La importancia de la estricta temperancia.


¡Bienaventurada tú, tierra, cuando... tus príncipes comen a su hora, para reponer sus fuerzas y no para beber!Eclesiastés 10:17.

De la experiencia de estos jóvenes [hebreos] surge una lección que todos haríamos bien en considerar. Nuestro peligro no viene de la escasez, sino de la abundancia. Constantemente estamos tentados a excedernos. Pero los que han de preservar sus facultades intactas para el servicio de Dios deben observar estricta temperancia en el uso de todas las dádivas del Señor, así como completa abstinencia de toda gratificación dañina y degradante.

Los hábitos físicos correctos promueven la superioridad mental. La energía intelectual, la fortaleza física y la longevidad dependen de leyes inmutables. No hay casualidad, no hay azar, en esta materia. El Cielo no va interferir para preservar a los hombres de las consecuencias de la violación de las leyes de la naturaleza. Es muy cierto el adagio de que todo hombre es el arquitecto de su propio destino.

Si bien los padres son responsables por el sello del carácter, así como por la educación y preparación que dan a sus hijos e hijas, también es cierto que nuestra posición y utilidad en el mundo dependen, en gran medida, de nuestro propio curso de acción.

Recuerden los adultos y los jóvenes que por cada violación de las leyes de la vida, la naturaleza expresará su protesta. La penalidad caerá sobre las facultades tanto mentales como físicas. Y no se circunscribe al culpable de frivolidad. Los efectos de sus fechorías se echan de ver en su descendencia, y así se transmiten los males hereditarios aun hasta la tercera y cuarta generación.

Estamos sufriendo por los hábitos erróneos de nuestros padres, y sin embargo ¡cuántos toman un curso en todo sentido peor que el de ellos! Cada año se beben millones de litros de licores intoxicantes, y se gastan millones de dólares en tabaco.Opio, té, café, tabaco y licores intoxicantes están extinguiendo rápidamente la chispa de la vitalidad que aún queda en la raza humana.

El uso de licor intoxicante destrona a la razón y endurece el corazón contra toda influencia pura y santa.

Hoy se necesitan hombres como Daniel—hombres que tengan la autodisciplina y el coraje de ser reformadores radicales en favor de la temperancia. Vele todo cristiano para que su ejemplo e influencia estén del lado de la reforma.

Los ministros del Evangelio sean fieles en instruir y amonestar a la gente. Y recordemos todos que nuestra felicidad en dos mundos depende del adecuado mejoramiento de uno.