Suficiente gracia para todos.



Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Romanos 5:17.

Dios tiene abundancia de gracia y poder esperando que los pidamos. Pero la razón por la cual no sentimos nuestra gran necesidad de él es que nos miramos a nosotros mismos en lugar de mirar a Jesús. No exaltamos a Jesús ni reposamos plenamente en sus méritos.—Testimonies for the Church 5:167.

La provisión hecha es completa y la justicia eterna de Cristo es acreditada a cada alma creyente. El manto costoso e inmaculado, tejido en el telar del cielo, ha sido provisto para el pecador arrepentido y creyente, y él puede decir: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia”. Isaías 61:10.

Se ha dispuesto gracia abundante para que el alma creyente pueda ser preservada del pecado, pues todo el cielo, con sus recursos ilimitados, ha sido colocado a nuestra disposición.Hemos de extraer del pozo de la salvación... Somos pecadores por nosotros mismos, pero somos justos en Cristo.

Habiéndonos hecho justos por medio de la justicia imputada de Cristo, Dios nos declara justos y nos trata como a tales. Nos contempla como a sus hijos amados. Cristo obra contra el poder del pecado, y donde abundó el pecado, sobreabunda la gracia.—Mensajes Selectos 1:461, 462.

Podemos hacer progresos diarios en la senda ascendente a la santidad y sin embargo encontraremos todavía mayores alturas que alcanzar; pero cada esfuerzo de los músculos espirituales, cada cansancio del corazón y el cerebro ponen en evidencia la abundancia de la reserva de la gracia esencial para que avancemos.—En Lugares Celestiales, 36.

Cuanto más contemplemos estas riquezas, tanto más nos posesionaremos de ellas, y revelaremos los méritos del sacrificio de Cristo, la protección de su justicia, su amor inefable, la plenitud de su sabiduría, y su poder para presentarnos delante del Padre sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante.

Estamos viviendo en el día de la preparación. Debemos conseguir una abundante provisión de gracia del almacén divino. El Señor ha hecho provisión para la demanda diaria.—En Lugares Celestiales, 52.


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