El poder salvador de Jesús.



Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo. 2 Corintios 12:9. 

“Nuestro precioso Salvador nos ha invitado a unirnos a él, y unir nuestra debilidad con su fortaleza, nuestra ignorancia con su sabiduría, nuestra indignidad con su virtud.”—

“Debe haber un poder que obre en el interior, una vida nueva de lo alto, antes de que el hombre pueda convertirse del pecado a la santidad. Ese poder es Cristo. Solamente su gracia puede vivificar las facultades muertas del alma, y atraerlas a Dios, a la santidad.... La idea de que solamente es necesario desarrollar lo bueno que existe en el hombre por naturaleza, es un engaño fatal.

 ‘El hombre natural no recibe las cosas del Espíritu de Dios; porque le son insensatez; ni las puede conocer, por cuanto se disciernen espiritualmente.... De Cristo está escrito: ‘En él estaba la vida; y la vida era la luz de los hombres,’ el único ‘nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en el cual podemos ser salvos.’ 

“El apóstol Pablo ... ansiaba la pureza, la justicia que no podía alcanzar por sí mismo, y dijo: ‘¡Oh hombre infeliz que soy!¿quién me libertará de este cuerpo de muerte?’ La misma exclamación ha subido en todas partes y en todo tiempo, de corazones sobrecargados. No hay más que una contestación para todos: ‘He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!’”—El Camino a Cristo, 11, 12. 

“Es necesario un nuevo nacimiento, una mente nueva por la operación del Espíritu de Dios que purifique la vida y ennoblezca el carácter. Esta relación con Dios prepara al hombre para el glorioso reino de los cielos.”—


                           ¡Tan costoso y sin embargo gratuito!

Por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Romanos 5:18. 



El dinero no puede comprarla, ni el intelecto discernirla, ni el poder mandarla; mas Dios concede generosamente su gracia a todos los que quieran aceptarla. Pero los hombres deben sentir su necesidad y, renunciando a toda dependencia propia, aceptar la salvación como un don. 

Los que entren en el cielo no escalarán sus muros mediante su propia justicia, ni se abrirán sus portales para ellos como consecuencia de costosas ofrendas de oro o plata, sino que obtendrán entrada en las mansiones de la casa del Padre por medio de los méritos de la cruz de Cristo.

Para el hombre pecador, el más grande consuelo, la mayor causa de regocijo, es que el cielo ha dado a Jesús para que sea el Salvador del pecador... Se ofreció para recorrer el terreno donde Adán tropezó y cayó; para hacer frente al tentador en el campo de batalla, y para vencerlo en favor del hombre. 

Contempladlo en el desierto de la tentación. Ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches, soportando los más fieros embates de los poderes de las tinieblas. 

Pisó “solo el lagar, y de los pueblos nadie” hubo a su lado. Isaías 63:3. No fue para sí mismo, sino para quebrantar la cadena que mantenía a la raza humana esclavizada a Satanás. 

Así como Cristo en su humanidad buscaba fuerza de su Padre para poder soportar la prueba y la tentación, también debemos hacerlo nosotros. Debemos seguir el ejemplo del inmaculado Hijo de Dios. 

Necesitamos diariamente ayuda, gracia y poder de la Fuente de todo poder. Debemos echar nuestras impotentes almas sobre el Unico que está pronto a ayudarnos en todo momento de necesidad. Demasiado a menudo nos olvidamos del Señor. Cedemos a nuestros impulsos y perdemos las victorias que deberíamos ganar. 

Si somos vencidos, no dilatemos en arrepentirnos y en aceptar el perdón que nos pondrá en posición ventajosa. Si nos arrepentimos y creemos, será nuestro el poder purificador de Dios. Su gracia salvadora se ofrece gratuitamente. 

Su perdón se otorga a todos los que quieran recibirlo... Con cada pecador que se arrepiente, los ángeles de Dios se regocijan con cantos de gozo. Ni un pecador necesita perderse. El don de la gracia redentora es pleno y gratuito.

                                             Una fe que obra.



Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe. Filipenses 3:9. 

Una cosa es leer y enseñar la Biblia, y otra cosa es tener mediante la práctica, injertados sus principios de vida y de santidad en el alma... “Por gracia sois salvos por la fe”. Efesios 2:8. La mente debería educarse a ejercer la fe antes que a acariciar la duda, la suspicacia y los celos. Estamos demasiado inclinados a considerar los obstáculos como imposibles de superarse. 

El tener fe en las promesas de Dios, el avanzar por fe sin dejarse dominar por las circunstancias es una lección dura de aprender, y sin embargo es una necesidad impostergable para cada hijo de Dios el aprender esta lección. Debe cultivarse siempre la gracia de Dios mediante Cristo porque nos es dada como la única manera de acercarnos a Dios.

La fe mencionada en la Palabra de Dios exige una vida en la cual la fe en Cristo sea un principio activo y viviente. Es la voluntad de Dios que la fe en Cristo sea perfeccionada por las obras. El conecta la salvación y la vida eterna de los que creen con estas obras, y mediante éstas provee para que la luz de la verdad vaya a toda nación y pueblo. Este es el fruto de la operación del Espíritu de Dios. 

Mostramos nuestra fe en Dios obedeciendo sus órdenes. La fe siempre se expresa en palabras y acciones. Produce resultados prácticos, porque es un elemento vital de la existencia. La vida que está modelada por la fe engendra un propósito de avanzar, de ir adelante siguiendo las pisadas de Cristo.

La fe que obra por el amor y purifica el alma produce frutos de humildad, paciencia, tolerancia, longanimidad, paz, gozo y obediencia voluntaria.

                                                    Reconciliados con Dios.



Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Romanos 5:10.

La cruz está revestida con un poder que el lenguaje no puede expresar. El sacrificio de Cristo en favor de la raza humana avergüenza nuestros pobres esfuerzos y métodos para alcanzar y elevar a la humanidad, para ayudar a hombres y mujeres pecadores a encontrar a Jesús. 

La obra de los hijos e hijas de Dios debe ser de un carácter distinto al manifestado por un gran número de personas. Si aman a Jesús, tendrán ideas más amplias acerca del amor que se ha manifestado por el hombre caído, que requirió la provisión de una ofrenda tan costosa para salvar a la especie humana. 

Nuestro Salvador pide la cooperación de cada hijo e hija de Adán que ha llegado a convertirse en hijo o hija de Dios...Nuestro Salvador declara que trajo del cielo el don de la vida eterna. Había de ser levantado en la cruz del Calvario para atraer a todos los hombres a sí mismo. 

¿Cómo trataremos entonces la herencia adquirida por Cristo? Debiera manifestársele ternura, aprecio, bondad, simpatía y amor.Entonces podremos trabajar para ayudar y bendecir a los demás. 

Tenemos la exaltada compañía de los ángeles celestiales.Cooperan con nosotros en la obra de iluminar a los encumbrados y a los humildes. 

Habiendo emprendido la obra, la admirable obra de nuestra redención, Cristo decidió en el concilio con su Padre que no había de escatimarse nada, por más costoso que fuera, no había que guardar nada, por más alto que se lo estimara, para rescatar al pobre pecador. El daría todo el cielo para esta obra de salvación, para restaurar la imagen moral de Dios en el hombre.

Ser hijo de Dios significa ser uno con Cristo y bendecir a las almas que perecen en sus pecados. Debemos comunicarles lo que Dios nos ha comunicado a nosotros.

                                                      Bajo la disciplina de Dios.



¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Salmos 19:12.

Necesitamos estudiar los motivos que impulsan a la acción, a la luz de la ley de Dios, para comprender nuestras deficiencias. Pero si bien el instrumento humano ve sus pecados, no debe desanimarse, aunque se vea condenado por los preceptos de la justicia.

Debe ver y comprender la pecaminosidad del pecado, debe arrepentirse y tener fe en Cristo como su Salvador personal.

No es seguro pensar que poseemos virtudes y que debemos felicitarnos por las excelencias de nuestro carácter y nuestro actual estado de piedad. David a menudo triunfó en Dios y, sin embargo, a menudo se ocupó de su indignidad y pecaminosidad.

Su conciencia no dormía ni estaba muerta. Exclamó: “Mi pecado está siempre delante de mí”. Salmos 51:3. No se halagó pensando que el pecado era algo que no le concernía.

Cuando vio las profundidades engañosas de su corazón... oró para que Dios lo librara de los pecados de presunción, y lo limpiara de las faltas secretas.

No es seguro que cerremos los ojos y endurezcamos la conciencia de tal manera que no veamos o comprendamos nuestros pecados. Necesitamos apreciar la instrucción recibida acerca del carácter odioso del pecado, a fin de confesar sinceramente y olvidar nuestros pecados.

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9. ¿Queréis ser limpiados de toda injusticia?.

Si estáis progresando hacia adelante y hacia arriba, procurando alcanzar nuevas alturas en educación y cosas espirituales, tendréis discernimiento para comprender qué se requiere de vosotros.

Tendréis al Espíritu Santo para ayudaros en vuestras flaquezas... No andéis con vacilación, sino firmemente en el poder y la gracia de Jesucristo. A fin de conocerle.

                                    Aprendamos las lecciones de la historia sagrada.



“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”. 1 Corintios 10:11. 

La instrucción contenida en las Escrituras del Antiguo Testamento es palabra de Cristo y tiene tanto valor como la instrucción que se halla en el Nuevo Testamento. Cristo era el Redentor de la humanidad en los días en que se escribió el Antiguo Testamento como también lo era cuando se humanó.

Les dio la misma oportunidad a las personas del antiguo Israel de trabajar por su salvación como se la dio a quienes escucharon sus palabras. 

Un carácter formado a la semejanza divina es el único tesoro que podemos llevar de este mundo al venidero. Cómo se forme el carácter en este mundo determina el destino personal por la eternidad. Lo que sea de valor en el transcurso de nuestra vida en este mundo será de valor en el mundo venidero. El futuro de una persona se determina por la forma en que permite que se influya sobre ella. 

Si aprecia y cultiva tendencias heredadas para el mal, cediendo a las inclinaciones, apetitos y pasiones de la carne, nunca podrá entrar en el reino de Dios. Pero si se esfuerza por refrenar las malas inclinaciones, si está dispuesta a ser gobernada por el espíritu de Jesucristo, será una persona transformada.

El carácter de Cristo se ejemplificó por medio de Abel, Noé, Set, Enoc, Abrahán, José, Moisés, Josué, Samuel, David y toda aquella hueste de personas de quienes se registra que tuvieron caracteres aprobados por Dios. [Como ejemplos negativos], también se nos dan el caso de Caín y de quienes forjaron caracteres opuestos a la verdad, a la fidelidad, a la obediencia y a la justicia. Todos estos tuvieron una oportunidad de demostrar si eran miembros de la familia de Caín o de la familia real.

 La pureza y la santidad sólo se reciben por medio de Cristo. El que tiene oídos para oír, oiga. Feliz es la persona que puede decir por experiencia, “él despierta mi oído cada mañana”. 

Las lecciones que se ofrecen en el Antiguo Testamento son de tanta importancia para nosotros como para quienes vivieron en ese tiempo. Hemos de escuchar la voz de Cristo hablando en la creación del mundo y desde la columna de nube, pues nuestro bienestar eterno depende de la obediencia a la voz de Dios. 

Todo lo que la mente de Dios ha planificado, lo que su mano ha tocado, son lecciones escritas para nuestra admonición a quienes los fines de los siglos alcanzaron. Las cosas que han sido, serán. 

Las palabras de aprobación o desaprobación de Cristo han llegado hasta nosotros a través del tiempo. Nuestro interés espiritual o eterno está involucrado en los hechos referidos. El Señor quiere decir lo que dice y dice lo que quiere decir.


                                 Dado condicionalmente.



Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Romanos 8:5.

Cristo prometió el don del Espíritu Santo a su iglesia, y la promesa nos pertenece tanto a nosotros como a los primeros discípulos. Pero como toda otra promesa, se da con ciertas condiciones.

Son muchos los que profesan creer y atenerse a las promesas del Señor; hablan de Cristo y del Espíritu Santo; mas no reciben beneficio, porque no entregan sus almas a la dirección de los agentes divinos.

No podemos nosotros emplear el Espíritu Santo; el Espíritu es quien nos ha de emplear a nosotros. Por medio del Espíritu, Dios obra en su pueblo “así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Filipenses 2:13. Pero muchos no quieren someterse a ser guiados. Quieren dirigirse a sí mismos. Esta es la razón por la cual no reciben el don celestial.

Únicamente a aquellos que esperan humildemente en Dios, que esperan su dirección y gracia, se da el Espíritu. Esta bendición prometida, pedida con fe, trae consigo todas las demás bendiciones. Se da según las riquezas de la gracia de Cristo, quien está listo para abastecer a toda alma según su capacidad de recepción.

El impartimiento del Espíritu es el impartimiento de la vida de Cristo. Únicamente aquellos que son así enseñados por Dios, únicamente aquellos en cuyo interior obra el Espíritu, y en cuya vida se manifiesta la vida de Cristo, pueden ocupar la posición de verdaderos representantes del Salvador.

Cristo prometió que el Espíritu Santo habitaría en aquellos que luchasen para obtener la victoria sobre el pecado, para demostrar el poder de la fuerza divina dotando al agente humano de fuerza sobrenatural e instruyendo al ignorante en los misterios del reino de Dios.

Cuando uno ha quedado completamente despojado del yo, cuando todo falso dios es excluido del alma, el vacío es llenado por el influjo del Espíritu de Cristo. El tal tiene la fe que purifica el alma de la contaminación. Queda conformado con el Espíritu, y obedece a las cosas del Espíritu. No tiene confianza en sí mismo. Para él, Cristo es todo y está en todo.—Obreros Evangélicos, 301-304.

             Las consecuencias de oponerse a los planes de Dios.



“Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí”.Génesis 3:13.

El propósito de Dios era repoblar el cielo con la familia humana, si hubiera demostrado obediencia a cada palabra divina. Adán había de ser probado para ver si iba a ser obediente, como los ángeles leales, o desobediente. Si hubiera soportado la prueba, habría instruido a sus hijos solamente en un sendero de lealtad. Su mente y sus pensamientos habrían sido como la mente y los pensamientos de Dios.

Satanás, el príncipe caído, tuvo celos de Dios. Por medio de sutilezas, astucia y engaños, estaba decidido a derrotar el propósito divino. Se acercó a Eva no bajo la forma de un ángel, sino como una serpiente sutil, astuta y engañosa. Y le habló con una voz que parecía provenir de la serpiente...

Mientras Eva lo escuchaba, las advertencias que Dios le había hecho se esfumaron de su mente. Ella cedió a la tentación, y al tentar a Adán, él también olvidó las advertencias de Dios. Así él creyó a las palabras del enemigo de Dios.

La mentira de Satanás a Eva: “No moriréis”, ha resonado a través de los siglos, de generación en generación. Así fue como Satanás tentó a nuestros primeros padres, y del mismo modo nos tienta hoy.

Adán y Eva fueron expulsados del Edén y un ángel con una espada de fuego guardó el camino hacia el árbol de la vida a fin de que la desleal y desobediente pareja no tuviera acceso a él e inmortalizara de este modo la transgresión. Observa este punto.

El Señor no concedió al Adán caído y desobediente la misma confianza que depositó en el Adán leal y puro que vivía de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Los ojos de Adán y Eva fueron realmente abiertos, pero ¿para qué? Para ver su propia vergüenza y ruina, para comprender que el ropaje de luz celestial que los había protegido ya no los rodeaba como una salvaguardia. Sus ojos se abrieron para ver que su desnudez era el fruto de la transgresión.

Todos aquellos que en estos días permitan que Satanás los utilice como instrumentos para conducir a otros a ignorar los mandamientos de Dios, están bajo la maldición del Cielo.Nuestra única seguridad se encuentra en manifestar una fe indivisa en un “Así dice el Señor”. Esta es la declaración de la verdad.

Los que se aparten de la verdad por cualquier motivo, por grande que fuera su sabiduría y reputación, y se aventuren a recorrer una senda de su propia elección, estarán siguiendo a un falso líder y él los conducirá por sendas extraviadas.


                                    Suficiente gracia para todos.



Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Romanos 5:17.

Dios tiene abundancia de gracia y poder esperando que los pidamos. Pero la razón por la cual no sentimos nuestra gran necesidad de él es que nos miramos a nosotros mismos en lugar de mirar a Jesús. No exaltamos a Jesús ni reposamos plenamente en sus méritos.—Testimonies for the Church 5:167.

La provisión hecha es completa y la justicia eterna de Cristo es acreditada a cada alma creyente. El manto costoso e inmaculado, tejido en el telar del cielo, ha sido provisto para el pecador arrepentido y creyente, y él puede decir: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia”. Isaías 61:10.

Se ha dispuesto gracia abundante para que el alma creyente pueda ser preservada del pecado, pues todo el cielo, con sus recursos ilimitados, ha sido colocado a nuestra disposición.Hemos de extraer del pozo de la salvación... Somos pecadores por nosotros mismos, pero somos justos en Cristo.

Habiéndonos hecho justos por medio de la justicia imputada de Cristo, Dios nos declara justos y nos trata como a tales. Nos contempla como a sus hijos amados. Cristo obra contra el poder del pecado, y donde abundó el pecado, sobreabunda la gracia.—Mensajes Selectos 1:461, 462.

Podemos hacer progresos diarios en la senda ascendente a la santidad y sin embargo encontraremos todavía mayores alturas que alcanzar; pero cada esfuerzo de los músculos espirituales, cada cansancio del corazón y el cerebro ponen en evidencia la abundancia de la reserva de la gracia esencial para que avancemos.—En Lugares Celestiales, 36.

Cuanto más contemplemos estas riquezas, tanto más nos posesionaremos de ellas, y revelaremos los méritos del sacrificio de Cristo, la protección de su justicia, su amor inefable, la plenitud de su sabiduría, y su poder para presentarnos delante del Padre sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante.

Estamos viviendo en el día de la preparación. Debemos conseguir una abundante provisión de gracia del almacén divino. El Señor ha hecho provisión para la demanda diaria.—En Lugares Celestiales, 52.


                                                             Un perdón personal.



Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia: Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Salmos 51:1.

“Jesús se complace en que vayamos a él como somos, pecaminosos, impotentes, necesitados. Podemos ir con toda nuestra debilidad, insensatez y maldad y caer arrepentidos a sus pies. Es su gloria estrecharnos en los brazos de su amor, vendar nuestras heridas y limpiarnos de toda impureza.

“Miles se equivocan en esto: no creen que Jesús les perdona personal e individualmente, No creen al pie de la letra lo que Dios dice. Es el privilegio de todos los que llenan las condiciones, saber por sí mismos que el perdón de todo pecado es gratuito.

Alejad la sospecha de que las promesas de Dios no son para vosotros. Son para todo pecador arrepentido. Cristo ha provisto fuerza y gracia para que los ángeles ministradores las lleven a toda alma creyente.

Ninguno hay tan malvado que no encuentre fuerza, pureza y justicia en Jesús, que murió por los pecadores. Él está esperándolos para cambiarles los vestidos sucios y corrompidos del pecado por las vestiduras blancas de la justicia; les da vida y no perecerán.

“¿Podéis creer que cuando el pobre pecador desea volver, desea abandonar sus pecados, el Señor le impide severamente que venga arrepentido a sus pies? ¡Fuera con tales pensamientos! ... Id con todo vuestro corazón a Jesús y demandad sus bendiciones.”—El Camino a Cristo, 38-40.

                          El sábado está destinado para ponernos en armonía con Dios.



También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.Marcos 2:27. 

Cuando se le acusó de violar el sábado en Betesda, Jesús se defendió afirmando su condición de Hijo de Dios y declarando que él obraba en armonía con el Padre. Ahora que se atacaba a sus discípulos, él citó a sus acusadores ejemplos del Antiguo Testamento, actos verificados en sábado por quienes estaban al servicio de Dios. 

Los maestros judíos se jactaban de su conocimiento de las Escrituras, y la respuesta de Cristo implicaba una reprensión por su ignorancia de los sagrados escritos. “¿Ni aún esto habéis leído”, dijo, “lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes?”

 También les dijo: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo”.“¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa? Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí”.“Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo”Lucas 6:3, 4; Mateo 12:5, 6; Marcos 2:27, 28. 

Jesús no dejó pasar el asunto con la administración de una reprensión a sus enemigos. Declaró que su ceguera había interpretado mal el objeto del sábado. Dijo: “Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes”. Mateo 12:7. 

Sus muchos ritos formalistas no podían suplir la falta de aquella integridad veraz y amor tierno que siempre caracterizarán al verdadero adorador de Dios.

Lo que Dios aprecia es el servicio de amor. Faltando éste, el mero ceremonial es una ofensa. Así sucede con el sábado.Estaba destinado a poner a los hombres y a las mujeres en comunión con Dios; pero cuando la mente quedaba absorbida por ritos cansadores, el objeto del sábado se frustraba. Su simple observancia exterior era una burla.—El Deseado de Todas las Gentes, 251, 252. SSJ 142.5


                                                           Acudid tal cual sois.


ç



¿Mudará el negro su pellejo, y el leopardo sus manchas?Así también podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal. Jeremías 13:23.

“No todos los pecados son delante de Dios de igual magnitud; hay diferencia de pecados a su juicio, como la hay a juicio de los hombres; sin embargo, aunque este o aquel acto malo pueda parecer frívolo a los ojos de los hombres, ningún pecado es pequeño a la vista de Dios.

 El juicio de los hombres, sin embargo, es parcial e imperfecto; mas Dios ve todas las cosas como son realmente. El borracho es detestado y se dice que su pecado le excluirá del cielo, mientras que el orgullo, el egoísmo y la codicia muchísimas veces pasan sin condenarse.

Sin embargo, éstos son pecados que ofenden especialmente a Dios; porque son contrarios a la benevolencia de su carácter, a ese amor desinteresado que es la misma atmósfera del universo que no ha caído. El que cae en alguno de los pecados grandes puede avergonzarse y sentir su pobreza y necesidad de la gracia de Cristo; pero el orgullo no siente ninguna necesidad y así cierra el corazón a Cristo y las infinitas bendiciones que él vino a derramar.

“Si percibís vuestra condición pecaminosa, no esperéis a haceros mejores vosotros mismos. ¡Cuántos hay que piensan que no son bastante buenos para ir a Cristo! ¿Esperáis haceros mejores por vuestros propios esfuerzos? ... Nada podemos hacer por nosotros mismos. Debemos ir a Cristo tales como somos.”—El Camino a Cristo, 21, 22.


                                           ¿Te atreverás a ser diferente?.




Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. 1 Pedro 2:9. 

La advertencia de que el Hijo del hombre pronto aparecerá en las nubes del cielo, se ha convertido para muchos en un relato familiar. Han abandonado su postura expectante y vigilante. El espíritu egoísta y mundano que se manifiesta en la vida, revela los sentimientos del corazón: “Mi Señor se tarda en venir”

El mismo espíritu de egoísmo y conformidad con las costumbres del mundo que existía en los días de Noé, se manifiesta en nuestros días. Muchos que profesan ser hijos de Dios se dedican a los asuntos mundanos con un entusiasmo que niega su profesión de fe.

 Estarán plantando y edificando, comprando y vendiendo, comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el último momento de su tiempo de prueba. Esta es la condición de muchísimos de nuestros hermanos. Debido a que abunda la iniquidad, el amor de muchos se enfría.

Mi alma se apesadumbra cuando contemplo la tremenda falta de espiritualidad que se manifiesta entre nosotros. Las modas y costumbres del mundo, el orgullo, el amor a los entretenimientos, el amor a la ostentación, la extravagancia manifestada en la forma de vestir, en las casas, en las tierras adquiridas, todas estas cosas están drenando la tesorería del Señor, desviando hacia la gratificación del yo los medios que deberían ser empleados para enviar la luz de la verdad al mundo. Los propósitos egoístas tienen prioridad.

Los hijos de la luz y del día no deben amontonar en torno de ellos las sombras de la noche y las tinieblas que rodean a los obradores de iniquidad. Por el contrario, deben permanecer fielmente de pie en su puesto de deber, como portaluces, reuniendo la luz de Dios para proyectarla hacia los que están en tinieblas. 

El Señor requiere que su pueblo mantenga su integridad, sin tocar—es decir, sin imitar—las costumbres de los impíos. 

Los cristianos deben ser en este mundo “nación santa, pueblo adquirido”, para manifestar las alabanzas del que los llamó “de las tinieblas a su luz admirable”.
                                                         Jesús agua viva.



Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. 1 Corintios 10:4.

Cristo combina los dos símbolos. Él es la roca y es el agua viva.

Las mismas figuras, bellas y expresivas, se conservan en toda la Biblia. Muchos siglos antes que viniera Cristo, Moisés lo señaló como la roca de la salvación de Israel; el salmista cantó sus loores, y le llamó “roca mía y redentor mío”, “la roca de mi fortaleza”, “peña más alta que yo”, “mi roca y mi fortaleza”, “roca de mi corazón y mi porción”, “la roca de mi confianza”.

En los cánticos de David su gracia es presentada como “aguas de reposo”, en “delicados pastos”, hacia los cuales el Pastor divino guía su rebaño. Y también dice: “Tú los abrevarás del torrente de tus delicias. Porque contigo está el manantial de la vida”. Y el sabio declara: “Arroyo revertiente” es “la fuente de la sabiduría”.

 Para Jeremías, Cristo es la “fuente de agua viva”; para Zacarías, un “manantial abierto... para [lavarnos del] pecado y la inmundicia”.

Isaías lo describe como “la Roca de la eternidad” como “sombra de gran peñasco en tierra calurosa”. Y al anotar la preciosa promesa evoca el recuerdo del arroyo vivo que fluía para Israel: “Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, que no hay; secóse de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé”. “Porque yo derramaré aguas sobre el secadal, y ríos sobre la tierra árida”. “Porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad”. Se extiende la invitación “a todos los sedientos: Venid a las aguas”. Y esta invitación se repite en las últimas páginas de la santa Palabra.

El río del agua de vida, “resplandeciente como cristal”, emana del trono de Dios y del Cordero; y la misericordiosa invitación repercute a través de los siglos: “El que tiene sed, venga: y el que quiere, tome del agua de la vida de balde”.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 438, 439.


                                            Incapacidad del hombre para salvarse.



Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuesemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada. Gálatas 2:16.

“Otro pacto, llamado en la Escritura el pacto ‘antiguo,’ se estableció entre Dios e Israel en el Sinaí, y en aquel entonces fue ratificado mediante la sangre de un sacrificio.”—Historia de los Patriarcas y Profetas, 387.

“Dios ... les dio la ley, con la promesa de grandes bendiciones siempre que obedecieran: ‘Ahora pues ... si guardareis mi pacto ... vosotros seréis mi reino de sacerdotes y gente santa.’ Éxodo 19:5, 6.

Los israelitas no percibían la pecaminosidad de su propio corazón, y no comprendían que sin Cristo les era imposible guardar la ley de Dios; y con excesiva premura concertaron su pacto con Dios.... Declararon: ‘Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho y obedeceremos’ (Éxodo 24:7), ... y sin embargo, apenas unas pocas semanas después, quebrantaron su pacto con Dios al postrarse a adorar una imagen fundida.

No podían esperar el favor de Dios por medio de un pacto que ya habían roto; y entonces, viendo su pecaminosidad y su necesidad de perdón, llegaron a sentir la necesidad del Salvador revelado en el pacto de Abrahán y simbolizado en los sacrificios.

“Los términos del pacto antiguo eran: Obedece y vivirás. ‘El hombre que los hiciere, vivirá en ellos;’ pero ‘maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para cumplirlas.’ Ezequiel 20:11; Levítico 18:5; Deuteronomio 27:26.

 El nuevo pacto se estableció sobre ‘mejores promesas,’ la promesa del perdón de los pecados, y de la gracia de Dios para renovar el corazón y ponerlos en armonía con los principios de la ley de Dios.”
                                                       “¡Preparaos, preparaos, preparaos!”



Prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel. Amós 4:12. 

Suponed que Cristo apareciera hoy en las nubes de los cielos, ¿quién... estaría listo para salir a su encuentro? Suponed que fuéramos trasladados al reino de los cielos tales como somos, ¿estaríamos preparados para unirnos con los santos de Dios, para vivir en armonía con la familia real, con los hijos del Rey celestial? ¿Qué preparación habéis hecho para el juicio? ¿Habéis hecho las paces con Dios?

 ¿Estáis colaborando con Dios? ¿Estáis tratando de ayudar a los que os rodean en vuestra casa, en vuestro vecindario, a aquellos con quienes os relacionáis y que no están guardando los mandamientos de Dios? ... ¿Nos estamos preparando para salir al encuentro del Rey? .

Si fuera posible que se nos admitiera en el cielo tales como somos, ¿cuántos de nosotros podríamos mirar a Dios? ¿Cuántos de nosotros tenemos el vestido de boda? ¿Cuántos de nosotros estamos sin mancha, ni arruga ni cosa semejante? ¿Cuántos de nosotros somos dignos de recibir la corona de vida? ... El puesto no hace al hombre. Sólo serán dignos de recibir la corona de vida, inmarcesible, aquellos en cuyo interior se haya formado Cristo.

Se me mostró al residuo en la tierra. El ángel les dijo: “¿Queréis huir de las siete postreras plagas? ... En tal caso, debéis morir para poder vivir. ¡Preparaos, preparaos, preparaos! Debéis realizar mayores preparativos que los que habéis realizado... Sacrificadlo todo para Dios. Ponedlo todo sobre su altar: el yo, vuestras propiedades, todo, como sacrificio vivo. El entrar en la gloria lo exigirá todo.



Cristo viene con poder y grande gloria. Viene con su propia gloria y con la gloria del Padre... Mientras los impíos huyan de su presencia, los seguidores de Cristo se regocijarán... Cristo ha sido un compañero diario y un amigo familiar para sus fieles seguidores.

 Estos han vivido en contacto íntimo, en constante comunión con Dios. Sobre ellos ha nacido la gloria del Señor...Ahora se regocijan en los rayos no empañados de la refulgencia y gloria del Rey en su majestad. Están preparados para la comunión del cielo; pues tienen el cielo en sus corazones.

Si sois correctos con Dios hoy día, estaréis preparados en caso de que Cristo venga hoy.


                                                        Nos hace vencedores.



Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he venido al mundo. Juan 16:33. 

Cristo no desmayó ni se desalentó, y sus seguidores han de manifestar una fe de la misma naturaleza perdurable. Han de vivir como él vivió y obrar como él obró, porque dependen de él como el gran Artífice y Maestro. 

Deben poseer valor, energía y perseverancia. Aunque obstruyan su camino imposibilidades aparentes, por su gracia han de seguir adelante. En vez de deplorar las dificultades, son llamados a superarlas. No han de desesperar de nada, sino esperarlo todo. Con la áurea cadena de su amor incomparable, Cristo los ha vinculado al trono de Dios.

 Quiere que sea suya la más alta influencia del universo, que mana de la fuente de todo poder. Han de tener poder para resistir el mal, un poder que ni la tierra, ni la muerte ni el infierno pueden dominar, un poder que los habilitará para vencer como Cristo venció.—El Deseado de Todas las Gentes, 634. 

La inspiración registra fielmente las faltas de los hombres buenos que fueron distinguidos por el favor de Dios; en realidad, sus defectos resaltaban más que sus virtudes.

Los hombres a quienes Dios favoreció, y a quienes confió grandes responsabilidades, fueron a veces vencidos por la tentación y cometieron pecados, tal como nosotros hoy luchamos, vacilamos y frecuentemente caemos en el error. Sus vidas, con todos sus defectos y extravíos, están ante nosotros, para que nos sirvan de aliento y amonestación. Si se los hubiera presentado como personas intachables, nosotros, con nuestra naturaleza pecaminosa, podríamos desesperar por nuestros errores y fracasos.

 Pero viendo cómo lucharon otros con desalientos como los nuestros, cómo cayeron en la tentación como nos ha ocurrido a nosotros, y cómo, sin embargo, se reanimaron y llegaron a triunfar mediante la gracia de Dios, nos sentimos alentados en nuestra lucha por la justicia. 

Así como ellos, aunque vencidos algunas veces, recuperaron lo perdido y fueron bendecidos por Dios, también nosotros podemos ser vencedores mediante el poder de Jesús.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 242, 243. 


                                        Un plan para todos los tiempos.



Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. Hechos 15:11.

La verdad de Dios es la misma en todos los siglos, aunque presentada en forma diferente, de acuerdo con las necesidades de su pueblo en los diversos períodos. En la dispensación del Antiguo Testamento, toda obra importante estaba íntimamente relacionada con el santuario. El gran YO SOY moraba en el lugar santísimo.

 Allí, sobre el propiciatorio, velado por las sombras de las alas de los querubines, moraba lashekinah de su gloria, la muestra perpetua de su presencia; mientras que el pectoral del sumo sacerdote, engarzado con piedras preciosas, desde el recinto sagrado del santuario hacía conocer el solemne mensaje de Jehová al pueblo.

Los sacrificios simbólicos y las ofrendas de esa dispensación representaban a Cristo que había de convertirse en la perfecta ofrenda para el pecador. Además de esos símbolos místicos y sombras simbólicas que señalaban al Salvador venidero, había un Salvador presente para los israelitas.

Él era quien revestido de una columna de nube de día y una columna de fuego por la noche, los guió en sus viajes; y él fue el que dirigió palabras a Moisés que debían ser repetidas al pueblo... El que era igual con el padre en la creación del hombre, fue el Comandante y el Dador de la ley, y guió a su pueblo de la antigüedad.

Muchos consideran a los días de Israel como un tiempo de oscuridad, cuando los hombres estaban sin Cristo, sin arrepentimiento y sin fe. Muchos sostienen la doctrina errónea de que la religión de los hijos de Israel consistía en formas y ceremonias en las cuales no tenía parte la fe en Cristo.

Pero los de esa era se salvaban por Cristo tan ciertamente como son salvados los de hoy por él... Los sacrificios y símbolos eran una sombra de Cristo y habían de durar hasta que viniera la realidad.

                                   Cuando seas tentado, fija tus ojos en Cristo.



“Y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres”. 1 Reyes 19:4. 

Jesús fue afligido en todas nuestras aflicciones. El Capitán de nuestra salvación fue hecho perfecto por medio del sufrimiento.En esta vida seremos probados para ver si somos capaces o no de soportar la prueba de Dios. Cuando vengan las tentaciones de Satanás, seremos probados. 

¿Seremos derrotados por el poder seductor de Satanás o venceremos como lo hizo Jesús?¿Habremos atesorado en nuestra mente los tesoros de las verdades del cielo, que nos capacitarán para enfrentar al adversario de las almas con un “Escrito está”, como hizo Jesús y no con un discurso personal?

 Satanás sabe mejor que muchos profesos cristianos lo que está escrito, porque es un estudiante diligente de la Biblia, pero él obra para pervertir la verdad y llevar a los hombres por el sendero de la desobediencia. Los induce a descuidar la investigación de la Palabra de Dios.

Es un gran error indicarle a Dios lo que se debe hacer. Elías no sabía lo que estaba haciendo cuando le dijo al Señor que ya había vivido lo suficiente y deseaba morir. El Señor no tomó en cuenta su palabra, pues aún tenía algo que hacer antes de ser enaltecido y traspuesto al cielo. 

¿Hemos olvidado que Jesús, la majestad del cielo, sufrió siendo tentado? Jesús no permitió que el enemigo lo arrastrara al fango de la incredulidad, ni lo forzara a entrar en el cieno del desaliento y la desesperación.

Dios odia el pecado. La obra de Satanás consiste en atraer hacia las obras de maldad. Satanás ha desplegado gran destreza y poder de seducción con el fin de fascinar la mente para que escoja el pecado antes que la justicia. La influencia que ejerce una persona sobre otra ha llegado a ser muy peligrosa. Satanás guía, controla la mente y presiona la influencia de una mente sobre otra para ponerla a su servicio. 

Pero el Señor Jesús por medio de su Espíritu Santo, cambia el orden de las cosas; toma los pecados y la culpa de la raza humana sobre sí, atrae a las personas, las santifica y transforma al agente humano en su instrumento y compromete sus facultades para que realice una labor completamente opuesta a la que Satanás sugiere.

“Resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. Cuán preciosa es para el alma tentada esta promesa. Si quienes padecen prueba y tentación mantienen sus ojos en Jesús y se acercan a Dios, hablando de su bondad y de su perdón, Jesús se acercará a ellos y aquellas penas que creían casi insufribles se disiparán.

Nos esperan tiempos tormentosos, pero no debemos preocuparnos. La ansiedad revela incredulidad, pero Cristo nos dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.
Cristo Triunfante.


Para tiempos de prueba.


Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.Santiago 1:12. 

Las potestades de las tinieblas rodean el alma y ocultan a Jesús de nuestra vista, y a veces no podemos hacer otra cosa sino esperar entristecidos y asombrados hasta que pase la nube.A veces estos momentos son terribles. Parece faltar la esperanza, y la desesperación se apodera de nosotros. En estas horas angustiosas debemos aprender a confiar, a depender únicamente de los méritos de la expiación, y en toda nuestra impotente indignidad fiar enteramente en los méritos del Salvador crucificado y resucitado. 

Nunca pereceremos mientras hagamos esto, nunca. Cuando la luz resplandece sobre nuestra senda, no es difícil ser fuertes con el poder de la gracia. Pero para aguardar con paciencia y esperanza cuando las nubes nos rodean y todo está oscuro, se requiere una fe y una sumisión que una nuestra voluntad con la de Dios.

 Nos desalentamos demasiado pronto, y pedimos ardientemente que la prueba sea apartada de nosotros, cuando debiéramos pedir paciencia para soportarla y gracia para vencerla.—Joyas de los Testimonios 1:108, 109.

Los que se convierten a Dios con corazón, alma y mente, encontrarán en él apacible seguridad... El conoce justamente lo que necesitamos, justamente lo que podemos soportar, y nos dará gracia para soportar toda prueba que sobrevenga. Mi oración constante es que nos acerquemos más a Dios.—Hijos e Hijas de Dios, 21. 

En su gran amor, Dios procura desarrollar en nosotros las gracias preciosas de su Espíritu. Permite que hallemos obstáculos, persecución y opresiones, mas no como una maldición, sino como la bendición más grande de nuestra vida.

Cada tentación resistida, cada aflicción sobrellevada valientemente, nos da nueva experiencia y nos hace progresar en la tarea de edificar nuestro carácter. El alma que resiste la tentación mediante el poder divino revela al mundo y al universo celestial la eficacia de la gracia de Cristo.—El Discurso Maestro de Jesucristo, 95, 96. MGD 114.4


                                                       Una atmósfera vivificante.



A Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden. 2 Corintios 2:14, 15. 

En el don incomparable de su Hijo, ha rodeado Dios al mundo entero en una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo. Todos los que quisieren respirar esta atmósfera vivificante vivirán y crecerán hasta la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús.—El Camino a Cristo, 67.

Toda la belleza del arte no puede compararse con la belleza del temperamento y del carácter que se han de revelar en los que son representantes de Cristo. 

La atmósfera de la gracia que rodea el alma del creyente, el Espíritu Santo que trabaja en la mente y el corazón, son los que hacen de él un sabor de vida para vida, y permiten que Dios bendiga su obra.—Palabras de Vida del Gran Maestro, 280. 

La transformación del carácter ha de atestiguar al mundo que el amor de Cristo mora en nosotros. El Señor espera que su pueblo demuestre que el poder redentor de la gracia puede obrar en el carácter deficiente, y hacerlo desarrollarse simétricamente para que lleve abundante fruto... 

Cuando la gracia de Dios reine en el interior, el alma quedará rodeada de una atmósfera de fe y valor, y de un amor como el de Cristo, una atmósfera que vigorizará la vida espiritual de todos los que la inhalen... 

El Señor utilizará a los que son de corazón humilde para alcanzar las almas a quienes no pueden alcanzar los ministros ordenados. Serán inducidos a pronunciar palabras que revelarán la gracia salvadora de Cristo. 

Y al beneficiar a otros, serán ellos mismos beneficiados. Dios nos da oportunidad de impartir gracia, a fin de que pueda él volvernos a llenar con un aumento de su gracia. 

La esperanza y la fe se fortalecerán a medida que el agente de Dios obre con los talentos y las facilidades con que Dios lo ha provisto. Obrará con él un instrumento divino.—Joyas de los Testimonios 2:382, 383
  La ley de Dios protege la felicidad.


Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne. Romanos 8:3.

La felicidad de los seres humanos siempre debe estar protegida por la ley de Dios. Sólo en la obediencia pueden encontrar verdadera felicidad. La ley es el cerco que Dios colocó alrededor de su viña. Por ella, los que la obedezcan están protegidos del mal.

En la transgresión, Adán llegó a ser una ley para sí mismo. Por la desobediencia fue puesto bajo servidumbre, y de esa manera entró en los seres humanos un elemento discordante, nacido del egoísmo.

Ya no armonizaba su voluntad con la voluntad de Dios. Adán se había unido con las fuerzas desleales, y la voluntad propia empezó una campaña contra Dios.

Por medio de Cristo se presenta el verdadero ideal. Hizo lo posible para que la humanidad estuviera una vez más unida con Dios. Vino para sufrir la sentencia de muerte en lugar del transgresor.

 Ni un precepto de la ley podía alterarse para hacer frente a los hombres y a las mujeres en su condición caída; por lo tanto, Cristo dio su vida en su favor, para sufrir en su lugar el castigo de la desobediencia.

 Esta era la única forma en la que la humanidad podía ser salvada, la única forma en que podía demostrarse que es posible para la humanidad guardar la ley.

Cristo vino a esta tierra y ocupó el lugar que ocupó Adán, venció donde Adán falló en vencer. Nos ha sido hecho sabiduría y justificación y santificación y redención.

Antes de la fundación del mundo, Cristo empeñó su palabra en que daría su vida como un rescate si los hombres y las mujeres se apartaban de su lealtad a Dios. Reveló su amor humillándose a sí mismo, descendiendo del cielo para trabajar entre los caídos, indisciplinados y rebeldes seres humanos.

 Por ellos mismos no tendrían posibilidades de hacer frente al enemigo.

Cristo se ofrece a sí mismo con todo lo que tiene, su gloria, su carácter, al servicio de los que vuelvan a su lealtad y guarden la ley de Dios. Esta es su única esperanza. Cristo dice categóricamente: no vine a destruir la ley.

La ley es un trasunto del carácter de Dios, y vine para cumplir sus mismas especificaciones. Vine a vindicarla viviéndola en la naturaleza humana, dando un ejemplo de obediencia perfecta.
                                                           Poder en las promesas.



No os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. Hebreos 6:12.

Las Escrituras deben recibirse como palabra que Dios nos dirige, palabra no meramente escrita sino hablada. Cuando los afligidos acudían a Cristo, discernía él, no sólo a los que pedían ayuda, sino a todos aquellos que en el curso de los siglos acudirían a él con las mismas necesidades y la misma fe.

Al decirle al paralítico: “Confía, hijo; tus pecados te son perdonados”. Mateo 9:2... se dirigía también a otros afligidos, a otros cargados de pecado, que acudirían a pedirle ayuda.

Así sucede con todas las promesas de la Palabra de Dios. En ellas nos habla a cada uno en particular, y de un modo tan directo como si pudiéramos oír su voz. Por medio de estas promesas, Cristo nos comunica su gracia y su poder.

Son hojas de aquel árbol que es “para la sanidad de las naciones”. Apocalipsis 22:2.Recibidas y asimiladas, serán la fuerza del carácter, la inspiración y el sostén de la vida. Nada tiene tal virtud curativa.—El Ministerio de Curación, 84, 85.

Dios ama a sus criaturas con un amor que es a la vez tierno y fuerte. El ha establecido las leyes de la naturaleza, pero sus leyes no son imposiciones arbitrarias. Todo “no”, ya sea que se aplique a la ley física o moral, contiene o implica una promesa.Si se lo obedece, las bendiciones encaminarán nuestras pisadas; si se lo desobedece, el resultado será peligro e infelicidad.

Las leyes de Dios tienen como propósito que su pueblo viva más cerca de él. Los salvará del mal y los conducirá al bien si se dejan conducir, pero nunca los va a obligar.—Testimonies for the Church 5:445.

Somos demasiado faltos de fe. ¡Oh, cómo desearía que pudiera inducir a nuestros hermanos a tener fe en Dios! No deben creer que a fin de ejercer fe deben ser acicateados hasta llegar a un alto grado de excitación. Todo lo que tienen que hacer es creer en la Palabra de Dios, así como creen en lo que dicen uno al otro.

El lo ha dicho, y cumplirá su Palabra. Dependa Ud.tranquilamente de las promesas de Dios, porque él quiere decir precisamente lo que dice. Diga: El me ha hablado en su Palabra, y cumplirá cada promesa que ha hecho.—Mensajes Selectos 1:96, 97.
                                       La importancia de la estricta temperancia.


¡Bienaventurada tú, tierra, cuando... tus príncipes comen a su hora, para reponer sus fuerzas y no para beber!Eclesiastés 10:17.

De la experiencia de estos jóvenes [hebreos] surge una lección que todos haríamos bien en considerar. Nuestro peligro no viene de la escasez, sino de la abundancia. Constantemente estamos tentados a excedernos. Pero los que han de preservar sus facultades intactas para el servicio de Dios deben observar estricta temperancia en el uso de todas las dádivas del Señor, así como completa abstinencia de toda gratificación dañina y degradante.

Los hábitos físicos correctos promueven la superioridad mental. La energía intelectual, la fortaleza física y la longevidad dependen de leyes inmutables. No hay casualidad, no hay azar, en esta materia. El Cielo no va interferir para preservar a los hombres de las consecuencias de la violación de las leyes de la naturaleza. Es muy cierto el adagio de que todo hombre es el arquitecto de su propio destino.

Si bien los padres son responsables por el sello del carácter, así como por la educación y preparación que dan a sus hijos e hijas, también es cierto que nuestra posición y utilidad en el mundo dependen, en gran medida, de nuestro propio curso de acción.

Recuerden los adultos y los jóvenes que por cada violación de las leyes de la vida, la naturaleza expresará su protesta. La penalidad caerá sobre las facultades tanto mentales como físicas. Y no se circunscribe al culpable de frivolidad. Los efectos de sus fechorías se echan de ver en su descendencia, y así se transmiten los males hereditarios aun hasta la tercera y cuarta generación.

Estamos sufriendo por los hábitos erróneos de nuestros padres, y sin embargo ¡cuántos toman un curso en todo sentido peor que el de ellos! Cada año se beben millones de litros de licores intoxicantes, y se gastan millones de dólares en tabaco.Opio, té, café, tabaco y licores intoxicantes están extinguiendo rápidamente la chispa de la vitalidad que aún queda en la raza humana.

El uso de licor intoxicante destrona a la razón y endurece el corazón contra toda influencia pura y santa.

Hoy se necesitan hombres como Daniel—hombres que tengan la autodisciplina y el coraje de ser reformadores radicales en favor de la temperancia. Vele todo cristiano para que su ejemplo e influencia estén del lado de la reforma.

Los ministros del Evangelio sean fieles en instruir y amonestar a la gente. Y recordemos todos que nuestra felicidad en dos mundos depende del adecuado mejoramiento de uno.
  Hijos e hijas adoptivos.

                       

Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado. Efesios 1:5, 6.

Antes de que se pusieran los fundamentos de la tierra se estableció el pacto de que todos los que fueran obedientes, todos los que por medio de la abundante gracia provista llegaran a ser santos en carácter y sin mancha delante de Dios para apropiarse de esa gracia, fueran hijos de Dios.

Al creer plenamente que somos suyos por adopción, podremos tener un goce anticipado del cielo.
Estamos cerca de él y podemos mantener una dulce comunión con él.

Logramos vislumbres definidas de su ternura y compasión, y nuestros corazones se quebrantan y se ablandan al contemplar el amor que nos ha sido dado. Sentimos ciertamente que Cristo mora en el alma. Habitamos en él, y nos sentimos en casa con Jesús...

Sentimos  y comprendemos el amor de Dios, y reposamos en su amor. No hay lengua que pueda describirlo; está más allá del conocimiento.

Somos uno con Cristo, nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Tenemos la seguridad de que cuando él, que es nuestra vida, aparezca, nosotros también apareceremos con él en gloria. Con fuerte confianza podemos llamar a Dios nuestro Padre.

Todos los que han nacido en la familia celestial son en un sentido especial los hermanos de nuestro Señor. El amor de Cristo liga a los miembros de su familia, y dondequiera que se hace manifiesto este amor se revela la filiación divina...

El amor hacia el hombre es la manifestación terrenal del amor hacia Dios. El rey de gloria vino a ser uno con nosotros, a fin de implantar este amor y hacernos hijos de una misma familia. Y cuando se cumplan las palabras que pronunció al partir: “Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado” (Juan 15:12), cuando amemos al mundo como él lo amó, entonces se habrá cumplido su misión para con nosotros.

Estaremos listos para el cielo, porque lo tendremos en nuestro corazón.—El Deseado de Todas las Gentes, 593, 596.
                                    La salud es una bendición que pocos aprecian.


¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 1 Corintios 6:19.

 La salud es una bendición cuyo valor pocos aprecian; no obstante, de ella depende mayormente la eficiencia de nuestras facultades mentales y físicas.  Nuestros impulsos y pasiones tienen su asiento en el cuerpo, y éste debe conservarse en la mejor condición física, y bajo las influencias más espirituales, a fin de que pueda darse el mejor uso a nuestros talentos.

 Cualquier cosa que disminuya la fuerza física, debilita la mente y la vuelve menos capaz de discernir entre lo bueno y lo malo. Nos volvemos menos capaces de escoger lo bueno, y tenemos menos fuerza de voluntad para hacer lo que sabemos que es recto.

 El uso indebido de nuestras facultades físicas acorta el lapso en el cual nuestras vidas pueden ser usadas para la gloria de Dios. Y ello nos incapacita para realizar la obra que Dios nos ha dado para hacer. Al permitirnos formar malos hábitos, acostándonos a horas avanzadas, complaciendo el apetito a expensas de la salud, colocamos los cimientos de nuestra debilidad.

  Descuidando el ejercicio físico, cansando demasiado la mente o el cuerpo, desequilibramos el sistema nervioso. Los que así acortan su vida y se incapacitan para el servicio al no tener en cuenta las leyes naturales, son culpables de estar robando a Dios. Y están robando también a sus semejantes.

 La oportunidad de bendecir a otros, la misma obra para la cual Dios los envió al mundo, ha sido acortada por su propia conducta. Y se han incapacitado para hacer aun aquello que podían haber efectuado en un tiempo mucho más breve. El Señor nos considera culpables cuando por nuestros hábitos perjudiciales privamos así al mundo del bien.  La violación de la ley física es transgresión de la ley moral; porque Dios es tan ciertamente el autor de las leyes físicas como lo es de la ley moral.

Su ley está escrita con su propio dedo sobre cada nervio, cada músculo y cada facultad que ha sido confiada al hombre. Y todo abuso que cometemos de cualquier parte de nuestro organismo es una violación de dicha ley.  Todos debieran poseer un conocimiento inteligente del organismo humano, para poder conservar sus cuerpos en la condición necesaria para hacer la obra del Señor.

La vida física debe ser cuidadosamente preservada y desarrollada, a fin de que a través de la humanidad pueda ser revelada la naturaleza divina en toda su plenitud.  La relación del organismo físico con la vida espiritual es uno de los ramos más importantes de la educación. Debiera recibir una atención cuidadosa en el hogar y en la escuela...

 Todos deben mantener la mejor relación posible con la vida y la salud. Nuestros hábitos deben colocarse bajo el control de una mente gobernada por Dios.—Palabras de Vida del Gran Maestro, 281-283.