UN HOMICIDA, UN LIBERTADOR
¿Qué pasaría si Dios pudiera utilizar para una gran misión precisamente a la persona que otros consideran un fracaso?
¿Qué pasaría si detrás de un pasado que te avergüenza hubiera un futuro que Dios todavía quiere construir? ¿Qué pasaría si el error que tú crees que te descalificó… no fuera el final de tu historia? Quiero presentarles hoy a un hombre que:
- Tenía educación.
- Tenía posición.
- Tenía influencia.
- Tenía inteligencia.
- Tenía un corazón sensible ante la injusticia.
Pero también tenía un pasado que podía perseguirlo durante toda su vida.
Ese hombre se llamaba Moisés.
- Antes de convertirse en el gran líder de Israel, Moisés fue un fugitivo.
- Antes de levantar su vara delante del Mar Rojo, levantó su mano contra un egipcio.
- Antes de ser llamado “siervo de Dios”, cometió un acto que cambió completamente el rumbo de su vida.
Y cuando huyó de Egipto, probablemente pensó que su historia había terminado. Pero Dios tenía otros planes. Y aquí está el mensaje que quiero dejar hoy en el corazón de cada persona:
Porque cuando Dios toma una vida quebrantada y esa vida se coloca en sus manos…
Dios puede hacer algo extraordinario.
Éxodo 2 nos presenta a Moisés creciendo en el palacio de Faraón. Moisés tenía una preparación extraordinaria.
- Conocía la cultura egipcia.
- Había recibido educación.
- Conocía el poder político.
Pero también sabía que él pertenecía al pueblo hebreo. Y un día salió para observar cómo vivían sus hermanos. Entonces vio algo que no pudo soportar. Éxodo 2:11 dice que vio a un egipcio golpeando a uno de los hebreos. Moisés reaccionó. Y allí ocurrió una tragedia. Moisés mató al egipcio. Después escondió el cuerpo. Al día siguiente descubrió que su secreto había sido descubierto. Y tuvo miedo. Entonces huyó.
2. MOISÉS TENÍA UNA BUENA INTENCIÓN, PERO UTILIZÓ UN MÉTODO EQUIVOCADA
Aquí debemos detenernos. Moisés quería defender a su pueblo. Su intención podía parecer noble. Pero Dios no le había pedido que actuara de esa manera.
Una buena intención no convierte automáticamente en correcto nuestro método.
- Hay personas que quieren defender la verdad, pero pierden el amor.
- Hay personas que quieren corregir a otros, pero terminan destruyéndolos.
- Hay personas que quieren hacer la obra de Dios, pero quieren hacerla con sus propias fuerzas.
Moisés necesitaba aprender una lección:
La obra de Dios debe hacerse a la manera de Dios.
3. EL DESIERTOMoisés huyó. Y llegó al desierto. ¡Qué contraste! Un hombre que había vivido en el palacio ahora estaba cuidando ovejas. Pasaron años. Y pasaron más años. Y finalmente pasaron cuarenta años.
- Cuarenta años en los que Moisés probablemente tuvo mucho tiempo para pensar.
- “¿Dónde está mi futuro?”
- “¿Qué pasó con mis sueños?”
- “¿Por qué terminé aquí?”
Pero hay algo maravilloso:
Lo que Moisés consideraba un desierto, Dios lo consideraba una escuela.
Dios estaba preparando a su siervo.
- El palacio había preparado la mente de Moisés.
- El desierto prepararía su corazón.
- En Egipto había aprendido a gobernar.
- En Madián aprendería a servir.
- En Egipto había aprendido a hablar.
- En el desierto aprendería a escuchar.
- En Egipto había aprendido a actuar.
- En el desierto aprendería a esperar.
Un día, mientras Moisés cuidaba las ovejas, vio algo extraño. Una zarza ardía, pero no se consumía. Moisés se acercó. Y entonces Dios habló. Exodo 3:4 dice: “Moisés, Moisés. Y él respondió: Heme aquí.” ¡Qué momento! El hombre que pensaba que su vida había quedado atrás descubrió que Dios no lo había olvidado. Y Dios le dijo: “Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo.” Imaginen a Moisés escuchando esas palabras.
“¿Yo?”
- “¿Después de cuarenta años?”
- “¿Después de lo que hice?”
- “¿Después de haber huido?”
- “¿Después de haber fracasado?”
- Pero Dios estaba diciendo:
“Moisés, todavía tengo una misión para ti.”
5. LA PREGUNTA DE MOISÉSMoisés respondió: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón?” Esta pregunta es profundamente humana.
“¿Quién soy yo?”
Tal vez alguien aquí se ha hecho la misma pregunta.
- “¿Quién soy yo para servir a Dios?”
- “¿Quién soy yo para predicar?”
- “¿Quién soy yo para liderar?”
- “¿Quién soy yo después de mis errores?”
- “¿Quién soy yo después de haber fallado?”
Pero observen algo. Dios no le respondió: “Porque eres poderoso.” No le dijo: “Porque eres perfecto.”
No le dijo: “Porque nunca has cometido errores.” Dios respondió: “Ve, porque yo estaré contigo.”
¡Qué hermosa respuesta! Dios no le dio a Moisés confianza en sí mismo. Le dio algo mucho mejor:
La seguridad de su presencia.
6. DIOS NO NECESITABA AL MOISÉS DEL PALACIOAquí está una de las partes más profundas de esta historia. Moisés había pasado cuarenta años en el desierto. Pero esos cuarenta años no fueron desperdiciados. Dios estaba cambiando al hombre. El Moisés que salió de Egipto decía: “Yo puedo.” El Moisés que apareció delante de la zarza decía: “¿Quién soy yo?” Y ese cambio era necesario.
Porque Dios no podía utilizar de la misma manera al hombre que confiaba en su propia fuerza. Moisés necesitaba pasar de:
“Yo puedo hacerlo” a: “Dios puede hacerlo a través de mí.”
7. EL HOMICIDA SE CONVIRTIÓ EN LIBERTADORPensemos en la paradoja. Moisés había quitado una vida. Ahora Dios lo llamaba para liberar una nación.
Pero no debemos interpretar esto como que Dios aprobó lo que Moisés había hecho. No. Dios transformó al hombre. El mismo Moisés que había reaccionado violentamente llegó a ser descrito en Números 12:3 como un hombre muy manso.
¡Eso es transformación!
El problema no era solamente lo que Moisés había hecho. Dios quería transformar quién era Moisés. Y esa es una de las grandes obras del evangelio:
Jesús no solamente quiere perdonar nuestros pecados; quiere transformar nuestro carácter.
8. ¿QUÉ ESTÁ HACIENDO DIOS CONTIGO EN TU DESIERTO?Tal vez estás atravesando un período que no entiendes.
- Una puerta se cerró.
- Un proyecto no salió como esperabas.
- Una oportunidad desapareció.
- Una etapa terminó.
Y puedes estar preguntándote: “Señor, ¿por qué estoy aquí?” Mira a Moisés. El desierto no era el final.
Era preparación.
Tal vez Dios está utilizando este momento para enseñarte paciencia.
- Para enseñarte humildad.
- Para enseñarte dependencia.
- Para enseñarte a escuchar su voz.
No todos los desiertos son castigos. Algunos desiertos son escuelas de Dios.
9. EL VERDADERO LIBERTADORHay algo todavía más importante. Moisés fue un libertador, pero él no era el verdadero Libertador.
El verdadero Libertador era Dios Moisés solamente era el instrumento. Cuando Moisés levantó la vara, el poder no estaba en la vara. Cuando Moisés habló delante de Faraón, el poder no estaba en Moisés. Cuando el Mar Rojo se abrió, el poder no estaba en Moisés.
El poder estaba en Dios.
Y eso también es cierto para nosotros.
No podemos salvarnos por nuestras propias obras. No podemos cambiar nuestro corazón simplemente por fuerza de voluntad. No podemos vencer el pecado dependiendo únicamente de nuestras capacidades.
Necesitamos a Cristo.
10. MOISÉS APUNTA A CRISTO- Moisés liberó a Israel de Egipto.
- Jesús vino a liberar al mundo del pecado.
- Moisés condujo al pueblo hacia la tierra prometida.
- Jesús nos conduce hacia la patria celestial.
- Moisés fue instrumento de Dios.
- Jesús es nuestro Salvador.
Por eso, hermanos, cuando estudiamos la historia de Moisés, no debemos terminar diciendo:
“¡Qué gran hombre fue Moisés!”
Debemos terminar diciendo:
“¡Qué grande es el Dios que puede transformar a un hombre como Moisés!”
11. UNA PALABRA PARA QUIEN PIENSA QUE SU PASADO LO DESCALIFICABA- Quizá alguien aquí lleva una carga.
- Quizá nadie conoce determinadas decisiones de tu pasado.
- Quizá sonríes delante de todos, pero sabes que tienes heridas.
- Quizá piensas:
“Dios puede utilizar a otros, pero no a mí.”
Mira nuevamente a Moisés.
- Dios conocía su pasado.
- Dios conocía su fracaso.
- Dios conocía su miedo.
Y aun así Dios dijo:
“Ve.”
No porque Moisés fuera perfecto.
Sino porque Dios estaría con él.
No necesitas tener un pasado perfecto para tener un futuro en las manos de Dios.
Necesitas entregar tu vida a Cristo.
“Señor, no soy suficiente, pero si tú vas conmigo, yo iré.”CONCLUSIÓN
Moisés comenzó su historia con un error.Terminó su vida siendo llamado: “Moisés, siervo de Jehová.”
¿Qué hizo la diferencia?
- No fue su educación.
- No fue su posición.
- No fue su capacidad.
Fue que Moisés permitió que Dios transformara su vida.
Por eso, nunca olvides esta frase:
“MI PASADO NO ES MÁS GRANDE QUE LA GRACIA DE DIOS.”
- Tu pasado no tiene la última palabra.
- Tu fracaso no tiene la última palabra.
- Tu desierto no tiene la última palabra.
Dios tiene la última palabra.
Y cuando Dios dice:
“Ve, porque yo estaré contigo”,
podemos avanzar.
Porque no depende de quiénes somos.
Depende de quién está con nosotros.
Moisés comenzó como un hombre que quiso liberar a Israel por su propia fuerza.
Pero terminó comprendiendo que el verdadero Libertador era Dios.
Y hoy Cristo nos invita a hacer lo mismo:
- Dejar nuestras fuerzas.
- Dejar nuestro orgullo.
- Dejar nuestro pasado.
- Dejar nuestros temores.
Y decir:
“Señor, aquí estoy. Toma mi vida. Transfórmame y úsame.”
Amén.

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