9 ago 2026

Para atraernos a Dios

Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Jeremías 31:3

 


El Señor de la vida y la gloria vistió su divinidad de humanidad para mostrar al hombre que Dios, mediante el don de Cristo, quiere unirnos con él. Sin estar en comunión con Dios, a nadie le es posible ser feliz. El hombre caído ha de aprender que nuestro Padre celestial no puede estar satisfecho hasta que su amor circunde al pecador arrepentido, transformado por los méritos del inmaculado Cordero de Dios.

 
A este fin tiende la obra de todos los seres celestiales. Tienen que trabajar, bajo las órdenes de su General, para la restauración de aquellos que por la transgresión se han separado de su Padre celestial. Se ha ideado un plan por el cual se revelarán al mundo la maravillosa gracia y el amor infinito de Cristo. El amor de Dios se revela en el precio infinito pagado por el Hijo de Dios para el rescate del hombre. Este glorioso plan de redención es amplio en sus provisiones para salvar al mundo entero. El hombre pecador y caído puede ser hecho completo en Jesús mediante el perdón del pecado y la justicia imputada de Cristo. 


En todos los actos llenos de gracia que Jesús realizó, trató de imprimir en los hombres los atributos paternales y benévolos de Dios... Jesús quiere que comprendamos el amor del Padre, y trata de acercarnos a él presentándonos su gracia paterna. Quiere que todo el campo de nuestra visión esté lleno de la perfección del carácter de Dios... Solamente al vivir entre los hombres podía revelar la misericordia, la compasión y el amor de su Padre celestial; porque sólo mediante actos de bondad podía manifestar la gracia de Dios. 


Cristo vino para manifestar el amor de Dios al mundo, para atraer el corazón de los hombres hacia él... El primer paso hacia la salvación es responder a la atracción del amor de Cristo... Cristo atrae a los hombres mediante la manifestación de su amor para que puedan comprender el gozo del perdón, la paz de Dios. Si responden a su atracción, entregando su corazón a la gracia divina, los guiará paso tras paso a un conocimiento pleno de Dios, y esto es vida eterna.[*] 


31 dic 2025

¡Feliz año nuevo!

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. Salmos 90:12. 


Otro año de vida se ha hundido en el pasado. Ante nosotros se abre un nuevo año. ¿Cuál será su historia? ¿Qué escribiremos cada uno sobre sus páginas inmaculadas? Eso lo decidirá la manera en que pasemos cada uno de los días. 

Comencemos el nuevo año con nuestros corazones limpios de la contaminación del orgullo y el egoísmo. Descartemos toda indulgencia pecaminosa, y procuremos ser fieles y diligentes alumnos de la escuela de Cristo. Un nuevo año abre sus limpias páginas ante nosotros. 

¿Qué escribiremos en ellas? 

Procuremos comenzar este año con propósitos correctos y motivos puros, como quienes tendrán que rendir cuenta delante de Dios. Nunca olvidéis que vuestros actos están pasando a la historia por medio de la pluma del ángel anotador. Tendréis que volver a encontraros con ellos cuando se comience el juicio y se abran los libros.

26 dic 2025

JESÚS NO NACIÓ EL 25 DE DICIEMBRE

 


Navidad, 25 de diciembre, es el día designado en nuestros calendarios como el día del nacimiento de Cristo. ¿ Pero es verdaderamente el día en que nació Cristo ? ¿ Son las costumbres de esta temporada de origen cristiano, o son las navidades el resultado de otra mezcla entre el paganismo y la cristiandad ? 

¡ El 25 de diciembre no es la fecha en que Cristo nació ! Es evidente que nuestro Salvador no nació durante el invierno, pues cuando Él nació, los pastores velaban sus rebaños en el campo. " Y había pastores en la misma tierra que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado " (Lucas 2,8). Como es conocido, los pastores en Palestina no hacen eso durante el invierno.

Si Cristo no nació en diciembre, ¿ cómo llegó este día a ser parte del calendario de la iglesia ? La historia nos da la respuesta. ¡ En vez de ser este día el nacimiento de nuestro Salvador, este era el día en que los paganos, durante muchos siglos, celebraron el nacimiento del dios solar ! ! Los estudios demuestran los esfuerzos que hicieron los líderes romanos para unir el paganismo hasta el punto de poner el nacimiento de Cristo en una fecha que armonizaba con la celebración pagana del dios sol. Fue en el siglo V que la Iglesia Católica Romana ordenó que el nacimiento de Cristo fuera observado el 25 de diciembre, el día de la antigua fiesta romana del solsticio de invierno.

En los días del paganismo esta fiesta del nacimiento del dios sol era popular especialmente dentro de los "misterios" conocidos como mitraísmo. Este festival era llamado " La Natividad". Y no solamente Mitra, el dios sol del mitraísmo, del cual se decía que había nacido en esta época del año, sino también de Osiris, Orus, Hércules, Baco, Adonis, Júpiter, Tammuz y otros dioses, puesto que eran todos procedentes de la misma leyenda de Tammuz con otros nombres. Todos ellos habían nacido en la misma época invernal conocida hoy como "Navidad".

Quiero decir al igual que Josué: "...Por todo esto, respeten al Señor y sírvanle con sinceridad y lealtad. Apártense de los dioses que sus antepasados adoraron.... Pero si no quieren servir al Señor, elijan hoy a quién van a servir....Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor "(Josué 24,1

14 dic 2025

Firmes en un mundo conmovido

 A Jehová he puesto siempre delante de mí: porque está a mi diestra no seré conmovido. Salmos 16:8.


 

Estamos viviendo en un tiempo de peligro, cuando la impiedad es algo común. Aun los cristianos profesos no creen en sus Biblias. La verdad de la Palabra de Dios es demasiado sencilla y clara para ellos. ... Las ideas anticristianas, las costumbres, y las prácticas impías prevalecen, y aun se las quiere hacer aparecer como cristianas; pero lo que es de más valor, lo que Dios estima más, es tratado con desprecio. Bien pueden preguntar los temerosos de Dios: ¿Cuál será el fin de estas cosas? El amor por Cristo y el amor de unos a otros está desapareciendo rápidamente de los corazones de los hombres. ...

La perversidad prevalece por todas partes, porque Satanás ha descendido teniendo grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo. Es un obrero perseverante, diligente, e incansable, y si alguna vez hubo un tiempo cuando los hombres necesitaron la presencia de Cristo a su mano derecha, es ahora. ... Necesitamos al Capitán de nuestra salvación continuamente a nuestro lado.

Hay, y continuará habiendo, agitación a nuestro alrededor, porque los reinos del mundo no quedarán en reposo. Nunca hubo un tiempo cuando fué más fuerte la tentación de negar a Cristo en espíritu y en comportamiento, y esta tentación aumentará en poder a medida que nos aproximemos al fin. A los hombres les sobrevendrán tentaciones fuertes y abrumadoras. Las falsas doctrinas y fábulas se presentarán como verdad bíblica, para que los hombres las acepten; y si fuera posible, engañarían aun a los escogidos. ¿Pero, es tiempo de que nuestro amor se enfríe cuando abunda la iniquidad? ¿Es éste un tiempo para estar tranquilos? ¿Es éste tiempo para separarse de Dios, nuestro Consejero?

El fin de todas las cosas está cerca. El día de Dios se apresura velozmente. El mundo está lleno de crimen, de angustia y de tristeza. Ocurren calamidades en la tierra y en el mar. Las tormentas y las tempestades hacen que sea inseguro separarnos de Dios durante un solo momento. Únicamente aquellos que viven por fe en esta vida de prueba, serán capaces de permanecer en el día de la tribulación, cuando sea movido todo lo que puede moverse, pero ellos estarán seguros y permanecerán inconmovibles.—The Youth’s Instructor, 19 de julio de 1894, pp. 228 NEV 356.1 - NEV 356.5

19 ene 2024

Vienen un tiempo de angustia

 En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está por los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fué después que hubo gente hasta entonces: mas en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallaren escritos en el libro.” Daniel 12:1. CS54 671.1

Cuando termine el mensaje del tercer ángel la misericordia divina no intercederá más por los habitantes culpables de la tierra. El pueblo de Dios habrá cumplido su obra; habrá recibido “la lluvia tardía,” el “refrigerio de la presencia del Señor,” y estará preparado para la hora de prueba que le espera. Los ángeles se apuran, van y vienen de acá para allá en el cielo. Un ángel que regresa de la tierra anuncia que su obra está terminada; el mundo ha sido sometido a la prueba final, y todos los que han resultado fieles a los preceptos divinos han recibido “el sello del Dios vivo.” [(véase el Apéndice, Nota 13)] Entonces Jesús dejará de interceder en el santuario celestial. 

Levantará sus manos y con gran voz dirá “Hecho es,” y todas las huestes de los ángeles depositarán sus coronas mientras él anuncia en tono solemne: “¡El que es injusto, sea injusto aún; y el que es sucio, sea sucio aún; y el que es justo, sea justo aún; y el que es santo, sea aún santo!” Apocalipsis 22:11 (VM). Cada caso ha sido fallado para vida o para muerte. Cristo ha hecho propiciación por su pueblo y borrado sus pecados. El número de sus súbditos está completo; “el reino, y el señorío y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo” van a ser dados a los herederos de la salvación y Jesús va a reinar como Rey de reyes y Señor de señores. CS54 671.2

Cuando él abandone el santuario, las tinieblas envolverán a los habitantes de la tierra. Durante ese tiempo terrible, los justos deben vivir sin intercesor, a la vista del santo Dios. Nada refrena ya a los malos y Satanás domina por completo a los impenitentes empedernidos. La paciencia de Dios ha concluido. El mundo ha rechazado su misericordia, despreciado su amor y pisoteado su ley. Los impíos han dejado concluir su tiempo de gracia; el Espíritu de Dios, al que se opusieran obstinadamente, acabó por apartarse de ellos. Desamparados ya de la gracia divina, están a merced de Satanás, el cual sumirá entonces a los habitantes de la tierra en una gran tribulación final. Como los ángeles de Dios dejen ya de contener los vientos violentos de las pasiones humanas, todos los elementos de contención se desencadenarán. El mundo entero será envuelto en una ruina más espantosa que la que cayó antiguamente sobre Jerusalén. CS54 671.3

Un solo ángel dió muerte a todos los primogénitos de los egipcios y llenó al país de duelo. Cuando David ofendió a Dios al tomar censo del pueblo, un ángel causó la terrible mortandad con la cual fué castigado su pecado. El mismo poder destructor ejercido por santos ángeles cuando Dios se lo ordena, lo ejercerán los ángeles malvados cuando él lo permita. Tomado del libro Conflicto de los Siglos 

14 ene 2024

El libro de los Salmos

 Dios invita a los hombres a verle en las maravillas de los cielos. "Levantad en alto vuestros ojos —dice— y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio". Isaías 40:26. Dios quiere que estudiemos las obras del infinito, y aprendamos de ese estudio a amarle, reverenciarle y obedecerle. Los cielos y la tierra, con sus tesoros, enseñan las lecciones del amor de Dios, de su cuidado y poder.

Dios invita a sus criaturas a apartar su atención de la perplejidad que los rodea, y a admirar las obras de sus manos. Mientras las estudiamos, los ángeles del cielo estarán a nuestro lado para iluminar nuestra mente, y protegerla contra los engaños de Satanás... 

El salmista declara: "Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová". Salmo 27:8... El Salmo 81 explica por qué fue dispersado Israel, por olvidarse de Dios, como las iglesias de nuestra tierra están olvidándole hoy. Considérense también los. Salmos 89, 90, 91, 92 y 93.

Estas cosas fueros escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado; ¿y no debieran ser estudiadas en nuestras escuelas? La Palabra de Dios contiene lecciones instructivas, dadas en reprensión, amonestación, estímulo y ricas promesas (Consejos para los maestros, pp. 441, 442).

Nuestro Dios tiene a su disposición el cielo y la tierra y sabe exactamente lo que necesitamos. Solo podemos ver hasta corta distancia delante de nosotros; mas "todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta". Hebreos 4:13. Por sobre las perturbaciones de la tierra está él entronizado; y todas las cosas están abiertas a su visión divina; y desde su grande y serena eternidad ordena aquello que su providencia ve que es lo mejor.

Ni siquiera un pajarillo cae al suelo sin que lo note el Padre. El odio de Satanás contra Dios le induce a deleitarse en destruir hasta los animales. Y solo por el cuidado protector de Dios son preservadas las aves para alegrarnos con sus cantos de gozo. Pero él no se olvida siquiera de los pajarillos. "Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos". Mateo 10:31 (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 285)

Cuando se fija la atención sobre la cruz de Cristo, todo el ser se ennoblece. El conocimiento del amor del Salvador subyuga el alma, y eleva la mente por encima de las cosas del tiempo y los sentidos. Aprendamos a valorar todas las cosas temporales a la luz que brilla de la cruz. Esforcémonos por sondear las profundidades de humillación a las cuales descendió nuestro Salvador con el fin de hacer que el hombre poseyera las riquezas eternas. A medida que estudiamos el plan de redención, el corazón sentirá los latidos del amor del Salvador, y quedará cautivado por el encanto de su carácter (Exaltad a Jesús, p. 242).


1 ene 2024

¡Feliz Año Nuevo!


Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. Salmos 90:12. 

Otro año de vida se ha hundido en el pasado. Ante nosotros se abre un nuevo año. ¿Cuál será su historia? ¿Qué escribiremos cada uno sobre sus páginas inmaculadas? Eso lo decidirá la manera en que pasemos cada uno de los días. 

Comencemos el nuevo año con nuestros corazones limpios de la contaminación del orgullo y el egoísmo. Descartemos toda indulgencia pecaminosa, y procuremos ser fieles y diligentes alumnos de la escuela de Cristo. Un nuevo año abre sus limpias páginas ante nosotros. 

¿Qué escribiremos en ellas? 

Procuremos comenzar este año con propósitos correctos y motivos puros, como quienes tendrán que rendir cuenta delante de Dios. Nunca olvidéis que vuestros actos están pasando a la historia por medio de la pluma del ángel anotador. Tendréis que volver a encontraros con ellos cuando se comience el juicio y se abran los libros. 

30 dic 2023

La Crisis Final

 “Siendo que todo será destruido, ¿qué clase de personas deben ser ustedes en santa y piadosa conducta, esperando y apresurándose para la venida del día de Dios? En ese día los cielos serán encendidos y deshechos, y los elementos se fundirán abrasados por el fuego” (2 Ped. 3:1)

 Jesus dijo a sus discípulos, y nos dice a nosotros: “Por tanto, vayan a todas las naciones, hagan discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado. Y yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:19, 20). Esta es la Gran Comisión. Y en muchos sentidos el mensaje de los tres ángeles, con un llamado a “toda nación y tribu, lengua y pueblo” (Apoc. 14:6), es simplemente la “verdad presente” (2 Ped. 1:12) de la Gran Comisión. 

Apocalipsis 14:6 

6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo 

2 Pedro 1:12 

12 Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. 

Lee 1 Juan 4:8, 2 Pedro 3:9, 1 Timoteo 2:4 y Génesis 12:3. ¿Por qué todos los grupos de personas son importantes para Dios? 

1 Juan 4:8 

8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 

2 Pedro 3:9 

9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 

1 Timoteo 2:4 

4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. 

Génesis 12:3 

3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. 

El amor de Cristo es hacia toda la humanidad, sin excluir a ningún grupo. Contrariamente a la teología que enseña que Cristo murió únicamente por una élite predestinada, la Biblia es clara en que la muerte de Cristo fue por todas las personas, independientemente de su raza, etnia o cualquier otro factor. Si eres un ser humano, Cristo murió por ti. Punto. La única pregunta que les queda a todos es: ¿Cómo respondes a su muerte? 

Cuando Jesús regrese, solo habrá dos bandos manifiestos: los que se han sometido a la autoridad de Satanás por medio de las instituciones religiosas y políticas, como se muestra en Apocalipsis 13 y 17, y los que se han sometido plenamente a Jesucristo, cuya fe se manifiesta por guardar “los mandamientos de Dios” (Apoc. 14:12). 

Apocalipsis 14:12 

12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. 

Desde el principio, los seres humanos han tenido pruebas de quién es Dios y de sus sendas de justicia y amor (Rom. 1:18-21). Por lo tanto, todos los seres humanos de épocas pasadas serán juzgados sobre la base de cómo cooperaron con Dios y la vida que llevaron, independientemente de cuánto entendieron (Rom. 2:11-16). 

Romanos 1:18-21 

18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; 

19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 

20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. 

21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 

Romanos 2:11-16 

11 porque no hay acepción de personas para con Dios. 

12 Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados 

Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio. 

Pero, en este tiempo del fin hay una creciente polarización, y ya no se respetará la libertad de conciencia. Se presionará a la gente para que se alinee con el bando de Satanás. Es urgente que se proclame el evangelio y se expongan las serias noticias acerca de las estrategias de Satanás. Y eso es exactamente de lo que trata el mensaje de los tres ángeles, y nuestra misión. 

Medita sobre el hecho de que Cristo ha muerto por ti individualmente. ¿Qué podría hacerte pensar que la muerte de Cristo en la Cruz no podría pagar cualquier cosa que hayas hecho, por más mala que sea.

16 dic 2023

Nada podemos hacer sin Dios

Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12. 

No hay nadie que haya errado a quien Jesús no perdone, reciba y bendiga si, consciente de su debilidad e impotencia, se acerca a El con fe en busca de simpatía y fortaleza.

¡Qué pensamientos consolador es saber que Jesús se compadece de nuestras debilidades! Fue tentado en todo así como nosotros somos tentados, y ha provisto exactamente la clase de ayuda que necesitamos, de tal manera que si tan sólo ponemos nuestros pies en las huellas de sus pisadas, estaremos seguros.

Santificó el sendero que recorrieron sus pies.Escuchemos su voz que nos invita: “Sígueme. Soy la luz del mundo. Los que me siguen no caminarán en tinieblas. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Véase Mateo 4:19; Juan 8:12;. 16:33. 

Cristo venció al mundo en una experiencia real, y cuán grande es su amor para con nosotros cuando nos invita a ir a El con todas nuestras aflicciones, angustias, dolores de corazón y perplejidades, con la seguridad de que nos ayudará. Dará salud y brillo a nuestras vidas. 

Si ponemos nuestra mano en la suya, colocará nuestros pies sobre la roca firme, sobre un fundamento mejor que el que hayamos tenido alguna vez. Nos hará más fuertes en su fortaleza y obrará con todos nuestros esfuerzos. 

Entonces, cuando nuestras almas hayan experimentado su toque sanador, seremos atraídos a un estrecho compañerismo con Jesús y seremos obreros juntamente con Dios, no solamente para restaurar a los que yerran, para sanar a los quebrantados de corazón, sino también para impartir valor, fe y confianza. 


Esta es la tarea de los obreros de Dios: llevar a Jesús a las almas que se han apartado de sus enseñanzas y que, aparentemente, se han estrellado contra las rocas y arrecifes del pecado. A estas vidas quebrantadas, que han estado aparentemente sin esperanza, se les promete sanidad. 

Es más difícil enseñar a alguien que piensa que lo sabe todo, que a uno que siente su incapacidad e ignorancia. Hablo con conocimiento al decir que la obra de restaurar a las almas quebrantadas por errores y pecados manifiestos es la más difícil de realizar. 

Se cultiva algún pecado acariciado hasta que llega a tomar las riendas del control, no se combate vigorosamente un mal hábito hasta vencerlo y, cuán difícil es borrar las heridas que sufre el alma.

Lo invito a no demorar más, sino a ser un sabio obrero del Señor, a poner todo esfuerzo para redimir el tiempo. Que nada lo acobarde... El Señor aceptará un esfuerzo consagrado y dedicado de su parte.


 White G Elena, Alza tus Ojos.


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El Señor Jesús os bendiga.

9 dic 2023

Los días finales

 La caída del hombre llenó todo el cielo de tristeza... Los ángeles suspendieron sus himnos de alabanza. Por todos los ámbitos de los atrios celestiales, había lamentos por la ruina que el pecado había causado.

El Hijo de Dios, el glorioso Soberano del cielo, se conmovió de compasión por la raza caída. Una infinita misericordia conmovió su corazón al evocar las desgracias de un mundo perdido. Pero el amor divino había concebido un plan mediante el cual el hombre podría ser redimido. La quebrantada ley de Dios exigía la vida del pecador. En todo el universo solo existía uno que podía satisfacer sus exigencias en lugar del hombre. Puesto que la ley divina es tan sagrada como el mismo Dios, solo uno igual a Dios podría expiar su transgresión. Ninguno sino Cristo podía salvar al hombre de la maldición de la ley, y colocarlo otra vez en armonía con el Cielo. Cristo cargaría con la culpa y la vergüenza del pecado, que era algo tan abominable a los ojos de Dios que iba a separar al Padre y su Hijo. Cristo descendería a la profundidad de la desgracia para rescatar la raza caída (Patriarcas y profetas, p. 48).

Para salvar a los que yerran, debemos cultivar el espíritu con que Cristo trabajó. Ellos le son tan caros como nosotros. Son igualmente capaces de ser trofeos de su gracia y herederos del reino. Pero están expuestos a las trampas del astuto enemigo, expuestos al peligro y a la contaminación, y sin la gracia salvadora de Cristo, a la ruina segura. Si nosotros considerásemos este asunto en su debida luz, ¡cómo se vivificaría nuestro celo, se multiplicarían nuestros esfuerzos fervientes y abnegados, a fin de acercarnos a aquellos que necesitan nuestra ayuda, nuestras oraciones, nuestra simpatía y nuestro amor!...

Viven tan solo para Cristo y honran su nombre aquellos que son fieles a su Maestro, tratando de salvar lo que se había perdido. La pie-dad genuina se manifestará ciertamente mediante el anhelo profundo y la ferviente labor del Salvador crucificado para salvar a aquellos por quienes murió. Si nuestro corazón está enternecido y subyugado por la gracia de Cristo, si está iluminado con un sentido de la bondad y el amor de Dios, habrá un flujo natural de amor, simpatía y ternura hacia los demás. La verdad ejemplificada en la vida ejercerá su poder, como la levadura oculta, en todos aquellos con quienes sea puesta en contacto (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 570, 571).

El hombre es propiedad de Dios, y los ángeles observan con intenso interés para ver cómo tratará el hombre con sus semejantes. Cuando las inteligencias celestiales ven a los que dicen ser hijos e hijas de Dios realizar esfuerzos semejantes a los de Cristo para ayudar los errantes, y manifiestan un espíritu tierno y compasivo por los arrepentidos y caídos, los ángeles se acercan más a ellos y les hacen recordar las palabras adecuadas para aliviar y elevar el alma. Hay ángeles santos en la senda de cada uno de nosotros. No debemos despreciar a ninguno de los pequeñitos de Dios (Exaltad a Jesús, p. 203).


2 dic 2023

La observancia del sábado


El Salvador guardaba el sábado, y enseñó a sus discípulos que lo guardaran. Sabía de qué manera debía ser observado, pues él mismo lo había santificado. 

La Sagrada Escritura dice: “Acordarte has del día del sábado, para santificarlo.” “El séptimo día será Sábado a Jehová tu Dios.” “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó: por tanto Jehová bendijo el día del Sábado, y lo santificó.” Éxodo 20:8, 10, 11; 31:16, 17, Versión Valera de la S. B

Cristo obró con su Padre en la creación de la tierra, y fué él quien hizo el sábado, pues las Santas Escrituras dicen que “todas las cosas por medio de él fueron hechas.” Juan 1:3. 

Cuando miramos el sol y las estrellas, los árboles y las hermosas flores, debemos recordar que fué Cristo quien hizo todo esto. El hizo el sábado para ayudarnos a rememorar su amor y su poder. 

Los doctores de los judíos habían establecido muchas reglas respecto a la manera de observar el sábado, y querían que todos obedecieran sus mandamientos. Así que acechaban al Salvador para ver lo que él haría. 

Un sábado, mientras regresaba de la sinagoga, Cristo y sus discípulos pasaban por un campo de trigo. Como era tarde y los discípulos tenían hambre, arrancaron algunas espigas, las restregaron entre sus manos y se pusieron a comer los granos. 

En cualquier otro día, a toda persona que pasaba por un sembrado o huerto le era permitido tomar lo que quería comer. Pero no era así en día sábado. Los enemigos de Cristo vieron lo que los discípulos estaban haciendo, y dijeron al Salvador: 

“¡Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el sábado!” Mateo 12:2. 

Pero Jesús los defendió. Recordó a sus acusadores el caso de David, quien, teniendo necesidad, comió del pan sagrado del tabernáculo y diólo también a sus compañeros hambrientos. 

Si David pudo hacer tal cosa sin culpabilidad, ¿no podían los discípulos arrancar en las horas sagradas del sábado el grano que necesitaban para satisfacer su hambre?

El sábado no fué hecho para gravamen del hombre. Su objeto fué darle paz y descanso. Por eso nuestro Señor dijo: “El sábado fué hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado.” Marcos 2:27.

“Aconteció también en otro sábado, que entró en la sinagoga y enseñaba: y había allí un hombre que tenía seca la mano derecha. 

“Y los escribas y los fariseos le estaban acechando, por ver si le sanaría en el sábado, a fin de hallar cómo podían acusarle. 

“Mas él conocía sus pensamientos, y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, poniéndose en pie, se estuvo esperando. 

“Jesús entonces les dijo: Yo os pregunto. ¿Es lícito en el sábado hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o destruirla?

“Y mirándolos a todos en derredor, le dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así: y su mano le fué restaurada. 

“Mas ellos se llenaron de rabia, y conferenciaban entre sí de lo que pudieran hacer a Jesús.” Lucas 6:6-9, 11.

Jesús les demostró cuán poco razonables eran mediante esta pregunta: “¿Qué hombre habría de vosotros, que tenga una sola oveja, el cual, si ella cayere en un hoyo en día de sábado, no le echará mano y la sacará?” 

No pudieron ellos responder. Y en seguida él les dijo: “Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? así que es lícito hacer bien en día de sábado.” Mateo 12:11

“Es lícito.” Es decir: está en conformidad con la ley. Jesús no reprendió a los judíos porque reverenciaban la ley de Dios, o porque guardaban el sábado. Por el contrario, siempre apoyó la ley en todas sus partes. 

Isaías profetizó acerca de Cristo: “Engrandece la ley, y la hace honorable.” Isaías 42:21. Engrandecer quiere decir magnificar, ensanchar, elevar a una posición superior. 

Cristo magnificó la ley mostrando el significado admirable que tenía cada parte de ella. Enseñó que debe ser obedecida no sólo con las acciones que los hombres ven, sino también con los pensamientos que sólo Dios conoce. CNS 60.8

A quienes declaraban que Jesús había venido a abolir la ley, él dijo: “No penséis que vine a invalidar la Ley, o los Profetas: no vine a invalidar, sino a cumplir.” Mateo 5:17. 

Cumplir quiere decir guardar, observar, respetar. Véase Santiago 2:8. Por esto cuando Cristo vino para ser bautizado por Juan, le dijo: “Porque así nos conviene cumplir toda justicia.” Mateo 3:15. Cumplir la ley es obedecerla perfectamente. 

La ley de Dios no puede cambiar jamás, pues Cristo dijo: “Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni un tilde pasará de la ley, hasta que el todo sea cumplido.” Mateo 5:18. 

Cuando Cristo preguntó: “¿Es lícito en el sábado hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida o destruírla?” demostró que podía leer en los corazones de los malvados fariseos que le acusaban. 

Mientras él trataba de salvar vidas curando a los enfermos, ellos trataban de destruír la suya condenándole a muerte. ¿Qué era mejor, matar en sábado, como ellos intentaban hacerlo, o sanar a los enfermos como él había hecho? 

¿Era acaso mejor abrigar intenciones homicidas en el día santo de Dios, que tener el corazón lleno de amor para con todos los hombres, de un amor que se expresaba en obras de bondad y misericordia? 

Muchas veces acusaron los judíos a Jesús de que quebrantaba el sábado. Muchas veces procuraron matarle porque no guardaba el sábado conforme a las tradiciones de ellos. Pero a él nada le importaba, y guardaba el sábado tal como Dios quería que se lo guardase.

En Jerusalén, había un estanque llamado de Betesda. En ciertos momentos el agua se enturbiaba; la gente creía que un ángel del Señor descendía allí para revolver el agua; y que el primero que entraba en ella después que fuera agitada “quedaba sano de cualquiera enfermedad que tuviese.” 

Muchos iban al estanque con la esperanza de sanar, pero la mayoría de ellos eran defraudados en sus esperanzas. Cuando las aguas eran revueltas, los enfermos eran tantos que muchos no podían llegar siquiera a la orilla del estanque.

Un sábado Jesús llegó a Betesda. Su corazón se llenó de compasión al ver allí a los pobres enfermos. 

Un hombre parecía estar en peor condición que los demás. Hacía treinta y ocho años que estaba imposibilitado. Ningún médico había podido curarlo. Muchas veces le habían llevado a Betesda, pero siempre alguien entraba en el agua antes que él cuando ésta era movida. 

Aquel sábado el pobre hombre había tratado una vez más de llegar al estanque, pero en vano. Jesús le vió mientras volvía arrastrándose hacia la estera que constituía su lecho. Sus fuerzas se habían agotado y a no ser que le llegara pronto auxilio iba a morir. 

Mientras yacía allí mirando de vez en cuando al estanque, un rostro que reflejaba amor se inclinó sobre él, y oyó una voz que le decía: “¿Quieres ser sano?” 

El enfermo respondió tristemente: “Señor, no tengo quien me meta en el estanque, cuando el agua fuere revuelta; y así mientras yo voy, otro baja antes que yo.” 

No sabía aquel desdichado que delante de él estaba Uno que tenía poder para sanar no sólo a un enfermo sino a todos los que acudieran a él. Jesús le dijo: “Levántate, alza tu lecho, y anda.” 

En el acto trató el hombre de obedecer al mandato, y la fuerza le volvió. De un salto se puso en pie, y comprobó que podía andar. ¡Cuánto gozo sintió! 

Alzó su lecho y se fué apresuradamente, alabando a Dios a cada paso. 

Pronto encontró a algunos fariseos, a quienes les contó su maravillosa curación. No parecían ellos celebrar el hecho, sino que por el contrario le reprendieron porque cargaba su lecho en sábado. Pero el hombre les contestó: “Aquel que me sanó, él mismo me dijo: Alza tu lecho, y anda.” Juan 5:1-11. 

Disculparon entonces al que había sido sanado, pero censuraron al que se había atrevido a mandarle que llevara su lecho en sábado. 

En Jerusalén, donde Jesús estaba a la sazón, vivían muchos rabinos instruídos. Allí era donde enseñaban al pueblo sus falsas ideas respecto al sábado. Muchísimos venían al templo para adorar, y así las enseñanzas de los rabinos se extendían por doquiera. Cristo deseaba corregir esos errores, y con tal fin sanó al hombre en sábado y le mandó que llevara su camilla. Sabía que esto llamaría la atención de los rabinos, y le daría oportunidad para instruírlos. Y así fué. Los fariseos llevaron a Cristo ante el Sanedrín, que era el principal tribunal de los judíos, para que respondiera al cargo de que profanaba el sábado. CNS 63.5

El Salvador les declaró que su acción estaba en armonía con la ley del sábado. Concordaba con la voluntad y la obra de Dios. “Mi Padre hasta ahora obra,” dijo, “y yo obro.” Juan 5:17. 

Dios obra de continuo sosteniendo a todos los seres vivientes. ¿Acaso podía su obra cesar el sábado? ¿Debe el Señor prohibir al sol que caliente la tierra y nutra la vegetación?

¿Deberían los arroyos dejar de regar los campos, y las ondas de la mar suspender sus movimientos? ¿Deben acaso el trigo y el maíz, los árboles y las flores dejar de crecer, brotar y florecer en día sábado? 

Si así aconteciera, el hombre echaría de menos los frutos de la tierra y los bienes que sostienen la vida. La naturaleza debe proseguir su obra, o de lo contrario el hombre moriría. El hombre también tiene su obra que hacer en ese día. Tiene que atender a las exigencias de la vida, cuidar a los enfermos y satisfacer las necesidades de los indigentes. Dios no quiere que ninguna de sus criaturas sufra por una hora siquiera un dolor que pueda ser aliviado en sábado o en cualquier otro día. 

La obra del cielo no se detiene nunca y nosotros no debemos cesar de hacer bien. La ley del sábado nos prohibe que hagamos nuestro propio trabajo en el día de reposo de Jehová. La labor de ganarse la vida debe suspenderse; ningún quehacer que tenga por objeto la consecución de placeres o provechos mundanos resulta lícito. Mas el sábado no debe pasarse en inútil ociosidad. Como Dios suspendió su obra de la creación y reposó el sábado, así también debemos nosotros descansar. El nos manda que dejemos a un lado nuestras ocupaciones diarias y que dediquemos esas horas sagradas al reposo saludable, al culto y a obras de santidad. CNS 64.4

  

29 nov 2023

Fuerza para el tiempo de angustia


En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Daniel 12:1. 

Al acercarse los miembros del cuerpo de Cristo al período de su último conflicto, al “tiempo de angustia de Jacob”, crecerán en Cristo y participarán en gran medida de su Espíritu. Al crecer el tercer mensaje hasta ser un fuerte pregón, cuando acompañe a la obra final un gran poder y gloria, los hijos de Dios participarán de aquella gloria. La lluvia tardía será lo que los fortalecerá y reavivará para atravesar el tiempo de angustia. Sus rostros resplandecerán con la gloria de aquella luz que acompaña al tercer ángel. 

Vi que Dios preservará de manera maravillosa a su pueblo durante el tiempo de angustia. Así como Jesús oró con toda la agonía de su alma en el huerto, ellos clamarán con fervor y agonía día y noche para obtener libramiento. Se proclamará el decreto de que deben despreciar el sábado del cuarto mandamiento, y honrar el primer día, o perder la vida. Pero ellos no cederán, ni pisotearán el sábado del Señor para honrar una institución del papado. Los rodearán las huestes de Satanás, y los hombres perversos, para alegrarse de su suerte, porque no parecerá haber para ellos medio de escapar. Pero en medio de las orgías y el triunfo de aquéllos, se oirá el estruendo ensordecedor del trueno más formidable. Los cielos se habrán ennegrecido, y estarán iluminados únicamente por la deslumbrante y terrible gloria del cielo, cuando Dios deje oír su voz desde su santa morada. 

Los cimientos de la tierra temblarán; los edificios vacilarán y caerán con espantoso fragor. El mar hervirá como una olla, y toda la tierra será terriblemente conmovida. El cautiverio de los justos se cambiará, y con suave y solemne susurro se dirán unos a otros: “Somos librados; es la voz de Dios”. Con solemne asombro escucharán las palabras de la voz.—Joyas de los Testimonios 1:131, 132,

  

11 nov 2023

Perfección por los méritos de Cristo


Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Mateo 5:48. 


Cristo presenta delante de nosotros la más alta perfección del carácter cristiano, que deberíamos procurar alcanzar durante toda la vida. Pablo escribe acerca de esta perfección: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo...Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús...”. Filipenses 3:12-15. Como podemos alcanzar la perfección especificada por nuestro Señor y Salvador Jesucristo: nuestro gran Maestro?

 ¿Podemos hacer frente a sus requisitos y alcanzar una norma tan elevada? Podemos, pues de lo contrario Cristo no nos lo hubiera ordenado. Él es nuestra justicia. En su humanidad, ha ido delante de nosotros y ha efectuado para nosotros la perfección del carácter. 

Hemos de tener la fe en él que obra por el amor y purifica el alma. La perfección del carácter se basa en lo que Cristo es para nosotros. 

Si dependemos constantemente de los méritos de nuestro Salvador, y seguimos en sus pisadas, seremos como él, puros e incontaminados. Nuestro Salvador no requiere lo imposible de ninguna alma.No espera nada de sus discípulos que no esté dispuesto a darles gracia y fortaleza para realiza. No les pediría que fueran perfectos, si junto con su orden no les concediera toda perfección de gracia a aquellos sobre los que confiere un privilegio tan elevado y santo.os ha asegurado que está más dispuesto a dar el Espíritu Santo a los que lo piden, que los padres a dar buenas dádivas a sus hijos. 

Nuestra obra es esforzarnos para alcanzar, en nuestra esfera de acción, la perfección que Cristo en su vida terrenal alcanzó en cada esfera del carácter. Él es nuestro ejemplo.

En todas las cosas, hemos de esforzarnos para honrar a Dios en carácter. Al no alcanzar, día tras día, los requerimientos divinos, estamos poniendo en peligro la salvación de nuestra propia alma. 


 White G Elena, A Fin de Conocerle.


21 oct 2023

Seguridad eterna


Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre. Zacarías 14:9. 



El gran plan de la redención dará por resultado el completo restablecimiento del favor de Dios para el mundo. Será restaurado todo lo que se perdió a causa del pecado. No sólo el hombre, sino también la tierra será redimida, para que sea la morada eterna de los obedientes. Durante seis mil años, Satanás luchó por mantener la posesión de la tierra. Pero se cumplirá el propósito original de Dios al crearla. “Tomarán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre”. Daniel 7:18. 

“Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová”. Salmos 113:3... Los sagrados estatutos que Satanás ha odiado y ha tratado de destruir, serán honrados en todo el universo inmaculado.

Por medio de la obra redentora de Cristo, el gobierno de Dios queda justificado. El Omnipotente es dado a conocer como el Dios de amor. Las acusaciones de Satanás quedan refutadas y su carácter desenmascarado. La rebelión no podrá nunca volverse a levantar. El pecado no podrá nunca volver a entrar en el universo. A través de las edades eternas, todos estarán seguros contra la apostasía. Por el sacrificio abnegado del amor, los habitantes de la tierra y del cielo quedarán ligados a su Creador con vínculos de unión indisoluble.

Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia de Dios. La tierra misma, el campo que Satanás reclama como suyo, ha de quedar no sólo redimida, sino exaltada. Nuestro pequeño mundo, que es bajo la maldición del pecado la única mancha oscura de su gloriosa creación, será honrado por encima de todos los demás mundos en el universo de Dios. Aquí, donde el Hijo de Dios habitó en forma humana; donde el Rey de gloria vivió, sufrió y murió; aquí, cuando renueve todas las cosas, estará el tabernáculo de Dios con los hombres, “morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”. Apocalipsis 21:3. Y a través de las edades sin fin, mientras los redimidos anden en la luz del Señor, lo alabarán por su Don inefable: Emmanuel: “Dios con nosotros”.84 MSV76 370.5

 

23 sept 2023

Los Estados Unidos en la profecía


“Fue abierto el templo de Dios en el cielo, y fué vista en su templo el arca de su pacto.” Apocalipsis 11:19



 El arca del pacto de Dios está en el lugar santísimo, en el segundo departamento del santuario. En el servicio del tabernáculo terrenal, que servía “de mera representación y sombra de las cosas celestiales,” este departamento sólo se abría en el gran día de las expiaciones para la purificación del santuario. Por consiguiente, la proclamación de que el templo de Dios fué abierto en el cielo y fué vista el arca de su pacto, indica que el lugar santísimo del santuario celestial fué abierto en 1844, cuando Cristo entró en él para consumar la obra final de la expiación. Los que por fe siguieron a su gran Sumo Sacerdote cuando dió principio a su ministerio en el lugar santísimo, contemplaron el arca de su pacto. Habiendo estudiado el asunto del santuario, llegaron a entender el cambio que se había realizado en el ministerio del Salvador, y vieron que éste estaba entonces oficiando como intercesor ante el arca de Dios, y ofrecía su sangre en favor de los pecadores. 

El arca que estaba en el tabernáculo terrenal contenía las dos tablas de piedra, en que estaban inscritos los preceptos de la ley de Dios. El arca era un mero receptáculo de las tablas de la ley, y era esta ley divina la que le daba su valor y su carácter sagrado a aquélla. Cuando fué abierto el templo de Dios en el cielo, se vió el arca de su pacto. En el lugar santísimo, en el santuario celestial, es donde se encuentra inviolablemente encerrada la ley divina—la ley promulgada por el mismo Dios entre los truenos del Sinaí y escrita con su propio dedo en las tablas de piedra.

La ley de Dios que se encuentra en el santuario celestial es el gran original del que los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco eran copia exacta. Los que llegaron a comprender este punto importante fueron inducidos a reconocer el carácter sagrado e invariable de la ley divina. Comprendieron mejor que nunca la fuerza de las palabras del Salvador: “Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni un tilde pasará de la ley.” Mateo 5:18 (VM). Como la ley de Dios es una revelación de su voluntad, un trasunto de su carácter, debe permanecer para siempre “como testigo fiel en el cielo.” Ni un mandamiento ha sido anulado; ni un punto ni un tilde han sido cambiados. Dice el salmista: “¡Hasta la eternidad, oh Jehová, tu palabra permanece en el cielo!” “Seguros son todos sus preceptos; establecidos para siempre jamás.” Salmos 119:89; 111:7, 8 (VM). 

En el corazón mismo del Decálogo se encuentra el cuarto mandamiento, tal cual fué proclamado originalmente: “Acordarte has del día del Sábado, para santificarlo. Seis días trabajarás, harás toda tu obra; mas el séptimo día será Sábado a Jehová tu Dios: no hagas obra ninguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija; ni tu siervo, ni tu criada; ni tu bestia, ni tu extranjero, que está dentro de tus puertas: porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó: por tanto Jehová bendijo el día del Sábado, y lo santificó.” Éxodo 20:8-11 (V. Valera). 

El Espíritu de Dios obró en los corazones de esos cristianos que estudiaban su Palabra, y quedaron convencidos de que, sin saberlo, habían transgredido este precepto al despreciar el día de descanso del Creador. Empezaron a examinar las razones por las cuales se guardaba el primer día de la semana en lugar del día que Dios había santificado. No pudieron encontrar en las Sagradas Escrituras prueba alguna de que el cuarto mandamiento hubiese sido abolido o de que el día de reposo hubiese cambiado; la bendición que desde un principio santificaba el séptimo día no había sido nunca revocada. Habían procurado honradamente conocer y hacer la voluntad de Dios; al reconocerse entonces transgresores de la ley divina, sus corazones se llenaron de pena, y manifestaron su lealtad hacia Dios guardando su santo sábado. 

Se hizo cuanto se pudo por conmover su fe. Nadie podía dejar de ver que si el santuario terrenal era una figura o modelo del celestial, la ley depositada en el arca en la tierra era exacto trasunto de la ley encerrada en el arca del cielo; y que aceptar la verdad relativa al santuario celestial envolvía el reconocimiento de las exigencias de la ley de Dios y la obligación de guardar el sábado del cuarto mandamiento. En esto estribaba el secreto de la oposición violenta y resuelta que se le hizo a la exposición armoniosa de las Escrituras que revelaban el servicio desempeñado por Cristo en el santuario celestial. Los hombres trataron de cerrar la puerta que Dios había abierto y de abrir la que él había cerrado. Pero “el que abre, y ninguno cierra; y cierra, y ninguno abre,” había declarado: “He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie podrá cerrar.” Apocalipsis 3:7, 8 (VM). Cristo había abierto la puerta, o ministerio, del lugar santísimo, la luz brillaba desde la puerta abierta del santuario celestial, y se vió que el cuarto mandamiento estaba incluido en la ley allí encerrada; lo que Dios había establecido, nadie podía derribarlo. 

Los que habían aceptado la luz referente a la mediación de Cristo y a la perpetuidad de la ley de Dios, encontraron que éstas eran las verdades presentadas en el capítulo 14 del Apocalipsis. Los mensajes de este capítulo constituyen una triple amonestación (véase el Apéndice, nota 8), que debe servir para preparar a los habitantes de la tierra para la segunda venida del Señor. La declaración: “Ha llegado la hora de su juicio,” indica la obra final de la actuación de Cristo para la salvación de los hombres. Proclama una verdad que debe seguir siendo proclamada hasta el fin de la intercesión del Salvador y su regreso a la tierra para llevar a su pueblo consigo. La obra delíuicio que empezó en 1844 debe proseguirse hasta que sean falladas las causas de todos los hombres, tanto de los vivos como de los muertos; de aquí que deba extenderse hasta el fin del tiempo de gracia concedido a la humanidad. Y para que los hombres estén debidamente preparados para subsistir en el juicio, el mensaje les manda: “¡Temed a Dios y dadle gloria,” “y adorad al que hizo el cielo y la tierra, y el mar y las fuentes de agua!” El resultado de la aceptación de estos mensajes está indicado en las palabras: “En esto está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús.” Para subsistir ante el juicio tiene el hombre que guardar la ley de Dios. Esta ley será la piedra de toque en el juicio. El apóstol Pablo declara: “Cuantos han pecado bajo la ley, por la ley serán juzgados; ... en el día en que juzgará Dios las obras más ocultas de los hombres ... por medio de Jesucristo.” Y dice que “los que cumplen la ley serán justificados.” Romanos 2:12-16 (VM). La fe es esencial para guardar la ley de Dios; pues “sin fe es imposible agradarle.” Y “todo lo que no es de fe, es pecado.” Hebreos 11:6 (VM); Romanos 14:23. 

El primer ángel exhorta a los hombres a que teman al Señor y le den honra y a que le adoren como Creador del cielo y de la tierra. Para poder hacerlo, deben obedecer su ley. El sabio dice: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es la suma del deber humano.” Eclesiastés 12:13 (VM). Sin obediencia a sus mandamientos, ninguna adoración puede agradar a Dios. “Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos.” “El que aparte sus oídos para no escuchar la ley, verá que su oración misma es cosa abominable.” 1 Juan 5:3; Proverbios 28:9 (VM). 

El deber de adorar a Dios estriba en la circunstancia de que él es el Creador, y que a él es a quien todos los demás seres deben su existencia. Y cada vez que la Biblia presenta el derecho de Jehová a nuestra reverencia y adoración con preferencia a los dioses de los paganos, menciona las pruebas de su poder creador. “Todos los dioses de los pueblos son ídolos; mas Jehová hizo los cielos.” Salmos 96:5. “¿ A quién pues me compararéis, para que yo sea como él? dice el Santo. ¡Levantad hacia arriba vuestros ojos, y ved! ¿Quién creó aquellos cuerpos celestes?” “Así dice Jehová, Creador de los cielos (él solo es Dios), el que formó la tierra y la hizo; ... ¡Yo soy Jehová, y no hay otro Dios!” Isaías 40:25, 26; 45:18 (VM). Dice el salmista: “Reconoced que Jehová él es Dios: él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos.” “¡Venid, postrémonos, y encorvémonos; arrodillémonos ante Jehová nuestro Hacedor!” Salmos 100:3; 95:6 (VM). Y los santos que adoran a Dios en el cielo dan como razón del homenaje que le deben: “¡Digno eres tú, Señor nuestro y Dios nuestro, de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas!” Apocalipsis 4:11 (VM). 

En el capítulo 14 del Apocalipsis se exhorta a los hombres a que adoren al Creador, y la profecía expone a la vista una clase de personas que, como resultado del triple mensaje, guardan los mandamientos de Dios. Uno de estos mandamientos señala directamente a Dios como Creador. El cuarto precepto declara: “El séptimo día será Sábado a Jehová tu Dios: ... porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó; por tanto Jehová bendijo el día del Sábado, y lo santificó.” Éxodo 20:10, 11 (V. Valera). Respecto al sábado, el Señor dice además, que será una “señal ... para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios.” (Ezequiel 20:20, Id.) Y la razón aducida es: “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó.” Éxodo 31:17. 

“La importancia del sábado, como institución conmemorativa de la creación, consiste en que recuerda siempre la verdadera razón por la cual se debe adorar a Dios,”—porque él es el Creador, y nosotros somos sus criaturas. “Por consiguiente, el sábado forma parte del fundamento mismo del culto divino, pues enseña esta gran verdad del modo más contundente, como no lo hace ninguna otra institución. El verdadero motivo del culto divino, no tan sólo del que se tributa en el séptimo día, sino de toda adoración, reside en la distinción existente entre el Creador y sus criaturas. Este hecho capital no perderá nunca su importancia ni debe caer nunca en el olvido.”—J. N. Andrews, History of the Sabbath, cap. 27. Por eso, es decir, para que esta verdad no se borrara nunca de la mente de los hombres, instituyó Dios el sábado en el Edén y mientras el ser él nuestro Creador siga siendo motivo para que le adoremos, el sábado seguirá siendo señal conmemorativa de ello. Si el sábado se hubiese observado universalmente, los pensamientos e inclinaciones de los hombres se habrían dirigido hacia el Creador como objeto de reverencia y adoración, y nunca habría habido un idólatra, un ateo, o un incrédulo. La observancia del sábado es señal de lealtad al verdadero Dios, “que hizo el cielo y la tierra, y el mar y las fuentes de agua.” Resulta pues que el mensaje que manda a los hombres adorar a Dios y guardar sus mandamientos, los ha de invitar especialmente a observar el cuarto mandamiento. 

En contraposición con los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús, el tercer ángel señala otra clase de seres humanos contra cuyos errores va dirigido solemne y terrible aviso: “¡Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en su frente, o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios!” Apocalipsis 14:9, 10 (VM). Para comprender este mensaje hay que interpretar correctamente sus símbolos. ¿Qué representan la bestia, la imagen, la marca? 

La ilación profética en la que se encuentran estos símbolos empieza en el capítulo 12 del Apocalipsis, con el dragón que trató de destruir a Cristo cuando nació. En dicho capítulo vemos que el dragón es Satanás (Apocalipsis 12:9); fué él quien indujo a Herodes a procurar la muerte del Salvador. Pero el agente principal de Satanás al guerrear contra Cristo y su pueblo durante los primeros siglos de la era cristiana, fué el Imperio Romano, en el cual prevalecía la religión pagana. Así que si bien el dragón representa primero a Satanás, en sentido derivado es un símbolo de la Roma pagana. 

En el capítulo 13 [(versículos 1-10, VM)] se describe otra bestia, “parecida a un leopardo,” a la cual el dragón dió “su poder y su trono, y grande autoridad.” Este símbolo, como lo han creído la mayoría de los protestantes, representa al papado, el cual heredó el poder y la autoridad del antiguo Imperio Romano. Se dice de la bestia parecida a un leopardo: “Le fué dada una boca que hablaba cosas grandes, y blasfemias... Y abrió su boca para decir blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su tabernáculo, y a los que habitan en el cielo. Y le fué permitido hacer guerra contra los santos, y vencerlos: y le fué dada autoridad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nación.” Esta profecía, que es casi la misma que la descripción del cuerno pequeño en (Daniel 7), se refiere sin duda al papado. 

“Le fué dada autoridad para hacer sus obras cuarenta y dos meses.” Y dice el profeta: “Vi una de sus cabezas como si hubiese sido herida de muerte.” Y además: “Si alguno lleva en cautiverio, al cautiverio irá; si alguno mata con espada, es preciso que él sea muerto a espada.” Los cuarenta y dos meses son lo mismo que “un tiempo, y dos tiempos, y la mitad de un tiempo,” tres años y medio, o 1.260 días de Daniel 7, el tiempo durante el cual el poder papal debía oprimir al pueblo de Dios. Este período, como fué indicado en capítulos anteriores, empezó con la supremacía del papado, en el año 538 de J. C, y terminó en 1798. Entonces, el papa fué hecho prisionero por el ejército francés, el poder papal recibió su golpe mortal y quedó cumplida la predicción: “Si alguno lleva en cautiverio, al cautiverio irá.” 

Y aquí preséntase otro símbolo. El profeta dice: “Vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero.” Apocalipsis 13:11. Tanto el aspecto de esta bestia como el modo en que sube indican que la nación que representa difiere de las representadas en los símbolos anteriores. Los grandes reinos que han gobernado al mundo le fueron presentados al profeta Daniel en forma de fieras, que surgían mientras “los cuatro vientos del cielo combatían en la gran mar.” Daniel 7:2. En Apocalipsis 17, un ángel explicó que las aguas representan “pueblos y naciones y lenguas.” Apocalipsis 17:15. Los vientos simbolizan luchas. Los cuatro vientos del cielo que combatían en la gran mar representan los terribles dramas de conquista y revolución por los cuales los reinos alcanzaron el poder.

Pero la bestia con cuernos semejantes a los de un cordero “subía de la tierra.” En lugar de derribar a otras potencias para establecerse, la nación así representada debe subir en territorio hasta entonces desocupado, y crecer gradual y pacíficamente. No podía, pues, subir entre las naciones populosas y belicosas del viejo mundo, ese mar turbulento de “pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas.” Hay que buscarla en el continente occidental. 

¿Cuál era en 1798 la nación del nuevo mundo cuyo poder estuviera entonces desarrollándose, de modo que se anunciara como nación fuerte y grande, capaz de llamar la atención del mundo? La aplicación del símbolo no admite duda alguna. Una nación, y sólo una, responde a los datos y rasgos característicos de esta profecía; no hay duda de que se trata aquí de los Estados Unidos de Norteamérica. Una y otra vez el pensamiento y los términos del autor sagrado han sido empleados inconscientemente por los oradores e historiadores al describir el nacimiento y crecimiento de esta nación. El profeta vió que la bestia “subía de la tierra;” y, según los traductores, la palabra dada aquí por “subía” significa literalmente “crecía o brotaba como una planta.” Y, como ya lo vimos, la nación debe nacer en territorio hasta entonces desocupado. Un escritor notable, al describir el desarrollo de los Estados Unidos, habla del “misterio de su desarrollo de la nada” y dice: “Como silenciosa semilla crecimos hasta llegar a ser un imperio.”—[G. A. Townsend, The New Compared with the Old, 462.] Un periódico europeo habló en 1850 de los Estados Unidos como de un imperio maravilloso, que surgía y que “ en el silencio de la tierra crecía constantemente en poder y gloria.” —[Dublin Nation]. Eduardo Everett, en un discurso acerca de los peregrinos, fundadores de esta nación, dijo: “¿Buscaron un lugar retirado que por su obscuridad resultara inofensivo y seguro en su aislamiento, donde la pequeña iglesia de Leyden pudiese tener libertad de conciencia? ¡He aquí las inmensas regiones sobre las cuales, en pacífica conquista, ... han plantado los estandartes de la cruz!”—Discurso pronunciado en Plymouth, Massachusetts, el 22 de diciembre de 1824. 

“Y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero.” Los cuernos semejantes a los de un cordero representan juventud, inocencia y mansedumbre, rasgos del carácter de los Estados Unidos cuando el profeta vió que esa nación “subía” en 1798. Entre los primeros expatriados cristianos que huyeron a América en busca de asilo contra la opresión real y la intolerancia sacerdotal, hubo muchos que resolvieron establecer un gobierno sobre el amplio fundamento de la libertad civil y religiosa. Sus convicciones hallaron cabida en la declaración de la independencia que hace resaltar la gran verdad de que “todos los hombres son creados iguales,” y poseen derechos inalienables a la “vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.” Y la Constitución garantiza al pueblo el derecho de gobernarse a sí mismo, y establece que los representantes elegidos por el voto popular promulguen las leyes y las hagan cumplir. Además, fué otorgada la libertad religiosa, y a cada cual se le permitió adorar a Dios según los dictados de su conciencia. El republicanismo y el protestantismo vinieron a ser los principios fundamentales de la nación. Estos principios son el secreto de su poder y de su prosperidad. Los oprimidos y pisoteados de toda la cristiandad se han dirigido a este país con afán y esperanza. Millones han fondeado en sus playas, y los Estados Unidos han llegado a ocupar un puesto entre las naciones más poderosas de la tierra.

Pero la bestia que tenía cuernos como un cordero “hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en su presencia. Y hace que la tierra y los que en ella habitan, adoren a la bestia primera, cuya herida mortal fué sanada ... diciendo a los que habitan sobre la tierra, que hagan una imagen de la bestia que recibió el golpe de espada, y sin embargo vivió.” Apocalipsis 13:11-14 (VM). 

Los cuernos como de cordero y la voz de dragón del símbolo indican una extraña contradicción entre lo que profesa ser y lo que práctica la nación así representada. El “hablar” de la nación son los actos de sus autoridades legislativas y judiciales. Por esos actos la nación desmentirá los principios liberales y pacíficos que expresó como fundamento de su política. La predicción de que hablará “como dragón” y ejercerá “toda la autoridad de la primera bestia,” anuncia claramente el desarrollo del espíritu de intolerancia y persecución de que tantas pruebas dieran las naciones representadas por el dragón y la bestia semejante al leopardo. Y la declaración de que la bestia con dos cuernos “hace que la tierra y los que en ella habitan, adoren a la bestia primera,” indica que la autoridad de esta nación será empleada para imponer alguna observancia en homenaje al papado.

Semejante actitud sería abiertamente contraria a los principios de este gobierno, al genio de sus instituciones libres, a los claros y solemnes reconocimientos contenidos en la declaración de la independencia, y contrarios finalmente a la constitución. Los fundadores de la nación procuraron con acierto que la iglesia no pudiera hacer uso del poder civil, con los consabidos e inevitables resultados: la intolerancia y la persecución. La constitución garantiza que “el congreso no legislará con respecto al establecimiento de una religión ni prohibirá el libre ejercicio de ella,” y que “ninguna manifestación religiosa será jamás requerida como condición de aptitud para ninguna función o cargo público en los Estados Unidos.” Sólo en flagrante violación de estas garantías de la libertad de la nación, es cómo se puede imponer por la autoridad civil la observancia de cualquier deber religioso. Pero la inconsecuencia de tal procedimiento no es mayor que lo representado por el símbolo. Es la bestia con cuernos semejantes a los de un cordero—que profesa ser pura, mansa, inofensiva—y que habla como un dragón. 

“Diciendo a los que habitan sobre la tierra, que hagan una imagen de la bestia.” Aquí tenemos presentada a las claras una forma de gobierno en el cual el poder legislativo descansa en el pueblo, y ello prueba que los Estados Unidos de Norteamérica constituyen la nación señalada por la profecía. 

¿Pero qué es la “imagen de la bestia”? ¿Y cómo se la formará? La imagen es hecha por la bestia de dos cuernos y es una imagen de la primera bestia. Así que para saber a qué se asemeja la imagen y cómo será formada, debemos estudiar los rasgos característicos de la misma bestia: el papado. 

Cuando la iglesia primitiva se corrompió al apartarse de la sencillez del Evangelio y al aceptar costumbres y ritos paganos, perdió el Espíritu y el poder de Dios; y para dominar las conciencias buscó el apoyo del poder civil. El resultado fué el papado, es decir, una iglesia que dominaba el poder del estado y se servía de él para promover sus propios fines y especialmente para extirpar la “herejía.” Para que los Estados Unidos formen una imagen de la bestia, el poder religioso debe dominar de tal manera al gobierno civil que la autoridad del estado sea empleada también por la iglesia para cumplir sus fines. 

Siempre que la iglesia alcanzó el poder civil, lo empleó para castigar a los que no admitían todas sus doctrinas. Las iglesias protestantes que siguieron las huellas de Roma al aliarse con los poderes mundanos, manifestaron el mismo deseo de restringir la libertad de conciencia. Ejemplo de esto lo tenemos en la larga persecución de los disidentes por la iglesia de Inglaterra. Durante los siglos XVI y XVII miles de ministros no conformistas fueron obligados a abandonar sus iglesias, y a muchos pastores y feligreses se les impusieron multas, encarcelamientos, torturas y el martirio. 

Fué la apostasía lo que indujo a la iglesia primitiva a buscar la ayuda del gobierno civil, y esto preparó el camino para el desarrollo del papado, simbolizado por la bestia. San Pablo lo predijo al anunciar que vendría “la apostasía,” y sería “revelado el hombre de pecado.” 2 Tesalonicenses 2:3 (VM). De modo que la apostasía en la iglesia preparará el camino para la imagen de la bestia. 

La Biblia declara que antes de la venida del Señor habrá un estado de decadencia religiosa análoga a la de los primeros siglos. “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, incontinentes, fieros, aborrecedores de los que son buenos, traidores, protervos, hinchados de orgullo, amadores de los placeres, más bien que amadores de Dios; teniendo la forma de la piedad, mas negando el poder de ella.” 2 Timoteo 3:1-5 (VM). “Empero el Espíritu dice expresamente, que en tiempos venideros algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus seductores, y a enseñanzas de demonios.” 1 Timoteo 4:1 (VM). Satanás obrará “con todo poder, y con señales, y con maravillas mentirosas, y con todo el artificio de la injusticia.” Y todos los que “no admitieron el amor de la verdad, para que fuesen salvos,” serán dejados para que acepten “operación de error, a fin de que crean a la mentira.” 2 Tesalonicenses 2:9-11 (VM). Cuando se haya llegado a este estado de impiedad, se verán los mismos resultados que en los primeros siglos. 

Muchos consideran la gran diversidad de creencias en las iglesias protestantes como prueba terminante de que nunca se procurará asegurar una uniformidad forzada. Pero desde hace años se viene notando entre las iglesias protestantes un poderoso y creciente sentimiento en favor de una unión basada en puntos comunes de doctrina. Para asegurar tal unión, debe necesariamente evitarse toda discusión de asuntos en los cuales no todos están de acuerdo, por importantes que sean desde el punto de vista bíblico.

Carlos Beecher, en un sermón predicado en 1846, declaró que el pastorado de “las denominaciones evangélicas protestantes no está formado sólo bajo la terrible presión del mero temor humano, sino que vive, y se mueve y respira en una atmósfera radicalmente corrompida y que apela a cada instante al elemento más bajo de su naturaleza para tapar la verdad y doblar la rodilla ante el poder de la apostasía. ¿No pasó así con la iglesia romana? ¿No estamos reviviendo su vida? ¿Y qué es lo que vemos por delante? ¡Otro concilio general! ¡Una convención mundial! ¡Alianza evangélica y credo universal!”—Sermón, “The Bible a Sufficient Creed,” pronunciado en Fort Wayne, Indiana, el 22 de febrero de 1846. Cuando se haya logrado esto, en el esfuerzo para asegurar completa uniformidad, sólo faltará un paso para apelar a la fuerza. 

Cuando las iglesias principales de los Estados Unidos, uniéndose en puntos comunes de doctrina, influyan sobre el estado para que imponga los decretos y las instituciones de ellas, entonces la América protestante habrá formado una imagen de la jerarquía romana, y la inflicción de penas civiles contra los disidentes vendrá de por sí sola. 

La bestia de dos cuernos “hace [ordena] que todos, pequeños y grandes, así ricos como pobres, así libres como esclavos, tengan una marca sobre su mano derecha, o sobre su frente; y que nadie pueda comprar o vender, sino aquel que tenga la marca, es decir, el nombre de la bestia o el número de su nombre.” Apocalipsis 13:16, 17 (VM). La amonestación del tercer ángel es: “¡Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en su frente, o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios!” “La bestia” mencionada en este mensaje, cuya adoración es impuesta por la bestia de dos cuernos, es la primera bestia, o sea la bestia semejante a un leopardo, de Apocalipsis 13, el papado. La “imagen de la bestia” representa la forma de protestantismo apóstata que se desarrollará cuando las iglesias protestantes busquen la ayuda del poder civil para la imposición de sus dogmas. Queda aún por definir lo que es “la marca de la bestia.”

Después de amonestar contra la adoración de la bestia y de su imagen, la profecía dice: “Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús.” En vista de que los que guardan los mandamientos de Dios están puestos así en contraste con los que adoran la bestia y su imagen y reciben su marca, se deduce que la observancia de la ley de Dios, por una parte, y su violación, por la otra, establecen la distinción entre los que adoran a Dios y los que adoran a la bestia. 

El rasgo más característico de la bestia, y por consiguiente de su imagen, es la violación de los mandamientos de Dios. Daniel dice del cuerno pequeño, o sea del papado: “Pensará en mudar los tiempos y la ley.” Daniel 7:25. Y San Pablo llama al mismo poder el “hombre de pecado,” que había de ensalzarse sobre Dios. Una profecía es complemento de la otra. Sólo adulterando la ley de Dios podía el papado elevarse sobre Dios; y quienquiera que guardase a sabiendas la ley así adulterada daría honor supremo al poder que introdujo el cambio. Tal acto de obediencia a las leyes papales sería señal de sumisión al papa en lugar de sumisión a Dios. 

El papado intentó alterar la ley de Dios. El segundo mandamiento, que prohibe el culto de las imágenes, ha sido borrado de la ley, y el cuarto mandamiento ha sido adulterado de manera que autorice la observancia del primer día en lugar del séptimo como día de reposo. Pero los papistas aducen para justificar la supresión del segundo mandamiento, que éste es inútil puesto que está incluído en el primero, y que ellos dan la ley tal cual Dios tenía propuesto que fuese entendida. Este no puede ser el cambio predicho por el profeta. Se trata de un cambio intencional y deliberado: “Pensará en mudar los tiempos y la ley.” El cambio introducido en el cuarto mandamiento cumple exactamente la profecía. La única autoridad que se invoca para dicho cambio es la de la iglesia. Aquí el poder papal se ensalza abiertamente sobre Dios. 

Mientras los que adoran a Dios se distinguirán especialmente por su respeto al cuarto mandamiento—ya que éste es el signo de su poder creador y el testimonio de su derecho al respeto y homenaje de los hombres,—los adoradores de la bestia se distinguirán por sus esfuerzos para derribar el monumento recordativo del Creador y ensalzar lo instituído por Roma. Las primeras pretensiones arrogantes del papado fueron hechas en favor del domingo (véase el Apéndice, nota 9); y la primera vez que recurrió al poder del estado fué para imponer la observancia del domingo como “día del Señor.” Pero la Biblia señala el séptimo día, y no el primero, como día del Señor. Cristo dijo: “El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.” El cuarto mandamiento declara que: “El día séptimo es día de descanso [margen, sábado], consagrado a Jehová.” Y por boca del profeta Isaías el Señor lo llama: “Mi día santo.” Marcos 2:28; Éxodo 20:10; Isaías 58:13 (VM). .4

El aserto, tantas veces repetido, de que Cristo cambió el día de reposo, está refutado por sus propias palabras. En su sermón sobre el monte, dijo: “No penséis que vine pare invalidar la Ley, o los Protetas: no vine a invalidar, sino a cumplir. Porque en verdad os digo, que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni un tilde pasará de la ley, hasta que el todo sea cumplido. Por tanto cualquiera que quebrantare uno de estos más mínimos mandamientos, y enseñare a los hombres así, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos: mas cualquiera que los hiciere y enseñare será llamado grande en el reino de los cielos.” Mateo 5:17-19 (VM). 

Es un hecho generalmente admitido por los protestantes, que las Sagradas Escrituras no autorizan en ninguna parte el cambio del día de reposo. Esto se confirma en publicaciones de la Sociedad Americana de Tratados y la Unión Americana de Escuelas Dominicales. Una de estas obras reconoce “que el Nuevo Testamento no dice absolutamente nada en cuanto a un mandamiento explícito en favor del día de reposo, o a reglas definidas relativas a su observancia.”—[Jorge Elliott, The Abiding Sabbath, 184.] 

Otra dice: “Hasta la época de la muerte de Cristo, ningún cambio se había hecho en cuanto al día;” y, “por lo que se desprende del relato bíblico, los apóstoles no dieron ... mandamiento explícito alguno que ordenara el abandono del séptimo día, sábado, como día de reposo, ni que se lo observara en el primer día de la semana.”—[A. E. Waffle, The Lord’s Day, 186-188.]

Los católicos romanos reconocen que el cambio del día de descanso fué hecho por su iglesia, y declaran que al observar el domingo los protestantes reconocen la autoridad de ella. En el Catecismo Católico de la Religión Cristiana, al contestar una pregunta relativa al día que se debe guardar en obediencia al cuarto mandamiento, se hace esta declaración: “Bajo la ley antigua, el sábado era el día santificado; pero la iglesia, instruida por Jesucristo y dirigida por el Espíritu de Dios, substituyó el sábado por el domingo; de manera que ahora santificamos el primer día y no el séptimo. Domingo significa día del Señor, y es lo que ha venido a ser.”

Como signo de la autoridad de la iglesia católica, los escritores católicos citan “el acto mismo de cambiar el sábado al domingo, cambio en que los protestantes consienten ... porque al guardar estrictamente el domingo, ellos reconocen el poder de la iglesia para ordenar fiestas y para imponerlas so pena de incurrir en pecado.”—[H. Tuberville, An Abridgement of the Christian Doctrine, pág. 58.] ¿Qué es, pues, el cambio del día de descanso, sino el signo o marca de la autoridad de la iglesia romana, “la marca de la bestia”? 

La iglesia romana no ha renunciado a sus pretensiones a la supremacía; y cuando el mundo y las iglesias protestantes aceptan un día de descanso creado por ella, mientras rechazan el día de descanso de la Biblia, acatan en la práctica las tales pretensiones. Pueden apelar a la autoridad de la tradición y de los padres para apoyar el cambio; pero al hacerlo pasan por alto el principio mismo que los separa de Roma, es a saber, que “la Biblia, y la Biblia sola es la religión de los protestantes.” Los papistas pueden ver que los protestantes se están engañando a sí mismos, al cerrar voluntariamente los ojos ante los hechos del caso. A medida que gana terreno el movimiento en pro de la observancia obligatoria del domingo, ellos se alegran en la seguridad de que ha de concluir por poner a todo el mundo protestante bajo el estandarte de Roma. 

Los romanistas declaran que “la observancia del domingo por los protestantes es un homenaje que rinden, mal de su grado, a la autoridad de la iglesia [católica].”—[Mons. de Segur, Plain Talk About the Protestantism of Today, 213.] La imposición de la observancia del domingo por parte de las iglesias protestantes es una imposición de que se adore al papado, o sea la bestia. Los que, comprendiendo las exigencias del cuarto mandamiento, prefieren observar el falso día de reposo en lugar del verdadero, rinden así homenaje a aquel poder, el único que ordenó su observancia. Pero por el mismo hecho de imponer un deber religioso con ayuda del poder secular, las mismas iglesias estarían elevando una imagen a la bestia; de aquí que la imposición de la observancia del domingo en los Estados Unidos equivaldría a imponer la adoración de la bestia y de su imagen.

Pero los cristianos de las generaciones pasadas observaron el domingo creyendo guardar así el día de descanso bíblico; y ahora hay verdaderos cristianos en todas las iglesias, sin exceptuar la católica romana, que creen honradamente que el domingo es el día de reposo divinamente instituído. Dios acepta su sinceridad de propósito y su integridad. Pero cuando la observancia del domingo sea impuesta por la ley, y que el mundo sea ilustrado respecto a la obligación del verdadero día de descanso, entonces el que transgrediere el mandamiento de Dios para obedecer un precepto que no tiene mayor autoridad que la de Roma, honrará con ello al papado por encima de Dios: rendirá homenaje a Roma y al poder que impone la institución establecida por Roma: adorará la bestia y su imagen. Cuando los hombres rechacen entonces la institución que Dios declaró ser el signo de su autoridad, y honren en su lugar lo que Roma escogió como signo de su supremacía, ellos aceptarán de hecho el signo de la sumisión a Roma, “la marca de la bestia.” Y sólo cuando la cuestión haya sido expuesta así a las claras ante los hombres, y ellos hayan sido llamados a escoger entre los mandamientos de Dios y los mandamientos de los hombres, será cuando los que perseveren en la transgresión recibirán “la marca de la bestia.”

La más terrible amenaza que haya sido jamás dirigida a los mortales se encuentra contenida en el mensaje del tercer ángel. Debe ser un pecado horrendo el que atrae la ira de Dios sin mezcla de misericordia. Los hombres no deben ser dejados en la ignorancia tocante a esta importante cuestión; la amonestación contra este pecado debe ser dada al mundo antes que los juicios de Dios caigan sobre él, para que todos sepan por qué deben consumarse, y para que tengan oportunidad para librarse de ellos. La profecía declara que el primer ángel hará su proclamación “a cada nación, y tribu, y lengua, y pueblo.” El aviso del tercer ángel, que forma parte de ese triple mensaje, no tendrá menos alcance. La profecía dice de él que será proclamado en alta voz por un ángel que vuele por medio del cielo; y llamará la atención del mundo. 

Al final de la lucha, toda la cristiandad quedará dividida en dos grandes categorías: la de los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, y la de los que adoran la bestia y su imagen y reciben su marca. Si bien la iglesia y el estado se unirán para obligar a “todos, pequeños y grandes, así ricos como pobres, así libres como esclavos,” a que tengan “la marca de la bestia” (Apocalipsis 13:16, VM), el pueblo de Dios no la tendrá. El profeta de Patmos vió que “los que habían salido victoriosos de la prueba de la bestia, y de su imagen, y del número de su nombre, estaban sobre aquel mar de vidrio, teniendo arpas de Dios,” y cantaban el cántico de Moisés y del Cordero. Apocalipsis 15:2, 3 (VM). CS54 503.2

  

Para atraernos a Dios

Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Jeremías 31:3   El Señor de la vida y la gloria vistió su divinidad de...