Los que observan los mandamientos de Dios son como joyas.

“Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve”.Malaquías 3:17. 


Las obligaciones que vinculan nuestros nombres a los registros de la iglesia requieren que consagremos toda nuestra habilidad a la causa de Dios. Lo que sea menos, se opone a la obra. Dios requiere un servicio indiviso por el que consagremos a su causa: el corazón, el alma, la mente y las fuerzas. 

Hay sólo dos lugares en el universo donde podemos depositar nuestros tesoros, en el banco de Dios o en el de Satanás. 

A causa de la escasez de medios la obra de Dios avanza lentamente. Los obreros no pueden ingresar en nuevos territorios. Hay millones que aún se encuentran bajo el imperturbable dominio de Satanás. 

Satanás está trazando sus planes diligentemente para el último gran conflicto, cuando todos han de definir su posición.

Después que el evangelio ha recorrido casi dos mil años de historia, Satanás presentará a los hombres y las mujeres la misma escena que presentó a Cristo. En un maravilloso panorama, hará que los reinos de este mundo pasen su gloria ante ellos.

Desplegará ante la extasiada vista de ellos los reinos de este mundo en toda su gloria y les dirá que aquéllas son sólo muestras de lo que es su reino. Pero, ¿lo son? No. No lo son. 

Mirad, oh, mirad. Escuchad las voces y los poderes que prevalecen en el mundo. El Vigía celestial contempla la tierra llena de violencia y de crimen. ¿Hay alguna voz que se eleve en oración? ¿Hay alguna señal de que se reconoce a Dios?.

Miren, los que dudan entre la obediencia y la desobediencia. Contemplen con su imaginación la inmensa multitud que adora en el altar de Satanás. Escuchen la música, el lenguaje, calificado como alta educación. Pero, ¿qué ha escrito Dios de él? Lo llama “el misterio de la iniquidad”.

El operativo que dirige el poder de la iniquidad pareciera llevar cautivo a todo el mundo.

Enumeren los vicios de los hombres y las mujeres. Pero, es inútil intentar contarlos. La riqueza se ha conseguido por diversas formas de robo, y no sólo a los hombres, sino a Dios.La gente emplea todos los medios posibles para satisfacer su egoísmo. Se aferran de todo lo que pueden para satisfacer su codicia. La avaricia y la sensualidad prevalecen.

Pero, ellos no ven todas las cosas... Juan contempló a esta multitud. Se le reveló este culto al demonio y parecía como que el mundo entero estaba al borde de la perdición. 

Pero cuando miró con intenso interés, contempló una compañía de personas que guardan los mandamientos de Dios. Ellos tenían la señal de Dios en sus frentes y él exclamó: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”.


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