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La gloria de Dios se ve en sus obras.

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Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Isaías 6:3. No sólo el jardín del Edén, sino toda la tierra era sumamente hermosa al salir de la mano del Creador. No la desfiguraba ninguna mancha de pecado ni sombra de muerte. La gloria de Dios “cubre los cielos, y la tierra se llena de su alabanza”.Habacuc 3:3. “A una cantaron las estrellas de la mañana, y gritaron de alegría todos los hijos de Dios”. Job 38:7. De ese modo era la tierra un emblema adecuado de Aquel que es “grande en misericordia y en fidelidad” (Éxodo 34:6), un estudio propio para los seres creados a su imagen.  El huerto del Edén era una representación de lo que Dios deseaba que llegase a ser toda la tierra, y su propósito era que, a medida que la familia humana creciese en número, estableciera otros hogares y escuelas semejantes al que él había dado.  De ese modo, con el transcurso del tiempo, toda la tierra debía ser ocupada por hogares y escuelas...

Sé fuerte en su gracia.

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Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. 2 Timoteo 2:1-2.  Las lecciones contenidas en las palabras de Pablo a Timoteo son de importancia vital para nosotros. “Esfuérzate”, le exhorta.¿En su propia sabiduría? No, sino “en la gracia que es en Cristo Jesús”. La persona que decida seguir a Cristo no dependerá de sus propias capacidades ni tendrá confianza en sí misma. Tampoco permanecerá atrofiada en sus esfuerzos religiosos, no esquivará sus responsabilidades ni se mostrará inactiva en la causa de Dios. Sacará fuerzas de una fuente segura, que nunca desilusiona a los que acuden a ella en busca de poder divino.  La exhortación que se nos hace es: “Esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús”. Si el cristiano está consciente de su debilidad e incapacidad, al poner su confianza en Dios hallará que la gracia de Cri...

Poned vuestra mira en las cosas de arriba.

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Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Colosenses 3:2.  Cuando el pueblo de Dios aparte sus ojos de las cosas de este mundo y los ponga en el cielo y en las cosas celestiales, será un pueblo peculiar, porque verá la misericordia, la bondad y la compasión que Dios ha manifestado por los hijos de los hombres. Su amor le exigirá una respuesta y su vida evidenciará a quienes lo rodean que el Espíritu de Dios lo domina, que está poniendo sus afectos en las cosas de arriba y no en las de la tierra.  Al pensar en el cielo, podemos llevar nuestra imaginación hasta el límite más amplio e idear los más elevados pensamientos de que seamos capaces, y nuestra mente se fatigará en el esfuerzo por comprender la anchura, la profundidad y la altura del asunto.  Es imposible que nuestras mentes abarquen los grandes temas de la eternidad. Es imposible que nos esforcemos por comprender esas cosas sin que esto afecte todo nuestro carácter para el bie...

En cada situación Jesús da bendiciones oportunas.

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¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío. Salmos 42:11.  Hemos aprendido, en medio de las oscuras providencias, que no es sabio seguir nuestro propio camino, ni hacer conjeturas y reflexiones acerca de la fidelidad de Dios. Creo que podemos simpatizar entre nosotras y entendernos. Nos ha unido la gracia de nuestro Señor Jesucristo, y nos han unido lazos sagrados nacidos en la aflicción. A menudo las misericordias vienen disfrazadas de aflicciones; no podemos saber lo que hubiera ocurrido sin ellas. Cuando Dios, en su misteriosa providencia, cambia nuestros planes y torna nuestro gozo en tristeza, debemos inclinarnos en sumisión y decir: “Sea hecha tu voluntad, Señor”.  Debemos mantener una calmada confianza en Aquel que nos ama y dio su vida por nosotros. “De día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida...

Bienaventurados los que lavan sus vestiduras.

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Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Apocalipsis 22:14.  ¿Esperamos llegar al cielo al fin y unirnos al coro celestial?Como descendimos a la tumba así saldremos, en cuanto concierne al carácter... Ahora es el momento de lavar y planchar. Juan vio el trono de Dios rodeado por un grupo, y preguntó: “¿Quiénes son éstos?” La respuesta fue: “Son los que... han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”. Apocalipsis 7:14.  Cristo los lleva a las fuentes de aguas vivas y allí está el árbol de la vida y el precioso Salvador. Se nos presenta aquí una vida que se mide con la vida de Dios. Allí no hay dolor, pena, enfermedad o muerte. Todo es paz, armonía y amor. Ahora es el momento de recibir gracia, fortaleza y poder para combinarlos con nuestros esfuerzos humanos a fin de que podamos formar caracteres para la vida eterna. Cuando hagamos esto, descu...

Vivir con altruismo, y enseñar a la gente a amar a Jesús.

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Sigan por el camino que el SEÑOR su Dios les ha trazado, para que vivan, prosperen y disfruten de larga vida en la tierra que van a poseer. Deuteronomio 5:33 (NVI).  Cristo es el camino, la verdad y la vida. Les ruego que estudien su vida... Él vino para traer el don de la vida eterna a las almas perdidas. En el sacrificio de su Hijo, el Padre reveló cuánto desea que los pecadores sean salvados. “Por eso me ama el Padre”, declaró Cristo, “porque yo pongo mi vida”. Juan 10:17.El Padre nos ama con un amor que apenas se comprende débilmente.  Debido a que a los hombres y a las mujeres les falta el espíritu de abnegación y de sacrificio de sí mismos, no pueden comprender el sacrificio hecho por el Cielo al dar a Cristo al mundo.  Su experiencia religiosa está mezclada con egoísmo y vanagloria. ¿Cómo pueden semejantes maestros tener siquiera una escasa esperanza de compartir la herencia de Cristo? “Les aseguro”, les dijo a sus discípulos, “que a menos que u...

Nuestra obediencia hace posible que Dios cumpla las promesas.

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Has declarado solemnemente que Jehová es tu Dios, y que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus decretos, y que escucharás su voz.Deuteronomio 26:17.  Seamos leales y fieles a cada precepto de la ley de Dios. El Señor declara que si obedecemos los principios de su ley, esos principios serán nuestra vida. Los preceptos de la ley de Dios no fueron la producción de ninguna mente humana, ni fueron promulgados por Moisés. Fueron formulados por Aquel infinito en sabiduría, el mismo que es el Rey de reyes y Señor de señores, y por él fueron proclamados desde el Sinaí en medio de escenas de imponente grandiosidad. La prosperidad de Israel dependía de la obediencia a esos preceptos. “Cuida, pues, de ponerlos por obra, con todo tu corazón y con toda tu alma”. Deuteronomio 26:16. Dios no nos dio sus mandamientos para que los obedezcamos cuando nos plazca y para que los pasemos por alto a nuestro antojo. Son las leyes de su reino, y deb...