Incapacidad del hombre para salvarse.



Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuesemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada. Gálatas 2:16.

“Otro pacto, llamado en la Escritura el pacto ‘antiguo,’ se estableció entre Dios e Israel en el Sinaí, y en aquel entonces fue ratificado mediante la sangre de un sacrificio.”—Historia de los Patriarcas y Profetas, 387.

“Dios ... les dio la ley, con la promesa de grandes bendiciones siempre que obedecieran: ‘Ahora pues ... si guardareis mi pacto ... vosotros seréis mi reino de sacerdotes y gente santa.’ Éxodo 19:5, 6.

Los israelitas no percibían la pecaminosidad de su propio corazón, y no comprendían que sin Cristo les era imposible guardar la ley de Dios; y con excesiva premura concertaron su pacto con Dios.... Declararon: ‘Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho y obedeceremos’ (Éxodo 24:7), ... y sin embargo, apenas unas pocas semanas después, quebrantaron su pacto con Dios al postrarse a adorar una imagen fundida.

No podían esperar el favor de Dios por medio de un pacto que ya habían roto; y entonces, viendo su pecaminosidad y su necesidad de perdón, llegaron a sentir la necesidad del Salvador revelado en el pacto de Abrahán y simbolizado en los sacrificios.

“Los términos del pacto antiguo eran: Obedece y vivirás. ‘El hombre que los hiciere, vivirá en ellos;’ pero ‘maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para cumplirlas.’ Ezequiel 20:11; Levítico 18:5; Deuteronomio 27:26.

 El nuevo pacto se estableció sobre ‘mejores promesas,’ la promesa del perdón de los pecados, y de la gracia de Dios para renovar el corazón y ponerlos en armonía con los principios de la ley de Dios.”