No podemos permanecer en indiferente resistencia y todavía alcanzar el premio.

Hemos de crecer hasta alcanzar toda la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús, y así estaremos levantando un templo precioso para el Señor. Dice él: “Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”. 2 Corintios 6:16... Lo que necesitamos es el Espíritu de Dios en nuestras almas.

Necesitamos poner nuestros rostros constantemente hacia el cielo. Y cuando vemos en nosotros que el pecado está luchando por el predominio, entonces debemos esforzarnos.

El misericordioso Salvador permanece precisamente a vuestro lado para ayudaros. Desea enviar cada ángel de gloria mientras lucháis para vencer el pecado, de modo que Satanás no pueda tener la victoria sobre vosotros... El tierno Redentor conoce exactamente cómo ayudarnos en cada uno de nuestros esfuerzos.ELC 265.6

                              Jesús ilumina el camino.

Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. 1 Pedro 5:7.

No llevéis vuestras pruebas a seres humanos. Llevadlas al Señor. Podéis pensar que otros deben simpatizar con vosotros en vuestras pruebas, pero algunas veces seréis chasqueados.Jesús nunca defrauda al que viene a él por ayuda. Él os está diciendo hoy: “Venid a mí, ... y yo os haré descansar”. Mateo 11:28. El os dará descanso.

 Nadie que venga a él se va sin ser ayudado. Llevad vuestras cargas al divino Llevador de las cargas y dejadlas con él, sabiendo que las llevará por vosotros.Él es el Cristo, el Único que lleva los pecados del mundo. Os tomará bajo su vigilante cuidado, pues os ama.

Haced vuestra parte en ayudaros a vosotros mismos, como todos tienen que hacer para que puedan ser bendecidos. No os detengáis en las penalidades de la vida cristiana. No habléis de vuestras pruebas...

No pronunciéis una palabra desalentadora, pues tales palabras agradan a Satanás. Hablad de la bondad de Dios y contad de su poder. Las palabras de esperanza y confianza y valor son tan fáciles de pronunciar como las de queja.

Cuando el enemigo os diga que el Señor os ha abandonado, decidle que sabéis que no lo ha hecho, pues declara: “No te desampararé, ni te dejaré”. Hebreos 13:5.

No hay límite a la ayuda que el Salvador está dispuesto a concedernos. Él nos invita a llevar en nuestras vidas la gracia que nos guardará del pecado. Desde la cruz del Calvario nos llegan libertad, esperanza y fortaleza. No deshonréis a vuestro Redentor dudando de su poder. Confiad en él siempre.

Apoderaos de las riquezas de su gracia, diciendo: “Creeré, creo que Jesús murió por mí”. El camino ante vosotros puede parecer oscuro, pero Jesús puede hacerlo luminoso.

Gozaos en Dios... Mañana, mediodía y noche vuestros corazones pueden ser llenados con los brillantes rayos de la luz del cielo.
Atrévete a ser diferente.

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo.Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 1 Juan 2:15. 

Los que pretenden conocer la verdad y comprender la gran obra que debe hacerse en este tiempo deben consagrarse a Dios en alma, cuerpo y espíritu. En el corazón, en la vestimenta, en el lenguaje, en todo respecto deben estar apartados de las modas y prácticas del mundo. 

Deben ser un pueblo peculiar y santo. No es su vestimenta lo que los hace peculiares, sino porque ellos son un pueblo peculiar y santo, no pueden llevar las señales de la semejanza al mundo.

Muchos que se creen estar yendo al cielo, están cegados por el mundo. Sus ideas de lo que constituye una religión y una disciplina religiosas son vagas... 

Hay muchos que no tienen esperanza inteligente y están corriendo un grave riesgo al practicar las mismas cosas que Jesús enseñó que no debían hacer en comer, beber, vestir y atarse con el mundo en una variedad de formas. Todavía deben aprender la seria lección tan importante para el crecimiento en espiritualidad, de salir del mundo y estar separados. 

El corazón está dividido, la mente carnal apetece la conformidad, la similitud al mundo en tantas maneras que la señal de distinción del mundo apenas puede verse.

 El dinero, el dinero de Dios, se gasta para dar una apariencia según las costumbres del mundo; la experiencia religiosa está contaminada con mundanalidad, y la evidencia del discipulado—la semejanza a Cristo en abnegación y en llevar la cruz—no es discernible para el mundo o por el universo del cielo.

[La separación del mundo] no es la obra de un momento o de un día; no se hace inclinándose en el altar familiar ofreciendo un servicio nominal... Es la obra de toda una vida. El amor a Dios debe ser un principio viviente que fundamente cada palabra, acto y pensamiento.

                                      Lo que hace la oración.



Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe. Hebreos 10:22.

No puede haber verdadera oración sin verdadera fe.“Sin fe es imposible agradar a Dios”. Hebreos 11:6. La oración y la fe son los brazos por medio de los cuales el alma se abraza del amor infinito, y se toma de la mano del poder celestial. Dios no acepta hijos mudos, en lo que a su experiencia con respecto a la verdad se refiere. La fe es un poder activo y dinámico.

La fe en Cristo, cuando comienza a manifestarse, se revela mediante la oración y la alabanza. La oración es un alivio y un consuelo para el alma perturbada. El alma sincera y humilde que suplica ante el trono de la gracia, puede saber que está en comunión con Dios por medio de los instrumentos divinamente señalados, y tiene el privilegio de comprender qué es Dios para el creyente.

Debemos entender cuáles son nuestras necesidades. Debemos tener hambre y sed de la vida en Cristo y por medio de Cristo.Entonces acudiremos a él con humildad y sinceridad, y nos otorgará la fe que obra por el amor y purifica el alma.

Cristo se entregó a sí mismo voluntaria y alegremente para cumplir el propósito de Dios “haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Filipenses 2:8. En vista de que ha hecho todo esto, ¿nos costará mucho negarnos a nosotros mismos?

¿Evitaremos participar de los sufrimientos de Cristo?Su muerte debiera sacudir cada fibra de nuestro ser, disponiéndonos a consagrar a su obra todo lo que tenemos y somos.

Al pensar en lo que ha hecho por nosotros, nuestros corazones se debieran llenar de gratitud y amor, y debiéramos renunciar a todo egoísmo y pecado. ¿Qué deber podría dejar de cumplir el corazón, si toma en cuenta la influencia constrictiva del amor a Dios y a Cristo? “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Gálatas 2:20.

Relacionémonos con Dios mediante una obediencia señalada por la abnegación y el sacrificio. La fe en Cristo siempre conduce a una obediencia voluntaria y alegre. Murió para redimirnos de toda iniquidad, y purificar para sí mismo un pueblo peculiar, celoso de buenas obras. Debe haber perfecta conformidad en pensamientos, palabras y obras, a la voluntad de Dios. El cielo es sólo para los que han purificado su alma mediante la obediencia a la verdad.*
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                                            Invencibles.


La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella. Proverbios 10:22.

Cuando en su angustia Jacob se asió del Ángel y le suplicó con lágrimas, el Mensajero celestial, para probar su fe, le recordó también su pecado y trató de librarse de él. Pero Jacob no se dejó desviar. Había aprendido que Dios es misericordioso, y se apoyó en su misericordia.

 Se refirió a su arrepentimiento del pecado, y pidió liberación. Mientras repasaba su vida, casi fue impulsado a la desesperación; pero se aferró al Ángel, y con fervientes y agonizantes súplicas insistió en sus ruegos, hasta que prevaleció.

Tal será la experiencia del pueblo de Dios en su lucha final con los poderes del mal. Dios probará la fe de sus seguidores, su constancia, y su confianza en el poder de él para librarlos.

Satanás se esforzará por aterrarlos con el pensamiento de que su situación no tiene esperanza; que sus pecados han sido demasiado grandes para alcanzar el perdón. Tendrán un profundo sentimiento de sus faltas, y al examinar su vida, verán desvanecerse sus esperanzas.

 Pero recordando la grandeza de la misericordia de Dios, y su propio arrepentimiento sincero, pedirán el cumplimiento de las promesas hechas por Cristo a los pecadores desamparados y arrepentidos. Su fe no faltará porque sus oraciones no sean contestadas en seguida. Se asirán del poder de Dios, como Jacob se asió del Ángel, y el lenguaje de su alma será: “No te dejaré, si no me bendices”. Génesis 32:26.

La historia de Jacob es una promesa de que Dios no desechará a los que fueron arrastrados al pecado, pero que se han vuelto al Señor con verdadero arrepentimiento. Por la entrega de sí mismo y por su confiada fe, Jacob alcanzó lo que no había podido alcanzar con su propia fuerza.

 Así el Señor enseñó a su siervo que sólo el poder y la gracia de Dios podían darle las bendiciones que anhelaba. Así ocurrirá con los que vivan en los últimos días. Cuando los peligros los rodeen, y la desesperación se apodere de su alma, deberán depender únicamente de los méritos de la expiación. Nada podemos hacer por nosotros mismos.

 En toda nuestra desamparada indignidad, debemos confiar en los méritos del Salvador crucificado y resucitado.Nadie perecerá jamás mientras haga esto.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 199-201.

                           Los fundamentos de la salvación.



Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz. Efesios 5:8.

El que mandó que la luz resplandeciera en medio de las tinieblas, arroja luz sobre la mente de todos los que quieran considerarlo como corresponde, amándolo supremamente, y manifestando una fe y una confianza inquebrantables en él.

Su luz alumbra las cámaras de la mente y el templo del alma. El corazón se llena con la luz del conocimiento de la gloria que brilla en el rostro de Jesucristo. Y con esa luz viene el discernimiento espiritual.

Al ceder voluntariamente a la evidencia de la verdad, y al caminar en la luz que alumbra nuestra senda, recibimos aún más luz. Mediante el poder de la manifestación de la gloria divina, constantemente progresamos en nuestra comprensión espiritual.

El conocimiento de la verdad que tenía Cristo era directo, positivo, sin sombras. Mientras más conozca el hombre a Jesucristo, más cuidadoso será para tratar con respeto, cortesía y corrección a sus semejantes.

Ha aprendido de Cristo y sigue su ejemplo en palabra y acción. Por fe está unido con Cristo.“Nosotros somos colaboradores de Dios”. 1 Corintios 3:9.

Cristo oró para que se manifestara unidad entre sus seguidores. Esta unidad es la evidencia que debe convencer al mundo de que Dios envió a su Hijo para salvar a los pecadores.Servimos a Cristo al manifestar un amor mutuo verdadero, puro y santo.

 Los que han sido elegidos para relacionarse con las instituciones del Señor, deben ser hombres consagrados, abnegados, con espíritu de sacrificio, que vivan no para complacerse a sí mismos, sino al Maestro. Estos son los hombres que honrarán las instituciones del Señor.

Un conocimiento de Dios y de Cristo es positivamente esencial para la salvación. Perdemos mucho cada día si no aprendemos más de la mansedumbre y la humildad de Cristo. Los que aprenden de Cristo obtienen la educación más elevada. Por medio de la fe y la dependencia de la gracia salvadora de Cristo, crecen en conocimiento y sabiduría. Aman y alaban al Señor.

Los que lleguen a ser salvos deben preocuparse en esta vida de que cada día reciban la gracia de Dios, no para atesorarla con egoísmo, sino para impartirla a fin de que sea bendición para los que se relacionan con ellos, para ayudarlos a educarse en las cosas espirituales.

                                            Mudar el corazón.



Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.Ezequiel 36:26.

Cuando Jesús habla del nuevo corazón, se refiere a la mente, la vida, todo el ser. Experimentar un cambio de corazón significa apartarnos de los afectos del mundo y aferrarnos de Cristo. Tener un nuevo corazón significa tener una nueva mente, nuevos propósitos, nuevos motivos. ¿Cuál es la señal de un corazón nuevo?: una vida transformada. Hay una muerte diaria, constante, al egoísmo y al orgullo.

Los apetitos y las pasiones que pretenden ser complacidos, pisotean la razón y la conciencia. Esta es la cruel obra de Satanás, y él está aplicando constantemente los esfuerzos más decididos para fortalecer las cadenas mediante las cuales ha aherrojado a sus víctimas. Los que se han pasado toda la vida complaciendo hábitos erróneos, no siempre comprenden la necesidad de un cambio...

Avivemos la conciencia y mucho se ganará. Nada fuera de la gracia de Dios puede convencer y convertir el corazón; sólo así pueden los esclavos de la costumbre obtener el poder necesario para quebrantar los grillos que los aprisionan.

El que se complace a sí mismo debe ser inducido a comprender y sentir que necesita una gran renovación moral si ha de hacer frente a los requerimientos de la ley divina; el templo del alma ha sido contaminado, y Dios requiere de ellos que se levanten y luchen con todas sus fuerzas para volver a obtener la virilidad dada por Dios que fue sacrificada por medio de la complacencia pecaminosa.

¡Oh, qué rayos de amabilidad y belleza se desprendían de la vida diaria de nuestro Salvador! ¡Qué dulzura emanaba de su misma presencia! El mismo espíritu se revelará en sus hijos.Aquellos con quienes mora Cristo serán rodeados de una atmósfera divina. Sus blancas vestiduras de pureza difundirán la fragancia del jardín del Señor.

Sus rostros reflejarán la luz de su semblante, que iluminará la senda para los pies cansados e inseguros.—El Discurso Maestro de Jesucristo, 110. 
                                           Llevando nuestra cruz.



Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día y sígame.Lucas 9:23.

“El fundamento del plan de salvación descansa en el sacrificio. Jesús dejó las cortes reales y se hizo pobre para que por su pobreza nosotros fuesemos enriquecidos. Todos los que participan de esta salvación comprada para ellos por el Hijo de Dios a un sacrificio tan infinito, seguirán el ejemplo del verdadero modelo. Cristo fue la principal piedra del ángulo y nosotros debemos edificar sobre este fundamento.

Todos deben tener un espíritu de abnegación y sacrificio. La vida terrenal de Cristo fue muy abnegada; estuvo señalada por la humillación y el sacrificio. Y los hombres, participantes de la gran salvación que Jesús vino a traerles ¿rehusarán seguir a su Señor y compartir su abnegación y sacrificio?

¿Es el siervo mayor que su Señor? ¿El Redentor del mundo practicará la abnegación y el sacrificio en nuestro favor mientras los miembros del cuerpo de Cristo practican la indulgencia propia? La abnegación es una condición esencial del discipulado.”

“La cruz y la abnegación señalan la senda de todo seguidor de Cristo. La cruz borra las inclinaciones naturales y la voluntad natural.”

“Sigamos al Salvador en su sencillez y abnegación.Levantemos al Hombre del Calvario por nuestras palabras y una vida santa.”
                                        Nuestra fortaleza y seguridad.



Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.Efesios 6:10.

Muchos son espiritualmente débiles porque se miran a sí mismos en lugar de mirar a Cristo... Cristo es el gran almacén del cual podemos extraer en cada ocasión fortaleza y felicidad.¿Por qué, entonces, apartamos los ojos de su suficiencia para contemplar nuestra debilidad y lamentarnos por ella? ¿Por qué nos olvidamos de que él está listo para ayudarnos en todo momento de necesidad? Lo deshonramos cuando hablamos de nuestra ineficiencia.

En lugar de mirarnos a nosotros mismos, contemplemos constantemente a Jesús, siendo cada día más semejantes a él, más y más capaces de hablar de él, mejor preparados para aprovecharnos de su bondad y su auxilio, y para recibir las bendiciones que nos ofrece. Al vivir así en comunión con él nos fortaleceremos con su fuerza, y seremos de ayuda y bendición para quienes nos rodean.

Cristo ha hecho toda provisión para que seamos fuertes. Nos ha dado su Espíritu Santo, cuyo oficio es recordarnos todas las promesas que Cristo ha hecho, para que tengamos paz y una dulce sensación de perdón.

 Si tan sólo mantenemos los ojos fijos en el Salvador y confiamos en su poder, seremos llenados de una sensación de seguridad, pues la justicia de Cristo llegará a ser nuestra justicia.

Cuando las tentaciones os asalten, como ciertamente ocurrirá, cuando la preocupación y la perplejidad os rodeen, cuando, desanimados y angustiados, estéis a punto de entregaros a la desesperación, mirad, oh, mirad hacia donde visteis con el ojo de la fe por última vez la luz, y la oscuridad que os rodee se disipará a causa del brillo de su gloria.

 Cuando el pecado luche por enseñorearse de vuestra alma y abrume la conciencia, cuando la incredulidad nuble la mente, acudid al Salvador. Su gracia es suficiente para dominar el pecado. El nos perdonará y nos hará gozosos en Dios.—Mensajes para los Jóvenes,

Dios quiere que se expandan nuestras mentes... Hemos de ser uno con Cristo como él es uno con el Padre. Y el Padre nos amará como ama a su Hijo.

Podemos tener la misma ayuda que tuvo Cristo, podemos tener fortaleza para cada emergencia, pues Dios será nuestra vanguardia y nuestra retaguardia. Nos protegerá por todos lados.—Mensajes Selectos 1:486.

                                         ¿Cuánto nos ama Dios?



Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Juan 17:23.

Parecería casi demasiado hermoso creer que el Padre puede y quiere amar a cada miembro de la familia humana como ama a su Hijo. Pero tenemos la seguridad de que es así, y esta seguridad debería traer gozo a cada corazón, despertar la reverencia más elevada y provocar una gratitud indecible. El amor de Dios no es incierto e irreal, sino una realidad viviente.

El Creador de todos los mundos se propone amar a los que creen en su Hijo unigénito como su Salvador personal, así como él ama a su Hijo. Aun aquí y ahora se extiende su bondadoso favor sobre nosotros en esta maravillosa medida...

Además de todo lo que nos ha prometido para la vida venidera, también nos extiende magníficos regalos en esta vida, y como súbditos de su gracia él quisiera que gozáramos de todo lo que ennoblece, amplía y eleva nuestros caracteres. Su plan es hacernos idóneos para los lugares celestiales.

En la vida del hombre deben hacerse muchas cosas sagradas y seculares, algunas en los negocios, algunas en el ministerio de la Palabra y otras en las diferentes ocupaciones; pero cuando un hombre se entrega a Cristo y ama a Dios de todo su corazón, con toda su mente, con toda su alma y con todas sus fuerzas, servirá con una devoción que abarcará su ser entero... Reconocerá quién es el Dueño de sus facultades, el Dueño de todo su ser.Esta consagración revestirá su vida entera de un carácter sagrado que lo hará gentil, amable y cortés.  

 Todo acto de su vida será un acto consagrado. “Santidad a Jehová”, será su lema. Está bajo Cristo, preparándose para el superior grado celestial. En los lugares celestiales.