La fe y las promesas de Dios.

He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá. Habacuc 2:4. 




La fe que fortaleció a Habacuc y a todos los santos y justos de aquellos tiempos de prueba intensa, era la misma fe que sostiene al pueblo de Dios hoy. En las horas más sombrías, en las circunstancias más amedrentadoras, el creyente puede afirmar su alma en la fuente de toda luz y poder. Día tras día, por la fe en Dios, puede renovar su esperanza y valor. “El justo por su fe vivirá”

Debemos apreciar y cultivar la fe acerca de la cual testificaron los profetas y los apóstoles, la fe que echa mano de las promesas de Dios y aguarda la liberación que ha de venir en el tiempo y de la manera que él señaló. La segura palabra profética tendrá su cumplimiento final en el glorioso advenimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, como Rey de reyes y Señor de señores.

Con el profeta que procuró alentar a Judá en un tiempo de apostasía sin parangón, declaremos con confianza: “Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra”. Habacuc 2:20. Recordemos siempre el mensaje animador: “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá”. Habacuc 2:3.* 


Cercados con la misericordia de Dios.

Muchos dolores habrá para el impío; mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia. Salmos 32:10. 


Con frecuencia pensamos que aquellos que sirven a Dios, tienen muchas más dificultades que el incrédulo, y que la senda que se les ha dado para recorrer es áspera... Pero, ¿goza impunemente el pecador de su placer mundano? Oh, no. Hay ocasiones cuando el pecador está terriblemente perturbado.Teme a Dios, pero no lo ama. 

¿Están los malos libres de chascos, perplejidades, pérdidas terrenas, pobreza y dificultades? Muchos de ellos sufren una prolongada enfermedad, y sin embargo no tienen a un Ser poderoso en quien confiar; no tienen la gracia fortalecedora de un poder de lo alto para sostenerlos en su debilidad.

 Confían en su propia fuerza. No tienen consuelo al contemplar el futuro, sino una terrible incertidumbre que los atormenta; y así cierran sus ojos en la muerte, sin encontrar ningún placer al mirar hacia la mañana de la resurrección, porque carecen de una esperanza gozosa que les dé la seguridad de tener parte en la primera resurrección.

El cristiano está sujeto a la enfermedad, a los chascos, a la pobreza, a los vituperios y a las dificultades. Sin embargo, en medio de todo esto, ama a Dios, elige hacer su voluntad, y ninguna cosa aprecia tanto como su aprobación.

 En las pruebas contradictorias y escenas cambiantes de esta vida, él sabe que hay un Ser que conoce todas las cosas; un Ser que escuchará con oídos atentos el clamor de los afligidos y perturbados; un Ser que puede simpatizar con toda tristeza, y mitigar la penetrante angustia de todo corazón.

En medio de toda esta aflicción, el cristiano tiene un poderoso consuelo. Y si Dios permite que sufra una enfermedad larga y perturbadora, antes de cerrar los ojos en la muerte, puede soportar todo con gozo... Contempla el futuro con satisfacción celestial. Un corto reposo en la tumba, y luego el Dador de la vida romperá los sellos del sepulcro, libertará al cautivo y lo levantará de su lecho de polvo, vestido de inmortalidad, para nunca más sufrir dolor, tristeza o muerte. 

¡Oh, cuán admirable es la esperanza del cristiano! Quiero que esta esperanza del cristiano sea la mía. Que también sea la vuestra.* 

Verdades que transforman.

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Hebreos 4:12



Las verdades de la Biblia, atesoradas en el corazón y la mente, y obedecidas en la vida, convencen y convierten el alma, transforman el carácter y consuelan y elevan el corazón... La Palabra hace humilde al orgulloso, hace manso y contrito al perverso, al desobediente lo torna obediente. 

Los hábitos pecaminosos naturales para el hombre están entretejidos en la práctica diaria.Pero la Palabra corta y desecha la concupiscencia, discierne los pensamientos y las intenciones de la mente... y hace que los hombres estén deseosos de sufrir por su Señor.

El servicio por Cristo es algo celestial, santo y bendito. Hay que escudriñar diligentemente la Palabra, porque el ministerio de la Palabra revela las imperfecciones de nuestro carácter y nos enseña que la santificación del Espíritu es una obra ideada por el Cielo, y presenta en Cristo Jesús la verdadera perfección que, si se mantiene, llegará a ser un todo perfecto en beneficio de cada alma.

Si sois cristianos inteligentes, mantendréis la vitalidad religiosa y no seréis desanimados por las dificultades... La verdad es preciosa.Ha provocado cambios importantes en la vida y el carácter, y ha ejercido una influencia dominadora sobre las palabras, el comportamiento, los pensamientos y la experiencia.

 El alma que estima la verdad vive bajo su influencia y siente la tremenda realidad de las cosas eternas. No vive para sí misma, sino para Jesucristo que murió por ella. Para ella, Dios vive y conoce perfectamente sus palabras y acciones.


Esperanza y salvación del mundo.

Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre. Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así Jehová está alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre. Salmos 125:1-2.


Fue la cruz, instrumento de vergüenza y tortura, la que trajo esperanza y salvación al mundo. 

Los discípulos no eran sino hombres humildes, sin riquezas, y sin otra arma que la palabra de Dios; sin embargo en la fuerza de Cristo salieron para contar la maravillosa historia del pesebre y la cruz y triunfar sobre toda oposición.Aunque sin honor ni reconocimiento terrenales, eran héroes de la fe. De sus labios salían palabras de elocuencia divina que hacían temblar al mundo. 

En Jerusalén, donde dominaban los más arraigados prejuicios y las más confusas ideas acerca de Aquel que fuera crucificado como malhechor, los discípulos predicaban valientemente las palabras de vida y exponían a los judíos la obra y la misión de Cristo, su crucifixión, resurrección y ascensión.

 Los sacerdotes y magistrados se admiraban del claro e intrépido testimonio de los apóstoles. El poder del Salvador resucitado investía a los discípulos, cuya obra era acompañada de señales y milagros que diariamente acrecentaban el número de creyentes. 

A lo largo de las calles por donde pasaban los discípulos, el pueblo colocaba sus enfermos “en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, a lo menos su sombra tocase a alguno de ellos”.También eran traídos los afligidos por espíritus inmundos. Las multitudes acudían a los discípulos y los sanados proclamaban las alabanzas de Dios y glorificaban el nombre del Redentor.

Vanos fueron todos los esfuerzos hechos hasta entonces para suprimir la nueva doctrina; pero los saduceos y fariseos resolvieron conjuntamente hacer cesar la obra de los discípulos, pues demostraban su culpabilidad en la muerte de Jesús. Poseídos de indignación, los sacerdotes echaron violentamente mano a Pedro y Juan y los pusieron en la cárcel pública. 

No se intimidaron ni se abatieron los discípulos por semejante trato... El Dios del cielo, el poderoso Gobernador del universo, tomó por su cuenta el asunto del encarcelamiento de los discípulos, porque los hombres guerreaban contra su obra. Por la noche, el ángel del Señor abrió las puertas de la cárcel y dijo a los discípulos: “Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida”.—Los Hechos de los Apóstoles, 64-66. 

Poco antes de su crucifixión, Cristo había dejado a sus discípulos un legado de paz: “La paz os dejo—dijo—, mi paz os doy... Esta paz no es la paz que proviene de la conformidad con el mundo. Cristo nunca procuró paz transigiendo con el mal. 

La que Cristo dejó a sus discípulos es interior más bien que exterior, y había de permanecer para siempre con sus testigos a través de las luchas y contiendas.—Los Hechos de los Apóstoles, 69. 


Poder en las promesas.

No os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. Hebreos 6:12. 


Las Escrituras deben recibirse como palabra que Dios nos dirige, palabra no meramente escrita sino hablada. 

Cuando los afligidos acudían a Cristo, discernía él, no sólo a los que pedían ayuda, sino a todos aquellos que en el curso de los siglos acudirían a él con las mismas necesidades y la misma fe. Al decirle al paralítico: “Confía, hijo; tus pecados te son perdonados”. Mateo 9:2... se dirigía también a otros afligidos, a otros cargados de pecado, que acudirían a pedirle ayuda.

 Así sucede con todas las promesas de la Palabra de Dios.En ellas nos habla a cada uno en particular, y de un modo tan directo como si pudiéramos oír su voz. Por medio de estas promesas, Cristo nos comunica su gracia y su poder. Son hojas de aquel árbol que es “para la sanidad de las naciones”. Apocalipsis 22:2. 

Recibidas y asimiladas, serán la fuerza del carácter, la inspiración y el sostén de la vida. Nada tiene tal virtud curativa.—El Ministerio de Curación, 84, 85.

Dios ama a sus criaturas con un amor que es a la vez tierno y fuerte.El ha establecido las leyes de la naturaleza, pero sus leyes no son imposiciones arbitrarias.

 Todo “no”, ya sea que se aplique a la ley física o moral, contiene o implica una promesa. Si se lo obedece, las bendiciones encaminarán nuestras pisadas; si se lo desobedece, el resultado será peligro e infelicidad.

Las leyes de Dios tienen como propósito que su pueblo viva más cerca de él. Los salvará del mal y los conducirá al bien si se dejan conducir, pero nunca los va a obligar.

Somos demasiado faltos de fe. ¡Oh, cómo desearía que pudiera inducir a nuestros hermanos a tener fe en Dios!

No deben creer que a fin de ejercer fe deben ser acicateados hasta llegar a un alto grado de excitación. Todo lo que tienen que hacer es creer en la Palabra de Dios, así como creen en lo que dicen uno al otro. El lo ha dicho, y cumplirá su Palabra.

 Dependa Ud.tranquilamente de las promesas de Dios, porque él quiere decir precisamente lo que dice. Diga: El me ha hablado en su Palabra, y cumplirá cada promesa que ha hecho.—Mensajes Selectos 1:96, 97. MGD 266.4


Nuestra continua dependencia.

Se sienta Jehová como rey para siempre. Jehová dará poder a su pueblo. Salmos 29:10, 11. 



Debemos depender de continuo del trono de la gracia... En Cristo hay fuerza para nosotros. Él es nuestro Abogado delante del Padre. Envía sus mensajeros a todas partes de su dominio para comunicar su voluntad a su pueblo. 

Anda en medio de sus iglesias. Desea santificar, elevar y ennoblecer a sus discípulos. La influencia de los que creen verdaderamente en él será un sabor de vida en el mundo. 

El tiene las estrellas en su diestra y es su propósito dejar que por intermedio de ellas su luz brille para el mundo.Desea preparar así a su pueblo para un servicio más sublime en la iglesia celestial. Nos ha confiado una gran obra. Hagámosla con exactitud y resolución.

“El cual anda en medio de los siete candeleros de oro”. Apocalipsis 2:1.Este pasaje demuestra la relación que sostiene Cristo con las iglesias. 

Anda en medio de las iglesias por toda la longitud y la anchura de la tierra. Las observa con intenso interés para ver si están en una condición espiritual que les permita hacer progresar su reino. Cristo está presente en toda asamblea de la iglesia. Conoce a todos los que están relacionados con su servicio y a aquellos cuyo corazón puede llenar de aceite santo para que lo impartan a otros. 

Son muy preciosos para Cristo los que realizan fielmente su obra en nuestro mundo y, representando en palabra y obra el carácter de Dios, cumplen el propósito del Señor para con ellos.Cristo se deleita en ellos como un hombre se deleita en un jardín bien cuidado y en la fragancia de las flores que ha plantado.—Joyas de los Testimonios 3:51, 


No hay candelero ni iglesia que resplandezcan por sí mismos. Toda su luz proviene de Cristo. La iglesia del cielo es en la actualidad sólo el complemento de la iglesia de la tierra; pero es más exaltada, más grande, más perfecta.

 La misma iluminación divina debe continuar a través de las edades eternas. El Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su luz. Ninguna iglesia puede tener luz si deja de difundir la gloria que recibe del trono de Dios.


La fe viene por las promesas

Luego la fe es por el oír; y el oír por la palabra de Dios.Romanos 10:17. 

“Las verdades de la Palabra de Dios hacen frente a la gran necesidad práctica del hombre: la conversión del alma por medio de la fe. No ha de pensarse que estos grandes principios son demasiado puros y santos para ser aplicados en la vida diaria.

 Son principios que llegan al cielo y alcanzan la eternidad; y sin embargo, su influencia vital ha de ser entretejida en la experiencia humana. Han de compenetrar todas las grandes y pequeñas cosas de la vida.”

“Dios nos invita a probar por nosotros mismos la realidad de su palabra, la verdad de sus promesas.

Él nos dice: ‘Gustad y ved que Jehová es bueno.’ En vez de depender de las palabras de otro, tenemos que probar por nosotros mismos. Dice: ‘Pedid y recibiréis.’ Sus promesas se cumplirán. Nunca han faltado; nunca pueden faltar.”—El Camino a Cristo, 85. 

“Nuestro Salvador quiere que os mantengáis en íntima relación con él para que pueda haceros felices.Cuando Cristo derrama sus bendiciones sobre nosotros debemos ofrecer agradecimiento y alabanzas a su santo nombre.

 Pero, diréis, ¡si tan sólo pudiera saber que él es mi Salvador! ¿Qué clase de evidencia queréis? ¿Queréis sentir una emoción especial para probar que Cristo es vuestro? ¿Es esta una evidencia más sólida que la fe pura en la promesa de Dios? ¿No sería mejor tomar las benditas promesas de Dios y aplicarlas a vuestra vida depositando toda vuestra confianza en ellas? Esto es fe.”
Dios protege a los suyos.

No consintió que nadie los agraviase, y por causa de ellos castigó a los reyes. No toquéis, dijo, a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas. Salmos 105:14, 15. 



Es mediante pruebas estrictas y reveladoras como Dios disciplina a sus siervos. El ve que algunos tienen aptitudes que pueden usarse en el progreso de su obra, y los somete a pruebas. 

En su providencia, los coloca en situaciones que prueban su carácter, y revelan defectos y debilidades que estaban ocultos para ellos mismos. Les da la oportunidad de corregir estos defectos, y de prepararse para su servicio. 

Les muestra sus propias debilidades, y les enseña a depender de él; pues él es su única ayuda y salvaguardia. Así se alcanza su propósito. Son educados, adiestrados, disciplinados y preparados para cumplir el gran propósito para el cual recibieron sus capacidades.
Conflicto y valor.

Hoy es el día de salvación.

En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. 2 Corintios 6:2. 



¡Cuán agradecidos debiéramos estar de que todavía no sea demasiado tarde para corregir las equivocaciones! Es nuestro solemne deber revelar el amor a Dios no solamente en nuestras palabras sino también en hechos y en verdad. 

En este tiempo, Dios llama a obreros capaces, dispuestos a permanecer del lado del Obrero principal. 

Debemos tener la verdad en el corazón y amor por Cristo. “Si alguno quiere venir en pos de mí”, dice El, “niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Marcos 8:34. Cada uno tiene una obra individual que realizar en negarse a sí mismo y obrar su propia salvación con temor y temblor.

Toda alma que se coloca del lado de Cristo será tentada con todo el poder de la influencia seductora de Satanás.La gracia de Dios puede renovar su corazón, fortificarlo para enfrentar la tentación, y darle el anhelo ferviente de tener el Espíritu Santo. Puede limpiarlo en la sangre del Cordero. 

Su alma y la de su familia valen más que todas las ganancias de este mundo.Necesita que la vida espiritual de la Palabra de Dios se renueve día a día en Ud. Necesita caminar humildemente con Dios.

Pronto será vindicada la justicia de Dios delante del Universo. Su justicia requiere que el pecado sea castigado; pero su misericordia hace posible que éste sea perdonado mediante el arrepentimiento y la confesión. 

El perdón puede obtenerse solamente por medio de su Hijo unigénito; sólo Cristo puede expiar el pecado, y únicamente cuando el pecador se arrepiente y lo abandona. El hombre cortó su conexión con Dios y su alma quedó paralizada y débil por el veneno mortal del pecado. 

Pero hubo un tiempo cuando se proclamó en las cortes celestiales: ¡He encontrado la redención! Se dio una vida divina como rescate por el hombre; Uno igual al Padre llegó a ser el sustituto del ser humano. 

Tan ingeniosos son los planes que Satanás coloca para engañar y pervertir, que las mismas bendiciones que recibimos en la vida espiritual pueden transformarse en lazos. 

Mediante el mismo razonamiento falso por el cual engañó a Adán y Eva en el Jardín del Edén, Satanás trata de cambiar las bendiciones que Dios nos envía para nuestro bien, en trampas y en una maldición. Procura inducir a los hombres a usar los dones de Dios como armas en contra del Dador. 

Dios dio a su Hijo unigénito a la raza humana para que el hombre pudiera llegar a ser partícipe de la naturaleza divina mediante la aceptación del remedio provisto para el pecado y permitiendo que la gracia divina obre en su vida. El poder de la Divinidad obrando en la humanidad puede colocar al hombre en una relación correcta con Dios. 

El hombre caído que se aferra del poder divino puesto a su alcance puede llegar a ser uno con Dios. La vida eterna es una bendición que Cristo vino a dar al mundo.
Aunque erramos somos amados.

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 1 Juan 2:1.

Los que están en relación con Dios son canales del poder de su Santo Espíritu. Si alguno que experimenta la comunión con el Omnipotente voluntariamente se sale del sendero, no será por haber pecado, sino como consecuencia de no tener la vista siempre fija en Jesús.

Sin embargo, el hecho de que haya cometido algún error no lo hace menos querido por Dios, porque cuando el creyente toma conciencia de su falta, regresa, y vuelve a fijar sus ojos en Cristo.

Sabe que está en comunión con su Salvador, y cuando es reprochado por su equivocación en un asunto de juicio, no camina de mal humor quejándose de Dios, sino que transforma su error en una victoria.Aprende la lección de las enseñanzas de su Maestro, y presta más atención para no ser engañado nuevamente.

Los que aman verdaderamente a Dios en su interior sienten la reciprocidad del afecto divino, y saben que están en comunión con Cristo porque su corazón arde por efecto del amor ferviente que los une a él. [Entonces]

La verdad para este tiempo es creida con toda confianza.Pueden decir con certeza: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones”. 2 Pedro 1:16, 19.

La vida interior se manifiesta por la conducta.

 Permita que la Palabra de Dios testifique a favor del discípulo que Dios envió con un mensaje para estos últimos tiempos, con el fin de preparar a un pueblo que pueda permanecer en el día del Señor.“¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!” Isaías 52:7.

La sabiduría del así llamado intelectual no es confiable, a menos que haya aprendido en la escuela de Cristo.

El hombre, en su supuesta sabiduría, puede inventar teorías y sistemas filosóficos a las que el Señor califica como vanas y necias: “Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres”. 1 Corintios 1:25. “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”.Gálatas 6:14.

Dios es amor.

El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor. 1 Juan 4:8. 


“‘Dios es amor.’ Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre y lo serán para siempre.

“Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito.”—Historia de los Patriarcas y Profetas, 11. 


“Por su poder el verano y el invierno, el tiempo de sembrar y de recoger, el día y la noche siguen el uno al otro en su sucesión regular. 

Es por su palabra como florece la vegetación y aparecen las hojas y las flores se llenan de lozanía. Todo lo bueno que tenemos, cada rayo de sol y cada lluvia, cada bocado de alimento, cada momento de la vida, es un regalo de amor.”—El Discurso Maestro de Jesucristo.

“La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado es también una demostración del inmutable amor de Dios.”—Historia de los Patriarcas y Profetas, 11. 

“Dios otorgó al mundo el don maravilloso de su Hijo unigénito. 

A la luz de este hecho, ningún habitante de los otros mundos podrá decir que Dios podía haber hecho más de lo que hizo para demostrar su amor hacia los hijos del hombre. Realizó un sacrificio que desafía todo cómputo.”

“Dios es un Dios de verdad. La justicia y la misericordia son los atributos de su trono. Es un Dios de amor, de bondad y de tierna compasión. Así está representado por su Hijo nuestro Salvador. Es un Dios de paciencia y longanimidad. 

Si así es el ser a quien adoramos y cuyo carácter procuramos imitar, entonces estamos adorando al verdadero Dios.”—FV 61.7


La grandeza de la humildad.

Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Filipenses 2:8. 



Cristo vino a este mundo con el exclusivo propósito de manifestar la gloria de Dios, para que el hombre pudiera ser elevado por su poder restaurador. Le fueron dados todo poder y gracia. Su corazón era un manantial de agua viviente, una fuente inagotable, siempre lista para fluir en raudales ricos y claros hasta los que la rodeaban.

 Empleó toda su vida en una benevolencia pura y desinteresada. Sus propósitos estuvieron llenos de amor y simpatía. Se regocijaba al poder hacer más por sus seguidores de lo que ellos podían pedir o pensar. 

Su constante oración por ellos fue que fueran santificados por la verdad, y oró con certeza, sabiendo que antes de que existiera el mundo se había promulgado un decreto todopoderoso. Sabía que el evangelio del reino sería predicado en todo el mundo; que la verdad, armada con la omnipotencia del Espíritu Santo, vencería en la lucha con el mal; y que el estandarte ensangrentado flamearía triunfante un día sobre sus seguidores. 

Sin embargo, Cristo vino con gran humildad. Cuando estuvo aquí, no se agradó a sí mismo, sino “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

De la raíz de la verdadera humildad surge la más preciosa grandeza mental: grandeza que lleva a los hombres a conformarse a la imagen de Cristo. Los que poseen esta grandeza ganan paciencia y confianza en Dios. Su fe es invencible. Su verdadera consagración y dedicación mantienen oculto al yo. 

Las palabras que salen de sus labios se modelan en forma de expresiones de ternura y amor semejantes a Cristo.Comprendiendo su propia debilidad, aprecian la ayuda que les da el Señor, y anhelan su gracia para poder hacer lo que es correcto y leal. Por su comportamiento, su actitud y su espíritu, llevan consigo las credenciales de estudiantes en la escuela de Cristo.


Llenad la mente de la verdad.

Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. 2 Pedro 1:4. 


Llenar la mente de la verdad divina es el deber de cada hijo de Dios; y mientras más lo haga, tendrá más fortaleza y claridad de mente para captar las cosas profundas de Dios. Y en la medida que los principios de verdad se desarrollan en su vida diaria, será hecho cada vez más serio y vigoroso. 

Lo que bendecirá a la humanidad es la vida espiritual. El que está en armonía con Dios, dependerá constantemente de él para obtener fortaleza. “Sed vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.

 La obra de nuestra vida debería consistir en avanzar constantemente para alcanzar la perfección del carácter cristiano, esforzándonos siempre por conformarnos a la voluntad de Dios.Los esfuerzos iniciados en la tierra continuarán por toda la eternidad.Los adelantos hechos aquí nos pertenecerán cuando entremos en la vida futura. 

Los que son participantes de la humildad, la pureza y el amor de Cristo, se gozarán en Dios, y esparcirán luz y alegría a todo su alrededor. 

El pensamiento de que Cristo murió para conseguirnos el don de la vida eterna, basta para poner de manifiesto en nuestro corazón la gratitud más sincera y ferviente, y obtener de nuestros labios la alabanza más entusiasta. 

Las promesas de Dios son ricas, plenas y gratuitas. Cualquiera que, en la fortaleza de Cristo, cumpla con los requisitos, podrá reclamar estas promesas con toda su riqueza de bendición como propias. 

Y al recibir abundante provisión del almacén de Dios, podrá, en el viaje de la vida, “andar como es digno del Señor, agradándole en todo”, bendiciendo a sus semejantes y honrando a Dios con su ejemplo piadoso. 

Mientras nuestro Salvador previene a sus seguidores con la advertencia: “Sin mí nada podéis hacer”, ha unido a ella para nuestro estímulo la grata seguridad de que “el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto”.


El sábado apunta hacia el creador, exaltad a Jesús como el creador.

En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Éxodo 31:13. 



El sábado fue dado a la humanidad entera para conmemorar la obra de la creación. Después de colocar los fundamentos de la tierra, después de vestir al mundo entero con su manto de hermosura, y de crear todas las maravillas de la tierra y el mar, el gran Jehová instituyó el día sábado y lo santificó. Cuando cantaban juntas las estrellas del alba, y todos los hijos de Dios daban voces de júbilo, el sábado fue apartado como un monumento divino. Dios santificó y bendijo el día durante el cual reposó de toda su obra admirable. 

Y este sábado, santificado por Dios, debía guardarse como un pacto perpetuo.Era un monumento conmemorativo que debía perdurar durante todas las edades, hasta el fin de la historia terrenal. 

Dios rescató a los hebreos de su esclavitud egipcia, y les ordenó observar su sábado, y guardar la ley que había sido dada en el Edén. Realizó un milagro cada semana, con el fin de establecer en sus mentes el hecho de que al comienzo del mundo había instituido su sábado.

Hay quienes sostienen que el sábado fue dado únicamente para los judíos; pero Dios nunca dijo esto. Le confió su sábado a su pueblo Israel como un depósito sagrado; pero el mismo hecho de que eligiera el desierto de Sinaí, y no Palestina, para proclamar su ley, revela que su propósito era dársela a toda la humanidad. 

La ley de los Diez Mandamientos es tan antigua como la creación. Por lo tanto, la institución del sábado no tiene ninguna relación especial con los judíos, que no tenga con todos los demás seres creados. Dios ha hecho que la observancia del sábado sea obligatoria para todos los seres humanos. 

“El sábado—se dice claramente—fue hecho para el hombre”. Por lo tanto, que cada persona que se encuentra en peligro de ser engañada en este punto escuche la Palabra de Dios en vez de las aseveraciones humanas. 

En el Edén, Dios le dijo a Adán acerca del árbol del conocimiento: “El día que de él comieres, ciertamente morirás”.“Entonces la serpiente dijo a la mujer: no moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”. Génesis 2:17;3:4-5. Adán obedeció la voz de Satanás que le hablaba a través de su esposa; le creyó a una voz diferente de la que había promulgado la ley en el Edén.

Así como el árbol del conocimiento constituyó la prueba para la obediencia de Adán, la observancia del cuarto mandamiento es la prueba que Dios ha establecido para probar la lealtad de todo su pueblo. 

La experiencia de Adán seguirá siendo una amonestación para nosotros mientras el tiempo perdure. Nos advierte que no recibamos ninguna instrucción de la boca de seres humanos ni de ángeles, que nos aparte una jota o una tilde de la sagrada ley de Jehová.


Mirando a Cristo.

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. 2 Corintios 3:18. 


En medio de una vida de labor activa, Enoc mantuvo constantemente su comunión con Dios. Cuanto mayores y más apremiantes eran sus labores, tanto más constantes y fervientes eran sus oraciones. El seguía excluyéndose de toda sociedad en ciertos períodos.

Después de permanecer por un tiempo entre la gente, trabajando para beneficiarla por su instrucción y ejemplo, se retiraba, para pasar un tiempo en la soledad, con hambre y sed de aquel conocimiento divino que sólo Dios puede impartir. Al comulgar así con Dios, Enoc llegó a reflejar más y más la imagen divina. Su rostro irradiaba una santa luz, la luz que brilla en el rostro de Jesús. 

Al terminar estos períodos de comunión divina, hasta los impíos contemplaban con reverente temor el sello que el cielo había puesto sobre su rostro.—Obreros Evangélicos, 53

Enoc tenía al Señor siempre delante de él... Hizo de Cristo su compañero constante. Estaba en el mundo, y cumplía sus deberes para con el mundo, pero siempre estaba bajo la influencia de Jesús.

 Reflejaba el carácter de Cristo, haciendo gala de las mismas cualidades de bondad, misericordia, tierna compasión, simpatía, perdón, mansedumbre, humildad y amor. Su unión diaria con Cristo lo transformó a la imagen de Aquel con quien estaba tan íntimamente relacionado.

Si mantenemos al Señor constantemente delante de nosotros, permitiendo que nuestros corazones expresen el agradecimiento y la alabanza a él debidos, tendremos una frescura perdurable en nuestra vida religiosa. Nuestras oraciones tomarán la forma de una conversación con Dios, como si habláramos con un amigo. 

Él nos dirá personalmente sus misterios. A menudo nos vendrá un dulce y gozoso sentimiento de la presencia de Jesús. A menudo nuestros corazones arderán dentro de nosotros mientras él se acerque para ponerse en comunión con nosotros como lo hizo con Enoc.

Cuando ésta es en verdad la experiencia del cristiano, se ven en su vida una sencillez, una humildad, una mansedumbre y bondad de corazón que muestran a todo aquel con quien se relacione que ha estado con Jesús y aprendido de él. Palabras de Vida del Gran Maestro, 118.* CV 30.4


Busca la verdad bíblica a cualquier precio.

“Pues este es el amor a Dios, que guardemos su mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”.1 Juan 5:3. 


Fue ciertamente un gran sacrificio el que hizo Cristo en favor del hombre al morir por él en la cruz.

¿Qué estamos dispuestos nosotros a sacrificar por su amor? Cristo dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. No se trata de seleccionar uno, dos o nueve, sino los diez; debemos guardar todos sus mandamientos. 

Juan, al referirse a los que pretenden amar a Dios sin obedecer sus requerimientos, dice lo siguiente: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él”. “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”. 

Es posible que digas, ¿crees que todo el mundo intelectual está equivocado y que ese grupo pequeño, una tremenda minoría, que parecen indoctos y comunes, son todos los que se van a salvar? Respondo, Jesús estaba entre los pobres de la tierra.No se unió a los doctos rabinos o príncipes. 

No se lo encontró junto a los potentados de la tierra, sino entre los humildes. La verdad nunca se encontró en la mayoría. Siempre se la encontró en la minoría. 

Los ángeles del cielo no descendieron a la escuela de los profetas ni cantaron sus himnos en el templo o las sinagogas, sino a los seres humanos que eran lo suficientemente humildes como para recibir el mensaje. 

Cantaron las alegres nuevas del Salvador en las llanuras de Belén, mientras los grandes hombres, los dirigentes y los honorables, quedaban en tinieblas, porque estaban perfectamente satisfechos con su situación y no sentían necesidad de una piedad mayor de la que tenían.

 Los maestros en las escuelas de los profetas, los escribas, los sacerdotes y los gobernantes, fueron los mayores perseguidores de Cristo. Todos los que hicieron gran ostentación de poseer luz espiritual fueron los que despreciaron, rechazaron y crucificaron a Jesús. 

Los grandes hombres y mujeres y quienes profesan ser sumamente buenos, pueden llevar a cabo obras terribles impulsados por su fanatismo y por lo exaltado del cargo que ocupan, y vanagloriarse al mismo tiempo de que están sirviendo a Dios. No conviene confiar en ellos.Usted y yo necesitamos a cualquier precio la verdad bíblica. 

Como los nobles bereanos, queremos escudriñar cada día las Escrituras con ferviente oración, para conocer la verdad, y entonces obedecerla, cueste lo que costare, sin hacer caso de la opinión de los hombres grandes o buenos. 

Si la verdad está en la Biblia, la podremos encontrar como lo hicieron los buenos y grandes hombres y mujeres que pisaron este mundo. Que Dios nos ayude a ser sabios para la salvación, es mi oración.


Su eterna preexistencia.

Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese. Juan 17:5



“Cristo era uno con el Padre antes de la fundación del mundo. Esta es la luz que brilla en medio de las tinieblas, haciéndolas resplandecer con la divina gloria primitiva.”

“Cristo es el preexistente Hijo de Dios que tiene vida en sí mismo.

Al hablar de su preexistencia, Cristo transporta nuestra mente hacia el pasado a través de los siglos sin fin.Nos asegura que nunca hubo una época cuando él no estuviera en íntimo compañerismo con el Dios eterno.

“Su vida divina no puede ser calculada por cómputos humanos. La existencia de Cristo anterior a su encarnación, no puede ser medida por cifras.

“Él era uno con Dios, infinito y omnipotente.”

“El Señor Jesucristo, el divino Hijo de Dios, existió desde la eternidad....El era la gloria excelsa del cielo, el soberano de las inteligencias celestiales y recibía el homenaje de los ángeles con justo derecho.

“Cristo era Dios en su esencia y en el más alto sentido de la palabra. Era con Dios desde la eternidad, Dios sobre todo, bendito para siempre.”

“Pero se humilló a sí mismo y se revistió de mortalidad. Como miembro de la familia humana, fue mortal; pero como Dios, era el manantial de vida para el mundo.

Cargó con los pecados del mundo, sufrió las penalidades que como una montaña agobiaron su alma. Entregó su vida en sacrificio para que el hombre no pereciera para siempre.Murió, no porque estuviese obligado a morir, sino por su propia voluntad.”—


¿Con quién caminas?

“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” Amós 3:3.



Incluso quienes se afanan por predominar sobre el enemigo desarrollan una predisposición de obrar mal. El mal prevalece sobre el bien porque ellos no confían por completo en Cristo. No habitan en él y no dependen de Dios, por lo cual revelan un carácter inconsistente.

Pero nadie está obligado a trabar vínculos con este grupo. Las tentaciones de la vida se presentan por doquier y aquellos que se quejan porque los miembros de las iglesias son fríos, orgullosos, arrogantes y no reflejan adecuadamente el carácter cristiano, no debieran asociarse con quienes manifiestan estas flaquezas.Hay muchos que son afectuosos, abnegados, sacrificados y que estarían dispuestos a dar sus vidas por la salvación de las almas. 

Nadie debiera alzarse como acusador de los hermanos, antes bien déjese que la cizaña crezca junto con el trigo, pues así dijo el Señor que habría de ser.Pero, porque la cosecha no sea toda de trigo, no debiéramos ser cizaña. 

Los que rechazan la vida y el carácter de Jesús, y se niegan a ser como él, se declaran en abierta controversia con Dios. “El que no es conmigo, contra mí es—dijo Jesús—; el que conmigo no recoge, desparrama”. 

Los que aman a Dios no escogerán como amigos a los enemigos del Señor. “¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová?” Los verdaderos cristianos no eligen asociarse con los incrédulos. 

Si el Señor les concede una posición especial en el mundo, al igual que José y Daniel, él los librará de contaminación. Debemos distinguir entre el bien y el mal. 

Necesitamos toda la ayuda e instrucción que procede de una fe verdadera.Debemos escuchar la enseñanza de las doctrinas de la Biblia, que están libres de las sofisterías y de las trampas del gran engañador.

Debiéramos hacer todo lo posible por vivir en una atmósfera de pureza religiosa para poner madera sólida en la edificación de nuestros caracteres.

Por medio de la relación con quienes no tienen fe en Dios, las ideas erróneas se insinúan en forma imperceptible en las mentes y los corazones por uno que se especializa en el engaño. Y esto será la ruina de muchos. 

¿Escogerás relacionarte con los incrédulos e infieles que violan abiertamente la ley de Dios? ¿Te separarás por tu propia elección de quienes aman a Dios? ¿Te alejarás lo más posible de la luz? Esta es la senda del engaño. Nunca estarás donde encuentres un exceso de luz, pero pobres los que escojan las tinieblas antes que la luz.

 
Cómo “redimir” el tiempo.

Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no cómo necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.Efesios 5:15, 16. 

El valor del tiempo sobrepuja todo cómputo. Cristo consideraba precioso todo momento, y así es como hemos de considerarlo nosotros. La vida es demasiado corta para que se la disipe. No tenemos sino unos pocos días de gracia en los cuales prepararnos para la eternidad. 

No tenemos tiempo para perder, ni tiempo para dedicar a los placeres egoístas, ni tiempo para entregarnos al pecado. Es ahora cuando hemos de formar caracteres para la vida futura e inmortal. Es ahora cuando hemos de prepararnos para el juicio investigador. 

Apenas los miembros de la familia humana empiezan a vivir, comienzan a morir, y la labor incesante del mundo termina en la nada a menos que se obtenga un verdadero conocimiento respecto de la vida eterna. La gente que aprecia el tiempo como su día de trabajo, se preparará para una mansión y una vida inmortales. Vale la pena que hayan nacido. 

Se nos amonesta a redimir el tiempo. Pero el tiempo desperdiciado no puede recuperarse jamás. No podemos hacer retroceder ni un solo momento. La única manera en la cual podemos redimir nuestro tiempo es aprovechando lo más posible el que nos queda, colaborando con Dios en su gran plan de redención. 

En aquel que hace esto se efectúa una transformación del carácter. Llega a ser hijo(a) de Dios, miembro de la familia real, hijo(a) del Rey celestial.Está capacitado(a) para ser compañero(a) de los ángeles. 

Ahora es nuestro tiempo de trabajar por la salvación de nuestros semejantes. Hay algunos que piensan que si dan dinero a la causa de Cristo, eso es todo lo que se requiere de ellos; y el tiempo precioso, en el cual pudieran hacer obra personal para Cristo, pasa sin ser aprovechado. 

Pero es deber y privilegio de todos los que tiene salud y fuerza prestar a Dios un servicio activo. Todos han de trabajar en ganar almas para Cristo. Los donativos en dinero no pueden ocupar el lugar de esto.

La oportunidad que se nos ofrece hoy de hablar a algún alma necesitada de la Palabra de vida, puede no volver jamás. Puede ser que Dios diga a esa persona: “Esta noche vengo a pedirte tu alma” (ver Lucas 12:20), y a causa de nuestra negligencia no se halle lista. En el gran día del juicio, ¿cómo rendiremos cuenta de ello a Dios?—Palabras de Vida del Gran Maestro.


La dádiva del amor de Dios.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16. 


¿Cómo podemos entender a Dios? ¿Cómo hemos de conocer a nuestro Padre? Hemos de llamarlo con el cariñoso nombre de Padre. ¿Y cómo hemos de conocerle a él y al poder de su amor?Mediante el diligente examen de las Escrituras. No podemos apreciar a Dios a menos que nos compenetremos del gran plan de la redención. Necesitamos saber todo lo que hay en cuanto a estos grandes problemas del alma, de la redención de la raza caída. 

Es admirable que el hombre, después de que hubo violado la ley de Dios y se hubo separado de Dios, estuvo divorciado, por así decirlo de Dios—que después de todo esto hubiera un plan por el cual el hombre no pereciera sino que tuviera vida eterna... Dios dio a su Unigénito para que muriera por nosotros... Cuando nuestra mente se ocupa constantemente del incomparable amor de Dios por la raza caída, comenzamos a conocer a Dios.

Aquí mismo, en este diminuto átomo de un mundo, se realizaron las mayores escenas jamás conocidas por la humanidad. Todo el universo del cielo observaba con intenso interés. ¿Por qué? Había de reñirse la gran batalla entre el poder de las tinieblas y el Príncipe de la luz. La obra de Satanás era la de magnificar su poder constantemente... Siempre colocaba a Dios en una perspectiva falsa. Lo presentaba como un Dios de injusticia y no de misericordia.

¿Cómo había de ser presentado correctamente Dios ante el mundo? ¿Cómo iba a saberse que era un Dios de amor, lleno de misericordia, bondad y compasión? ¿Cómo iba a saber esto el mundo? Dios envió a su Hijo, y él había de representar ante el mundo el carácter de Dios.

Necesitamos mantener ese Modelo perfecto delante de nosotros. Dios fue tan bueno que envió un representante de sí mismo en su Hijo Jesucristo, y necesitamos que la mente y el corazón se desplieguen y asciendan.
Preparación para el día santo.

Acordarte has del día del reposo, para santificarlo.Éxodo 20:8. 


“Al mismo principio del cuarto mandamiento el Señor dijo: ‘Acordarte has.’ 

Él sabía que en medio de la multitud de cuidados y perplejidades el hombre se vería tentado a excusarse de satisfacer todo lo requerido por la ley, o se olvidaría de su importancia sagrada. Por lo tanto dijo: ‘Acordarte has del día del reposo para santificarlo.’ 

“Durante toda la semana, debemos recordar el sábado y hacer preparativos para guardarlo según el mandamiento.

“Cuando el sábado es así recordado, no se permitirá que lo temporal usurpe lo que pertenece a lo espiritual. Ningún deber que pertenece a los seis días hábiles será dejado para el sábado. 

Durante la semana nuestras energías no serán agotadas de tal manera en el trabajo temporal que en el día en que el Señor descansó y fue refrigerado estemos demasiado cansados para dedicarnos a su servicio.

“Termínense el viernes los preparativos para el sábado. Cuidad de que toda la ropa esté lista y que se haya cocinado todo lo que debe cocinarse.

El sábado no ha de destinarse a reparar ropas, a cocinar alimentos, a los placeres o a ningún otro empleo mundanal. Antes de que se ponga el sol debe ponerse a un lado todo trabajo secular y todos los periódicos de ese carácter deben ser puestos fuera de la vista.

“Antes de la puesta del sol congréguense los miembros de la familia para leer la Palabra de Dios y para cantar y orar. 

“Debemos cuidar celosamente las extremidades del sábado.Recordemos que cada momento es tiempo santo y consagrado.”—Testimonios Selectos
Una revelación infalible.

Las palabras de Jehová, palabras limpias; plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces. Salmos 12:6. 

“En su Palabra, Dios ha dado a los hombres el conocimiento necesario para la salvación. 

Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad. Constituyen la regla del carácter, nos revelan doctrinas, y son la piedra de toque de la experiencia religiosa.”—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 9. 

“Tinieblas espirituales han cubierto la tierra y gran oscuridad los pueblos ... Muchísimas personas ponen en tela de juicio la veracidad de las Escrituras. 

El razonamiento humano y las imaginaciones del corazón están minando la inspiración de la Palabra de Dios y lo que debía darse por sentado está rodeado con una nube de misticismo. Nada resalta en líneas claras y distintas, sobre un fundamento de roca. Esta es una de las evidentes señales de los últimos días. 

“Hay personas que tratan de ser originales y demostrar su superior sabiduría sobre todo lo que está escrito; por eso su sabiduría es necedad ... Nadie puede perfeccionar la Biblia presentando sugestiones de lo que el Señor quiso decir o debió decir .

“Yo acepto la Biblia tal como es, la Palabra inspirada. Creo en su exactitud, a través de todas sus páginas. 

“Este Sagrado Libro ha resistido los asaltos de Satanás, quien se unió con los hombres malvados para rodear de nubes y oscuridad todos los escritos de carácter divino. Pero el Señor ha preservado por medio de su milagroso poder este Libro Sagrado como el guía o carta para toda la familia humana, a fin de mostrarles el camino al cielo.”—Selected Messages 1:15-17. FV 15.6


Sus promesas son mías.


Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por nosotros a gloria de Dios. 2 Corintios 1:20. 



“La preciosa Biblia es un jardín de Dios, y sus promesas son los lirios y las rosas y los claveles.”


“Cuánto desearía que todos creyéramos en las promesas de Dios ... No tenemos que buscar en nuestros corazones esperando sentir una emoción de gozo como evidencia de nuestra aceptación ante el cielo, pero debemos tomar las promesas de Dios y decir ‘Son mías.’”

“Hay que recibir las Escrituras como palabra que Dios nos dirige, palabra no meramente escrita, sino hablada. Cuando los afligidos acudían a Cristo, él veía no sólo a los que pedían ayuda, sino a todos aquellos que en el curso de los siglos acudirían a él con las mismas necesidades y la misma fe. 

Al decir al paralítico: ‘Confía, hijo; tus pecados te son perdonados’ (Mateo 9:2), al decir a la mujer de Capernaum: ‘Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz’ (Lucas 8:48), se dirigía también a otros afligidos, a otros cargados de pecados que acudirían a pedirle su ayuda. 

“Y así es con todas las promesas de la Palabra de Dios. En ellas él nos habla a cada uno en particular, y de un modo tan directo como si pudiéramos oír su voz. Por medio de estas promesas Cristo nos comunica su gracia y su poder. Son hojas de aquel árbol que son ‘para la sanidad de las naciones.’ 

Apocalipsis 22:2.Recibidas, asimiladas, han de ser la fuerza del carácter, la inspiración y el mantenimiento de la vida.”—El Ministerio de Curación, 113, 114. 


Bendiciones alentadoras.

¡Cuán grande es tu bien, que has guardado para los que te temen, que has obrado para los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! Salmos 31:19. 

Dios derrama sus bendiciones a lo largo de todo nuestro camino, para alegrar nuestro viaje e inducir a nuestros corazones a amarlo y alabarlo; y él desea que extraigamos agua de la fuente de la salvación para refrescar nuestros corazones.

Podemos cantar los cánticos de Sión, podemos regocijar nuestros corazones, y podemos alegrar los corazones de otros; la esperanza debe fortalecerse, y la oscuridad debe tornarse en luz. Dios no nos ha dejado en un mundo tenebroso—como peregrinos y extranjeros que buscan un país mejor, el país celestial—sin darnos preciosas promesas para aliviar toda carga.

 Los bordes de nuestro sendero están sembrados con hermosas flores de promesa. Florecen a todo nuestro alrededor, esparciendo por el ambiente rica fragancia.

Cuántas bendiciones perdemos porque pasamos por alto las bendiciones que recibimos diariamente, mientras nos lamentamos por aquello que no tenemos. Olvidamos y desestimamos las mercedes corrientes que abundan en nuestro camino. Podemos aprender lecciones de las cosas humildes que Dios ha puesto en la naturaleza. 

La flor que medra en la oscuridad y en los lugares humildes, responde a todos los rayos de luz que puede obtener, y extiende sus hojas.El pájaro enjaulado canta en su prisión en el cuarto sin sol, como si estuviera en una morada asoleada.

Dios sabe si nosotros haremos un uso sabio de sus bendiciones; nunca nos las dará para que abusemos de ellas.Dios ama el corazón agradecido, que confía implícitamente en sus palabras de promesa, obteniendo consuelo, esperanza y paz de ellas; y él nos revelará todavía mayores profundidades de su amor.

Si alabáramos el santo nombre de Dios como debiéramos hacerlo, la llama del amor se encendería en muchos corazones. 

 La alabanza de Dios debiera estar continuamente en nuestros corazones y nuestros labios.Esta es la mejor manera de resistir a la tentación de seguir una conducta ociosa y frívola.

El Señor quiera que elevemos nuestra vida y seamos agradecidos a él porque hay un cielo, y porque Jesús está preparando mansiones para nosotros. ... Alabemos a Dios, de quien proceden todas las bendiciones. 

Apropiémonos mediante una fe viva de las ricas promesas de Dios, y seamos agradecidos desde la mañana hasta la noche. NEV


¿Por cuál camino?

Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Mateo 7:13.


Ante vosotros hay dos caminos—el camino ancho de la complacencia propia y la senda estrecha del sacrificio. Yendo por el camino ancho, podéis elegir el egoísmo, el orgullo, el amor al mundo; pero aquellos que recorren la senda estrecha, deben abandonar todo peso, y el pecado que tan fácilmente nos acosa. ¿Cuál camino habéis escogido, el camino que lleva a la muerte eterna, o el camino que conduce a la gloria y a la inmortalidad?

Nunca hubo otro tiempo más solemne en la historia del mundo que este en el cual vivimos. Nuestros intereses eternos están en juego, y debemos despertar a la importancia de asegurar nuestro llamamiento y elección. No nos atrevamos a arriesgar nuestros intereses eternos en base a meras probabilidades.Debemos estar resueltos a perseverar. 

Lo que nosotros somos, lo que estamos haciendo, la conducta que adoptaremos en el futuro, son todos asuntos de gran importancia, y no podemos permitirnos ser descuidados, indiferentes y despreocupados. Cada uno de nosotros debe preguntarse: “¿Qué es la eternidad para mí?” ¿Van nuestros pies por la senda que conduce hacia el cielo, o por el camino amplio que lleva a la perdición? 

Aquellos que quieran vivir la vida cristiana con éxito, considerarán todas las cosas como pérdida ante la excelencia del conocimiento de Cristo. Únicamente aquellos que permanecen en Cristo pueden saber lo que es la vida verdadera.

 Ellos comprenden el valor de la verdadera religión. Han llevado sus talentos de influencia, y recursos, y habilidades al altar de la consagración, procurando únicamente conocer y hacer la voluntad de Aquel que murió para redimirlos. 

Ellos saben que el camino que deben recorrer es recto y estrecho, y que tendrán que hacer frente a muchos obstáculos y tentaciones a medida que resistan las seducciones del camino más ancho que conduce a la ruina; pero también discernirán las pisadas de Jesús, y se apresurarán a ir hacia la meta en demanda del premio de la soberana vocación en su Señor y Salvador.

Elegirán el camino real que lleva hacia el cielo, aunque sea recto y estrecho, porque tienen aprecio por la recompensa prometida. NEV 10.4


¡Feliz año nuevo!, 

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. Salmos 90:12. 

Otro año de vida se ha hundido en el pasado. Ante nosotros se abre un nuevo año. ¿Cuál será su historia? ¿Qué escribiremos cada uno sobre sus páginas inmaculadas? Eso lo decidirá la manera en que pasemos cada uno de los días. 

Comencemos el nuevo año con nuestros corazones limpios de la contaminación del orgullo y el egoísmo. Descartemos toda indulgencia pecaminosa, y procuremos ser fieles y diligentes alumnos de la escuela de Cristo. Un nuevo año abre sus limpias páginas ante nosotros. ¿Qué escribiremos en ellas? 

Procuremos comenzar este año con propósitos correctos y motivos puros, como quienes tendrán que rendir cuenta delante de Dios. Nunca olvidéis que vuestros actos están pasando a la historia por medio de la pluma del ángel anotador. Tendréis que volver a encontraros con ellos cuando se comience el juicio y se abran los libros. 

Si entramos en relación con Dios, la fuente de paz, y luz, y verdad, su Espíritu fluirá a través de nosotros como un canal, para refrescar y bendecir a todos los que viven a nuestro alrededor. Este puede ser el último año de nuestra vida. ¿No entraremos en él con un pensamiento de solemnidad? ¿No señalará nuestro comportamiento hacia todos los demás la sinceridad, el respeto y la benevolencia? 

No le neguemos nada a Aquel que dió su preciosa vida por nosotros. ... Consagremos a Dios la propiedad que él nos ha confiado. Sobre todo, entreguémonos nosotros mismos como ofrenda voluntaria.—The Signs of the Times, 7 de enero de 1889.

Que el comienzo de este año sea una ocasión que nunca se olvide—una ocasión cuando Cristo descienda entre nosotros, y diga: “Paz a vosotros”. Juan 20:19. Deseo a todos vosotros un feliz Año Nuevo.