Fortalecidos por el espíritu.

Que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu. Efesios 3:16. 

“Dice Jesús: ‘Todo cuanto pidiereis en la oración, creed que lo recibiréis ya; y lo tendréis.’ Hay una condición en esta promesa: que pidamos conforme a la voluntad de Dios. Pero es la voluntad de Dios limpiarnos de pecado, hacernos hijos suyos y ponernos en actitud de vivir una vida santa. De modo que podemos pedir a Dios estas bendiciones, creer que las recibimos y agradecerle por haberlas recibido. 

Es nuestro privilegio ir a Jesús para que nos limpie, y estar en pie delante de la ley sin confusión ni remordimiento. ‘Así que ahora, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.’ 

“Ahora bien, ya que os habéis consagrado a Jesús, no volváis atrás, no os separéis de él, mas todos los días decid: ‘Soy de Cristo; pertenezco a él;’ y pedidle que os dé su Espíritu, y que os guarde por su gracia. Puesto que es consagrándoos a Dios y creyendo en él, como sois hechos sus hijos, así también debéis vivir en él. Dice el apóstol: ‘De la manera, pues, que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en él.’”—El Camino a Cristo, 37, 38. 

“El Espíritu provee la fuerza que sostiene en toda emergencia a las almas que luchan y batallan en medio del odio del mundo, y de la comprensión de sus propios fracasos y errores. En la tristeza y en la aflicción, cuando la perspectiva parece oscura y el futuro perturbador ... el Espíritu Santo proporciona consuelo al corazón.”—Los Hechos de los Apóstoles, 


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